Los ecos de Vistalegre I sacuden la II Asamblea Ciudadana Estatal de Podemos

Viernes 10 de Febrero de 2017
Comparte y dispara Facebook Twitter

La heterogeneidad, pluralidad y las diferentes sensibilidades tanto de trayectorias como de identidades políticas son una manifestación obvia dentro del complejo cosmos que es Podemos. Es un reflejo de la capacidad de atracción y de la potencia política que ha sido capaz de articular.

Estamos ante la mejor herramienta política (que no la única) que hemos sabido construir hasta la fecha en España con el objetivo de abordar un proceso de transformación y de cambio. Una herramienta para luchar por revertir los proyectos austericidas en Europa capitaneados por Berlín y Washington, que afectan a la inmensa mayoría del pueblo, y para conquistar una mayor soberanía nacional y popular que permita una expansión en un sentido democrático; mediante la construcción de un sujeto político nacional-popular que en el caso concreto del Estado español sería “plurinacional-popular”. Además incorpora (muchas veces de una manera aún parcial e insuficiente) la lucha contra desigualdades estructurales como la lucha feminista, de migrantes, de diversidad funcional, etc. o un modelo medioambientalmente sostenible. Esto sería una manera de sintetizar la frase de “nuestro objetivo es mejorar la vida de la gente”.

Una necesaria deliberación política colectiva eclipsada por el ruido

Sin embargo, las lógicas de los debates (o más bien enfrentamientos) de Vistalegre II están explicitando muchos de los límites y errores, algunos de ellos de importante gravedad, que derivan de la famosa construcción de la “máquina de guerra electoral” de Vistalegre I en el plano organizativo. Lo que debería estar siendo un rico y (¿por qué no?) apasionado debate de ideas políticas sobre la hoja de ruta que tiene que adoptar Podemos en este nuevo ciclo como eje central de Vistalegre II, se ve sepultado por toda una competición destructiva de corte telenovelesco, de acusaciones personales (e incluso difamaciones conspiranoicas) cargadas de dramatismo y movimientos internos de toma de poder burocrático (véase el caso “Jaque Pastor”). Todo englobado en una dinámica competitiva interna, en clave madrileña y centralizada.

Estas prácticas impiden el establecimiento de un marco de relación fraternal en la esperable discrepancia ideológico-política que puede existir sobre las tareas y fijaciones que debe adoptar Podemos en el nuevo ciclo para conseguir los objetivos planteados en el párrafo anterior: cómo construir ese sujeto político y el bloque social, cómo ganar las elecciones al PP en 2020 (o cuando sean), qué trabajo con la sociedad civil y los movimientos sociales y para qué, cómo y por dónde ampliar el espectro del proyecto del cambio, alianzas, marginalidad vs posibilismo oportunista, etc.

La existencia de estos debates políticos y la elección por parte de los inscritos y las inscritas es algo positivo que hay que preservar, cuidar y mejorar. Es uno de los elementos que hace diferente a Podemos frente a los partidos al servicio de los intereses oligárquicos y que permite que distintas sensibilidades políticas puedan sentir ese espacio como propio. Se trata de una cuestión útil para los intereses políticos y organizativos de una organización transformadora pos15M pero es que además forma parte de una base de principios democrática imprescindible.

Es innegable que estos debates están existiendo y que el documento político ganador que surja va a ser crucial para el devenir Podemos ya que cada documento plantea un camino para Podemos diferente y que no nos llevará al mismo lugar. El problema es cuando el centro del debate no se sitúa en este terreno como está ocurriendo hoy, sino en el terreno de enfrentamientos impropios de lo que debería ser la resolución de contradicciones en el seno de los amigos y las amigas, de los aliados y las aliadas, de los compañeros y las compañeras y que erosiona profundamente el proyecto. No es lo mismo el debate apasionado (e incluso acalorado por lo que hay en juego) de ideas políticas que el espectáculo de los últimos meses, agudizado en las últimas semanas.

