El ocaso del líder

Jueves 02 de Febrero de 2017
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Pablo Iglesias
Foto: Leyre Pérez González

Si los lectores no se habían dado cuenta porque estuvieran viviendo en otro planeta o desconectados de cualquier medio audiovisual o comunicativo, en Podemos están en pie de guerra en una partida de personajes e intrigas. Distintas posiciones están disputándose el liderazgo de la formación que, hasta este momento, aparentaba una cierta estabilidad interna de cara al público, al menos de fachada. La ilusión de la ‘gran casa morada’ se ha roto y, como en esos programas sobre espectáculos de magia, se han revelado a la gran audiencia los trucos internos del show de la ‘nueva política’. ‘Pablistas’, ‘errejonistas’ y ‘anticapitalistas’ han mostrado sus cartas, estrategias y caras públicas –destituciones mediante- en cada uno de los últimos procesos selectivos. La última vez hace unos días en la decisión sobre el funcionamiento de su próximo cónclave orgánico que tendrá lugar en Febrero.

Durante el enfrentamiento entre las distintas familias reformistas dentro de Podemos, el liderazgo de Pablo Iglesias parecía no ser cuestionado. De esta manera el llamado sector ‘pablista’ apostó por la vinculación de los documentos estratégicos a las listas y nombres que debían llevarlos a cabo; en el otro extremo, Iñigo Errejón apostó por un funcionamiento orgánico en Vistalegre que desvinculara las decisiones estratégicas del rumbo del partido de las personas que tendrían que dirigir el mismo, dentro de un supuesto no cuestionamiento de la figura de Pablo Iglesias como Secretario General. La reciente victoria por la mínima de la opción de Iglesias puede haber despejado la cuestión del liderazgo desde un punto de vista procedimental pero un análisis del mismo hacia el exterior del partido muestra que este candidato no es respaldado socialmente. Aún así, por las declaraciones de algunas de las personas de peso en el sector de Pablo Iglesias y de figuras clave de la dirección política de Podemos, pareciera que la figura del Secretario General necesitara ser defendida como elemento central incuestionable. Estas posiciones y las diversas campañas en las redes sociales entre los distintos sectores han evidenciado un posible funcionamiento interno regido principalmente por el principio de las lealtades personales antes que por cualquier estrategia política. La protección a ultranza de uno de los líderes más ‘quemados’ –si se permite un lenguaje coloquial- del panorama nacional es uno de los elementos que permiten confirmar esta hipótesis.

Los datos lo muestran y un análisis riguroso lo demuestra. Estudiando los distintos barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), se puede ver como Pablo Iglesias es constantemente situado en penúltima posición en relación a la valoración de líderes. Desde su inclusión como variable a analizar a lo largo del pasado año su valoración no ha llegado nunca a alcanzar una media de 4 –en relación a una escala de 0 a 10 en la encuesta del CIS. En el barómetro del CIS de Abril de 2016 su valoración se situó en el punto más bajo con una media de 3,16 –en un momento en el que Mariano Rajoy se situaba en el 2,89, Pedro Sánchez en el 3,74, Albert Rivera en el 3,99 y Alberto Garzón en el 4,69. El año no evolucionó mejor para éste, la valoración del líder de Podemos en los últimos meses según el CIS se mantenía en un 3,22 de media. Valoraciones que muestran la mala percepción que los ciudadanos tienen del mismo, aunque es necesario señalar que el líder no es una de las principales causa de inclinación del voto –por lo menos entre la izquierda- si se tiene en cuenta el mismo estudio postelectoral del Centro –aunque también es cierto que este candidato no ha sido nunca una de la opciones preferidas para presidir el país como mostraba la encuesta de SIGMADOS para las Elecciones Generales de 2015. Otras encuestas realizadas por empresas de estudios mercado privadas como Metroscopia en Abril del pasado año también han situado a Pablo Iglesias en una situación negativa respecto a la valoración teniendo el segundo peor saldo evaluativo negativo (-38 puntos), de nuevo después de Mariano Rajoy (-49 puntos), llegando incluso a tener el peor resultado de saldo positivo en la valoración entre sus propios votantes –únicamente un +37 cuando otros líderes como Pedro Sánchez, aún con un cuestionamiento interno elevado, se situaba en ese momento en un +50 entre los votantes del PSOE.

Un elemento significativo, en comparación con lo anterior, es que en el momento previo a la negociaciones para formar gobierno en Enero de 2016 la valoración del Secretario General de la formación morada cruzada con el recuerdo de voto en las elecciones de Diciembre de 2015 lo situaba en la posición más elevada entre sus propios votantes de entre todos los líderes, con una media de 7,54 puntos. El desgaste de las negociaciones se aprecia en el descenso de esta puntuación hasta el 6,63 entre los votantes de Unidos Podemos en Octubre de 2016 –estando por ejemplo otro de los rostros visibles de esta confluencia, Alberto Garzón, situado en el 7,03 entre estos mismos votantes. Algunos situarían aquí el inicio del cuestionamiento interno por acciones y no por actitudes.

