España, más afectada por el Brexit que en lo económico

Sábado 25 de Junio de 2016
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Brexit - Inglaterra

El 24 de Junio del 2016, se celebró en Reino Unido el Brexit, un referéndum que tenía como opciones la separación del país de la Unión Europea o la continuación del mismo como miembro. Al final del día, con un 51’9% de los votos, se comunicó la decisión que había tomado la población: había optado por abandonar la Unión. Esto ya ha supuesto múltiples llamadas telefónicas entre líderes europeos, así como de trabajadores originarios de diferentes países de la UE que se encuentran afincados en el país británico, y de estudiantes en la misma situación.

Dos cuestiones son clave a la hora de abordar el referéndum histórico que se ha desarrollado hoy en Reino Unido: el cuestionamiento de la información proporcionada y el cuestionamiento de la democracia. El período pre-referéndum ha contado con el posicionamiento y participación no sólo de los partidos políticos de la isla, sino que tanto los Gobiernos, como partidos de la oposición, como celebridades mundialmente conocidas se han manifestado a lo largo del globo sobre el acontecimiento. No ha habido mayorías claras en ningún momento; las encuestas variaron casi constantemente proporcionando sucesivamente la victoria al “Leave” y al “Remain”. Sin embargo, en los actos y comunicados proporcionados por los diferentes actores no se ha dado una información relevante y clara a los electores; no se han puesto sobre la mesa las incertidumbres a las que se embarcaba Reino Unido de ganar la salida de la Unión Europea —tanto a nivel económico como social y político—, ni se ha hecho hincapié en las causas que han llevado a la convocatoria de dicho referéndum. Se desarrollado una política que, desde la crisis del 2007, ha imperado en Europa: los discursos basados en las emociones —visible en los nuevos movimientos populistas que han surgido en diferentes países y la transformación de partidos ya existentes que se han transformado en este tipo de movimiento—. Este tipo de política provoca una mayor movilización de la población al apelar a los sentimientos, con lo que, normalmente, aumenta también la participación; sin embargo, se dejan de lado los objetivos claros, las ideas que mueven a los dirigentes políticos y las medidas que se tomarán. Además, a causa también de dicha crisis, han aumentado las ideologías extremistas en el territorio, mayormente las de un corte más conservador, que basan su proyecto político en el odio y culpabilización al extranjero. Esto se ha visto reflejado en el referéndum, demostrándose como principal motivo de la votación a favor de la salida de la Unión Europea la garantía de control sobre la inmigración y las fronteras, mientras que el factor económico, es decir, proteger la buena posición financiera de Reino Unido, es la mayor preocupación para los defensores del país como miembros de la UE. El mensaje xenófobo que ha resurgido en Europa a partir de la crisis económica y de refugiados, incentivado por el miedo, ha tenido un gran papel en el Brexit y, visto desde la perspectiva que se ha enfrentado anteriormente entre las dos políticas desarrolladas —aquella que apelaba al sentimiento, en este caso la xenofobia, y la contraria que apelaba a un argumento racional, el económico— se podía ver el gran empuje que tenía la xenofobia y la salida del Reino Unido de la Comunidad.

También se han visto en el proceso dos votos muy diferenciados en lo referente a la edad: el de los jóvenes, que apoyaban la permanencia en la Unión, y el de los mayores de 50 años, que buscan la revitalización del Gran Imperio Británico. Esto ha llevado, una vez más, al cuestionamiento al que se enfrenta siempre la democracia: el voto igual, el lema que tanto fue aclamado en el pasado “un hombre, un voto”. Ha habido multitud de críticas tanto en lo referente al carácter racista de la elección como a la diferencia generacional, éste último basado en la esperanza de vida. La democracia se ha puesto en jaque por el hecho de que el voto de una persona con 70 años, a la que le quedan, por norma general, 20 años por convivir con las medidas que derivan de su voto, valga lo mismo que aquella con 25 a la que le esperan, aproximadamente, 75 de vida. El mismo cuestionamiento que se ha hecho tantas veces a este tipo de régimen político con los estudios que, por supuesto, también se ha criticado al haber sido el voto de personas tituladas universitarias mayoritariamente a favor de la permanencia en la UE, frente a aquellos de estudios inferiores que se han decantado por la independencia de la Unión. Esta crítica a la democracia que sigue viva hoy en día y que no se renueva, parece que cuenta cada vez con más seguidores. Pero lo más sangrante de ésto es que sus defensores son siempre aquellos con estudios superiores altos, que se ponen a sí mismos en un pedestal precisamente por esos estudios e ingresos, y que deciden el modo en el que establecerían ese supuesto “sufragio censitario justo”.

Sin embargo, en España, este tema ha ido más allá de la mano de los Secretarios Generales del PSOE, PP y Ciudadanos. Pedro Sánchez ha declarado hoy en la SER “Los referendos trasladan a la ciudadanía problemas que tienen que solucionar los políticos”, Mariano Rajoy, por su parte, en la COPE se ha pronunciado de la siguiente manera: “Los referéndums sólo se deben usar en circunstancias excepcionales. No se puede dejar las decisiones difíciles a la gente”. Albert Rivera no ha querido quedarse más lejos y, en el Twitter oficial de Ciudadanos, se ha compartido el mensaje del Secretario General: “El Sr.Cameron y los conservadores británicos han cometido una irresponsabilidad convocando este referéndum”. A pesar de ser el referéndum convocado por David Cameron más una estrategia electoral que un verdadero intento por establecer una democracia directa en el país, las declaraciones de los Secretarios Generales plantean una pregunta clave y dolorosa en pleno Siglo XXI, y es que ¿cómo puede considerarse el hecho de ejercer la soberanía el pueblo, el único que detenta el poder soberano en una democracia, una “irresponsabilidad”, un “error” o una “circunstancia excepcional”? ¿Hemos entendido realmente lo que significa democracia? ¿Hasta qué punto hemos interiorizado la democracia representativa que, ahora, la participación ciudadana en la política es considerado como algo que es mejor evitar? La misma crítica y rabia que hizo surgir el 15M hace ya cinco años sigue presente en el territorio en las figuras de tres de los cuatro partidos más relevantes a nivel estatal; no ha parecido calar el reclamo que se hacía eco en la Puerta del Sol, en la que miles de Españoles reclamaban “democracia real ya”, haciendo referencia al tipo de participación que se ha desarrollado hoy en Reino Unido: una democracia participativa, y no representativa, en la que los partidos políticos no tengan miedo y rechazo a hacer a la ciudadanía partícipe de la decisión política.