Desde los límites de un artículo, pretendo identificar un par de variables que influyen en estas desviaciones que son de corte estructural y, en buena parte, son una herencia del primer Vistalegre en 2014: las derivas burocratistas y la construcción del enemigo interno. Por supuesto que hay prácticas de corrientes-familias y de ciertos individuos en Podemos que tienen una carga de responsabilidad; incluso cada uno/a podríamos identificar la que pensamos que tiene una responsabilidad cuantitativa y/o cualitativa mayor. Casualmente, coincidirá con la que uno/a no se identifica tanto. Por lo tanto, abordarlo desde ahí sería estéril si lo que se busca es identificar estos problemas para subsanarlos ya que continuaría la espiral de enfrentamiento más allá de que existan y que algunas de ellas son tremendamente irresponsables y destructivas. En una entrevista en el Confidencial, César Rendueles lo plasma de la siguiente manera: “por eso no me creo demasiado las interpretaciones personalistas de la crisis orgánica de Podemos. Me parece que cometen lo que los psicólogos llaman un error fundamental de atribución, es decir, achacan a características personales lo que en realidad es un problema estructural.”

Císcar

Derivas burocratistas

Hay que partir de una premisa inicial: en el desarrollo de una organización política aunque se quiera construir como partido-movimiento, la creación de un aparato resulta absolutamente indispensable, así como la aparición de “liberados y liberadas”. La creciente influencia electoral y social que ha ido teniendo Podemos hace inevitable el crecimiento de esa estructura profesionalizada, liberada de tiempo y puesta al servicio de la organización por razones de eficiencia, además de los cargos públicos. Ciertos elementos de burocracia siempre son necesarios e incluso algunos de ellos pueden tener un efecto democratizador, que no es lo mismo que el burocratismo.

Esta necesidad previa contiene riesgos que pueden implicar derivas burocratistas: estas estructuras puede que acaben definiendo casi en exclusiva la política de la organización y, a nivel estatal, esto está siendo así salvo por referendos de corte plebiscitario puntuales. Dentro de las experiencias más heterogéneas en los territorios, esto también ha ocurrido en muchos de ellos y en demasiadas ocasiones se han producido enormes conflictos entre círculos y Consejos Ciudadanos.

En el plano institucional hay que tomar decisiones a diario sobre numerosas cuestiones políticas sobre las que otros órganos del partido tienen pocas posibilidades de deliberar o votar; y así tiene que ser para poder ser una herramienta de intervención política. La dedicación y la posición de los cargos públicos y de los y las “profesionales” les sitúan además en condiciones de analizar, documentar y argumentar de forma mucho más cualificada que el resto de la organización y de este modo facilita la capacidad persuasiva de sus opiniones por el mayor tiempo dedicado de reflexión y la información manejada. Esta tendencia no tiene por qué ser un problema si se establecen contrapesos o medidas que amplíen la capacidad de intervención de los círculos e inscritos en la cotidianidad del partido.

El modelo organizativo que emana de Vistalegre I generó una estructura muy vertical con un gran poder concentrado, como ha señalado el mismo Pablo Iglesias en su documento político, en la Secretaría General, la Secretaría Política y la Secretaría de Organización. Esto ha derivado en que las corrientes que quieran hacerse con la organización, aunque sea para desarrollar su proyecto político, hayan desarrollado sus propios aparatos internos al servicio de su parte y no siempre del total. Y que las batallas por la disputas de poder tengan una primacía excesiva en el modelo de primarias interna de Podemos, sobre todo a raíz de la falta de cohesión del grupo dirigente inicial. Una situación que avejenta a Podemos a un ritmo frenético y nos encierra a hablar de un nosotros mismos permanente que nos impide hablar de los problemas sociales e interpelar a nuestro pueblo. Ahora mismo nos encontramos con un choque de aparatos capitaneados por dos personalidades muy potentes, con mucha capacidad de liderazgo y carismáticas, esto es a lo que se refiere Carolina Bescansa con el “choque de trenes”.