A pesar de la escasa relación que podría atribuirse a la vinculación entre la valoración del líder y el voto, sí debería ser considerado como significativo el perfil de los votantes que mayoritariamente votan a unos partidos y la valoración que para estos tienen líderes políticos como Pablo Iglesias. Y aún más significativo, el perfil de los votantes a los que Podemos dice pretender llegar y la valoración que estos tienen de su cara más visible y del proyecto. Si se analiza el Postelectoral de las Elecciones Generales de 2016 del CIS, los cruces por escala ideológica permiten analizar el perfil de los votantes de las distintas formaciones y las valoraciones que estos tienen de Podemos y de un líder como Pablo Iglesias. Éste sólo aprueba entre los votantes que se sitúan en posiciones que van del 1 al 3 –en una escala donde 1 es izquierda y 10 es derecha. En los votantes que se sitúan en la escala en la posición 3 obtiene un aprobado mínimo con una media de 5,07 de valoración y a partir de la posición 4 se mantiene un suspenso en la valoración con una media peor según se avanza hacia la derecha del espectro ideológico. En el preelectoral del CIS de ese mismo año suspendía con una media de 4,97 para los votantes que se situaban en la posición 3 de la escala ideológica.

Esto no sería especialmente significativo, es sabido que los votantes situados en posiciones de centro-derecha y derecha suspenden y valoran negativamente al líder de Podemos, pero es necesario señalar dos elementos fundamentales de peso: primero, otros líderes de izquierdas sacan mejor valoración en posiciones más ‘centradas’ –reconociendo que algunas de estas posiciones de ‘centro’ se comportan como categorías refugio para los encuestados. Por ejemplo, Alberto Garzón obtiene mejor puntuación que Iglesias entre electores que se sitúan entre el 4 y el 6 –manteniendo incluso una media de 5,22 en la posición 4 donde Iglesias únicamente obtenía un 4 de media. Pedro Sánchez también obtiene mejores resultados en esta franja ‘central’ aunque sus posiciones tienden a empeorar en el recorrido hacia ambos lados del espectro ideológico. Aún así, el líder socialista supera las puntuaciones de Pablo Iglesias en esas posiciones, teniendo una media de 5,18 en la posición 4 y de 4,12 en la posición 5 en lugar del escaso 2,94 de Iglesias en esta misma posición.

El segundo elemento a señalar responde a la ubicación en la escala de los votantes principales de los partidos. Los votantes de Podemos en las últimas elecciones se autoubicaban mayoritariamente en la escala ideológica en las posiciones 1 a 3 y los votantes del PSOE se colocaban en las posiciones 3 y 4 –aunque también existía un porcentaje de votos significativos en la posición 5. Además, en las posiciones 1, 3, 4 y 5 se sitúan aquellos electores que afirman en un mayor porcentaje que ‘con toda seguridad no votarían nunca’ a Podemos. Esto indica que si la estrategia de la formación morada es atraer a votantes del PSOE, su líder no está ni de lejos bien valorado por aquellos votantes socialistas que se autoubican en posiciones de 3, 4 y 5, donde Pablo Iglesias suspende o aprueba muy justo en valoración política. A esto se debe unir que en esas mismas posiciones el electorado es más proclive a no votar a Podemos. De esta manera, tenemos un sector del electorado proclive a votar al PSOE que valora negativamente al líder morado y que afirma que no votaría a Podemos. Por lo tanto se puede deducir que tanto la idea de la transversalidad ‘errejonista’ como la estrategia del ‘pablismo’ en la formación morada quedan hundidas de partida, por un lado, por su incapacidad de llevarse ese voto ideológico a ambos lados del espectro de la izquierda y el centro-izquierda –recordemos también que las posiciones más a la izquierda (ubicación 1 en la escala) también es donde se sitúa un 22,6% que rechaza votar a Podemos y que en gran parte ya lo demostraron en Junio de 2016- y, por otro, por el lastre que supone la pésima valoración de su líder, especialmente en las posiciones donde el PSOE, ahora supuestamente hundido, sacaba mejores resultados. En las posiciones ideológicas 3 y 4 es donde el PSOE ha tenido en las últimas elecciones su mayor número de votos y es en estas mismas desde donde Pablo Iglesias empieza a tener las peores valoraciones.

Así, el mantenimiento del líder con una estrategia menos transversal no augura buenos resultados dado que en la escala ideológica la confluencia estrategias-líder tiene pérdidas hacia dos lados del espectro de la izquierda, especialmente entre los sectores más moderados y que han preferido en las últimas elecciones al PSOE, y el mantenimiento del líder con una estrategia de estilo “errejonista” –que no sabemos si será capaz de imponerse en Vistalegre II por su propia debilidad interna a la luz de los últimos procesos internos en la formación- tampoco tendría que dar buen resultado porque los sectores ‘que faltan’ no sienten simpatía por un Iglesias ‘quemado’ y poco valorado y existe la posibilidad de perder a los sectores más situados a la izquierda contrarios a una estrategia que se ve más moderada sin ser capaces al mismo tiempo de llegar a esos sectores de ‘centro-izquierda’ que ya han declarado que no votarían a Podemos. Por lo tanto, la evolución de Podemos en el futuro no será gracias a su líder carismático ni a las estrategias ‘pablistas’, ‘errejonistas’ o ‘anticapitalistas’ decididas, será a pesar de éstas por una inercia que algún día acabará definitivamente.