Romper el hilo

Lunes 07 de Diciembre de 2015
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genealogia

Reflexión personal sobre el significado, uso y omisión de la genealogía como método para la historia

Descubrí las razones por las que me asquea la idea de comer perro o ratón leyendo el Levítico. El Levítico es uno de los libros más olvidados de la Biblia, al menos para los que nos dedicamos al arte y nos perdemos en el sacro libro entre la iconografía que hay entre el Génesis y el Apocalipsis. Yo decidí leerlo porque alguien me dijo que te partes, y eso es bastante cierto. Aunque esta historia no tenga mucho que ver con el concepto de genealogía, en realidad tiene mucho de simbólico, y me ha evitado empezar el artículo haciendo meta-escritura, o una genealogía de la genealogía, aunque probablemente todo este artículo ya lo sea. El caso es que leyendo el Levítico, el viejo libro de leyes judeo-cristianas, uno descubre que nuestro asco o desaprobación irracional hacia ciertas prácticas proviene de un espejismo cultural, un ideal gestado durante demasiados años, y que sin que nos hayamos dado cuenta se ha legitimado indiscutiblemente en nuestro imaginario de “lo aceptable”. Ese ideal ha llegado a nuestras vidas –aunque lo neguemos– a través de dos vectores básicos: los valores morales y el devenir histórico, vis-a-vis tiempo lineal. Puede que haya religión de por medio…

Nietzsche desarrolló con espíritu de destruir las convenciones que enfermaban nuestra cultura, un método de hacer historia que atacase este legado, un uso genealógico de la Historia que respondió de manera muy eficiente al aparato crítico necesario para desbancar nuestros intrínsecos valores morales.

A nivel metodológico, para establecer una diferencia entre hacer genealogía y hacer Historia, –siendo la primera un método de la segunda y la segunda una falsa generalización occidental que presupone los sucesos en una línea que, muy importante, no sabemos si va a llegar a un fin–, voy a usar un extremadamente vago ejemplo que en Rayuela hace Horacio Oliveira:

“Historia de las tijeras para uñas, dos mil libros para adquirir la certidumbre de que hasta 1675 no se menciona este adminículo. De golpe en Maguncia alguien estampa la imagen de una señora cortándose una uña. No es exactamente un par de tijeras, pero se le parece. En el siglo XVIII un tal Philip Mc Kinney patenta en Baltimore las primeras tijeras con resorte: problema resuelto, los dedos pueden presionar de lleno para cortar las uñas de los pies, increíblemente córneas, y la tijera vuelve a abrirse automáticamente. Quinientas fichas, un año de trabajo”.

Explicar el nacimiento de las tijeras para uñas de un modo genealógico supondría revisar la lógica humana detrás de la necesidad de utilizar tal herramienta, y del entramado social presente cada vez que es utilizada con normalidad hoy en día. Ejercer esta tarea de manera crítica es elaborar una de las diferentes maneras de interpretar el tiempo, y a través de ella, invertir nuestros valores, que están bastante asentados y cómodos entre nosotros, y que, no nos olvidemos, se presentan más validos que los de los demás.

Nietzsche concibió un uso genealógico de la Historia como acción previa de análisis de todas las prácticas y creencias que se compondrían como idealismo ante lo que tiene que ser una perspectiva crítica que nos permita revisar y comprender el alcance de tales valores. La genealogía conformó el modo más eficiente de perseguir los parámetros críticos contra lo más arraigado que existe en la sociedad occidental: la moral. Por ejemplo, analizando el surgimiento y desarrollo de caracteres del lenguaje o el establecimiento de la tradición jurídica, Nietzsche hace referencia a una cultura subalterna generalmente no tomada en cuenta u olvidada, impotente frente a lo que se ha erigido como sistema válido de la moral. Para ello es necesario revisar nuestra metodología en cuanto a los estudios culturales y antropológicos, para evitar dar una descripción lineal de hechos y alcanzar todo el entramado de relaciones y posibilidades que han organizado la coyuntura del presente. En cualquier caso, vemos que hacer genealogía envuelve un trabajo histórico, lingüístico y psicológico, algo que tiene como trasfondo el devenir de la lógica humana.

Pues eso, ya sabemos todos que si la misma mentira te la repites cien veces puedes llegar a creértela como cierta, miles de años de repetición han tenido su cometido. Si ahora queremos deshacer toda esa madeja tremenda hay que dejar de seguir el hilo, cortarlo, o ponerlo contra sus propias cuerdas con el fin de evitar el modo único de interpretación del mundo. Entonces para diagnosticar el presente, mirar de manera crítica aquellas cosas que hemos identificado naturalizadas pero que a algunos ya nos incomodan, hay que analizar el pasado de una manera contraria al patrón del que formaba parte la mentira.

Risuela

Nací, crecí y ahora me reproduzco textualmente. Redactora de la sección Cultura.