Los miembros tanto de los diferentes aparatos del partido como con cargos de representación en las instituciones públicas pueden ir desarrollando la idea implícita de que ellos y ellas son el partido o que los puestos les pertenecen. En el caso de ser así, el grueso de gente inscrita y militante comienza a ser vista como una fuerza que hay que movilizar, sobre todo en momentos electorales y no como los encargados y las encargadas de marcar la línea política en las Asambleas Ciudadanas. Es cierto que en Podemos existen mecanismos como el límite salarial para no tener condiciones de vida muy superiores a los de las clases populares o de limitación temporal en cargos (a los que habría que añadir también a puestos remunerados internos), que son además los que planteaba Marx en sus reflexiones sobre la Comuna de Paris. Pero estos no son suficientes y hay que ahondar en medidas como un límite de presencia de cargos públicos en los Consejos Ciudadanos (como se hizo en Madrid), transparencia en la contratación interna y los criterios de elección, y muchos más.

En esta línea, debemos hacer frente al peligro de que los representantes institucionales se alejen de las bases del partido del partido y monopolicen las decisiones sobre la línea política creando una barrera. Debemos impulsar el debate democrático, potenciar la formación política y dinamizar la vida política, social y cultural del partido. La participación de los miembros de base y la apertura a la sociedad es la medida antiburocrática más efectiva y para ello hay que dotar a la organización de los instrumentos adecuados para que ésta pueda tener un cauce ante un censo de inscritos que dificulta su participación y facilitar los mecanismos de intervención de los círculos con los revocatorios, la capacidad de marcar agenda y de plantear deliberaciones y decisiones a nivel orgánico. Podemos recordar con preocupación cómo la medida de “un cargo interno una persona”, única medida (además de corte antiburocrática) que superó el umbral de Plaza Podemos para ser votada no pudo serlo finalmente por modificaciones ad hoc en los criterios.

El proceso de descentralización en Podemos es necesario y forma parte de un consenso en la organización aunque el problema reside en cómo abordar esta descentralización. Sin entrar en profundidad en esta cuestión, la descentralización del poder no sólo debe ser territorial (que también) poniendo el foco en lo municipal, sino que también tiene que ser de actores: otorgar mayor poder e influencia a los círculos en la toma de decisiones municipal siendo los espacios territoriales que hacen (o deberían hacer) una toma de contacto con el territorio más cercana y privilegiada con capacidad de relacionarse directamente con otros espacios. Si la descentralización territorial no viene acompañada de una apertura democrática a las bases es posible que se generen dinámicas aún más burocráticas.

Una de las paradojas que encontramos en la organización morada es que pese a esas derivas burocratistas señaladas, buena parte de las decisiones que se toman en Podemos se toman en espacios de decisión informales. Es decir, en Podemos faltarían más herramientas de carácter normativo que permitan la emergencia de una mayor cantidad de espacios de toma de decisión formales que limiten la correlación de fuerzas de los distintos aparatos internos existentes y que actualmente compiten entre sí. He ahí la paradoja, para combatir alguna deriva burocratista, hace falta incorporar elementos de burocracia democratizadora. Esto no quiere decir que las disputas de poder de aparato vayan a desaparecer si se acometen estas medidas, pero lo fundamental es mitigarlas dotando de más herramientas a los y las de abajo.

El enemigo interno

Aunque pueda parecer que la lógica del enemigo interno es una cuestión reciente de Vistalegre II por el conflicto entre “pablistas” y “errejonistas”, se trata de una práctica que lleva operando en Podemos desde unos meses antes de la Asamblea Ciudadana Estatal fundacional en 2014. En ese caso, el enemigo interno era Izquierda Anticapitalista, al que se intentó construir como un ente abstracto portador de todos los males internos de Podemos. Un ente que si alcanzaba cuotas de poder podía significar la destrucción del proyecto.

Se instauró un marco competitivo por encima de otros que bien podrían haber sido complementarios como marcos de cooperación y búsqueda de consenso. A su vez, empezó a emerger una línea estratégico-discursiva de tipo populista hacia dentro muy particular, inspirado en elementos de Laclau-Mouffe y de Carl Schmitt, para construir una articulación discursiva agonista que generaba por un lado un “nosotros” agregador que se podría denominar “un Podemos ganador” que abarcaba el universo Claro que Podemos (equipo que aglutinaba a los y las que serían el núcleo dirigente de Podemos) y que tenía enfrente a un “ellos” que sería una “izquierda marginal e identitaria” que estaría representada por Izquierda Anticapitalista. Todo este entramado discursivo venía a señalar que el sector anticapitalista iba a destruir Podemos si ganaba. Ese relato caló en parte de las bases de la organización, especialmente en Madrid. En general la estrategia consistía en discutir con ese ente que era la “izquierda marginal e identidaria”, al cual se le solían atribuir afirmaciones caricaturescas y/o reduccionistas para rebatirlas y construir el relato deseado. Llego esta idea del enemigo interno hasta el punto de incorporar, ad hoc y a última hora, la prohibición de la doble militancia en los Consejos Ciudadanos en el reglamento interno de la organización.

También valía para IU y ahora se ha incorporado a ese “ellos” que se va ensanchando por parte de la corriente de Íñigo Errejón, al entorno de Pablo Iglesias y especialmente al nuevo equipo del que se rodea, una vez se ha producido la escisión del equipo dirigente. Como vemos, ese “ellos” no se ha visto modificado aunque sí los actores que lo componen. El ejemplo más paradigmático de esa lógica es el artículo que escribió Luis Alegre en eldiario.es que acusa a “la camarilla” de Pablo Iglesias de querer “parasitar y destruir Podemos”.

Sería injusto no señalar que también existe una construcción más reciente de enemigo interno hacia el errejonismo. Ésta reviste tintes más clásicos de otras experiencias históricas. Las acusaciones son en el sentido de tildar a esta corriente de “traidora” (alguna pintada en la calle inclusive) por acercarse al PSOE, de promover que Podemos sea un PSOE 2.0. e incluso llega hasta el nivel de “ser un agente de intervención interno de los poderes fácticos”. Las construcciones anteriores no vienen de los entornos más cercanos a Pablo Iglesias pero sí de muchas de las personas que se identifican con él o le siguen. De los entornos más cercanos a Iglesias vino la asociación entre el errejonismo y la apuesta de Prisa por sus posiciones.

La práctica del enemigo interno, en el seno de un partido que debe aglutinar a tantas sensibilidades distintas y tender hacia la conformación de un espacio plural que dé cabida a todas ellas a nivel orgánico, debe ser desterrada. Forma parte de una de las peores herencias de Vistalegre I que arrastramos, que más daño nos está haciendo y que limita el potencial de la herramienta de transformación que es Podemos. La lógica del enemigo interno casa con el modelo organizativo de Vistalegre I que fomentaba la eliminación de la diferencia para instaurar la eficacia vertical y un modelo que fomenta la competición interna. Sobre todo porque estas prácticas han sido reproducidas con mucha virulencia de arriba hacia abajo en multitud de círculos y por diferentes cuadros medios de la organización, lo que ha derivado en que emerjan elementos de sectarismo que hay que erradicar con carácter de urgencia.

El equipo que salga ganador de Vistalegre II va a tener una tarea inmensa por delante. En primer lugar porque antes de empezar a desplegar su proyecto político y organizativo, va a tener que recomponer las fuerzas de la organización y adoptar un papel protagonista en el cierre de las heridas más importantes que se han ido produciendo a lo largo de este año (aunque aquí la labor es colectiva). Muchas de ellas serán difícilmente curables. Aparte, tendrá el objetivo de eliminar el mayor número de trazas existentes del modelo organizativo fundacional del que nos dotamos en su día, no sólo por una cuestión democrática, sino que también para garantizar la viabilidad del proyecto en términos de pluralidad, de sentimiento de pertenencia colectivo y de hacer una herramienta útil para transformar la sociedad civil. Tenemos que conseguir en el futuro aupar el debate de ideas políticas al papel protagónico que le corresponde en un clima de respeto y de compañerismo político, con unos tiempos que permitan a los círculos y a las bases en general contribuir de manera significativa en ella deliberación y el diseño de las futuras hojas de ruta para que no se repita el modelo de Asamblea Ciudadana que hemos vivido, por muy crucial que sea el devenir de la decisión que se adopte. De esta manera, seguramente, seamos capaces de diseñar hojas de rutas política mejores y más profundas, más revestidas de matices de carácter no-antagónicos. En Podemos falta mucha gente y no sobra nadie.