Occidentales que hacen carrera en Palestina para luego abandonarnos

Martes 13 de Diciembre de 2016
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FOTO: MOHANNAD DARABEE, NABI SALEH, 28 ABRIL 2015

Publicado originalmente en Middle East Eye. Traducción al castellano de Dispara Mag.

Estos días hay muchos menos internacionales en las calles de Ramallah en comparación con el influjo de extranjeros, principalmente periodistas, que vinieron el pasado octubre durante la escalada de violencia.

No somos dignos de mención estos días”, bromea una amiga. Las dos soltamos una carcajada cínica.

Nuestra observación, sin embargo, también provoca una reflexión sobre periodistas internacionales. Después de años trabajando con ellos, el hecho de que muchos escritores novatos que nos visitan han construido sus carreras tras cubrir el entorno palestino se merece una crítica necesaria.

Creo que, como palestinas, nuestro resentimiento hacia estos periodistas no es solo válido, sino inevitable en una esfera en la que nuestras voces son inferiorizadas y nuestra causa usada por individualidades como herramienta para engrandecer sus agendas personales.

Oportunistas usando los esfuerzos de grupos de resistencia para su propio beneficio no es un fenómeno contemporáneo. Ya sea por reconocimiento, capital político, o beneficio, las desafiantes voces de comunidades marginalizadas invitan a un abuso maquiavélico por parte de oportunistas.

En Palestina, esto es evidente en el arribismo de activistas internacionales pro-Palestina y, de manera más insidiosa, el oportunismo de aquellos que dan sus primeros pasos en el análisis político y el periodismo.

Observaciones sobre el terreno

En una época de creciente tecnología y difusión de los medios de comunicación, las voces locales del Sur Global están más embarradas que nunca. En Palestina, nuestras voces a menudo son escuchadas pero solo cuando sufrimos o durante alborotos violentos.

A pesar de la habilidad de individualidades locales de producir informes bien matizados, somos sin embargo reducidas a referencias glosadas. He propuesto historias sobre la región que fueron rechazadas solo para encontrarme con que un periodista internacional ha sido asignado para cubrir ese mismo tema.

Parece que los medios no están interesados en nuestras voces profesionales a menudo bajo el absurdo pretexto de promover la objetividad.

Por contra, nuestras opiniones son cuidadosamente organizadas en extractos y citas descontextualizadas para el uso de periodistas internacionales construyendo su percepción sobre la región. En su aparentemente inocente cobertura de la cuestión palestina, también construyen su currículum como reporteros de conflicto.

En una ocasión conocí a cinco aspirantes a periodista de los Estados Unidos y Europa en solo una semana. Aunque cada cual tenía una procedencia diferente y diversa, parecían tener una cosa en común: Palestina. Era su primer intento de cubrir noticias internacionales desde un lugar que continúa cosechando la atención internacional.

Resulta llamativo que un notable número de palestinos anglo-parlantes involucrados en el ámbito de la política palestina y el activismo han tenido algún tipo de encuentro con periodistas internacionales. Hemos hecho de traductores, fixers, editores y entrevistados para sus historias, a menudo sin el debido crédito.

Nosotras, las palestinas, hemos usado nuestra credibilidad entre comunidades locales para respaldar el trabajo de escritores, analistas y reporteros.

Debido a esta proximidad, a lo largo de los años, nuestro desencanto con estos periodistas visitantes se multiplica y nuestro resentimiento aumenta. No es poco común escuchar la palabra ajanib (literalmente traducidad a extranjeros) usada de manera peyorativa al hablar sobre periodistas internacionales.

No es suficiente que nuestra narrativa esté siendo saboteada y apropiada por una potencia colonial, a esto también tenemos que añadirle la monopolización de nuestro infortunio por parte de ambiciosos novatos extranjeros.

Palestina como primer paso

Parece que mientras los esfuerzos de resistencia palestina crean una notable impresión –ya sea en la regularmente condenada violencia o mediante esfuerzos no violentos como el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS)– el esfuerzo palestino de marcar nuestra propia narrativa continua estando eclipsado por internacionales que dominan la plataforma.

Bajo escrutinio, queda claro que la referencia a la cuestión palestina está entre las voces de visitantes internacionales o periodistas mientras seguimos languideciendo en nuestra lucha por la autodeterminación y la justicia.

Habiendo dicho esto, concedo que la cobertura internacional de la agitación en el Sur Global es esencial, especialmente considerando la complicidad de Occidente con sus historial imperialista y colonialista. Hay, sin embargo, un elemento siniestro en la bruta instrumentalización de nuestra causa como primer paso para construir la buena fe de periodistas en este competitivo sector.
Desafortunadamente, Palestina les ha provisto de valiosa credibilidad que valida su integridad periodística cuando cubren otros lugares en la región. Su nombre, como autores creíbles e informados, analistas o comentaristas, es directamente asociado con Palestina.

Es como si, a través de Palestina, se aseguran unas credenciales para construir su narrativa de otros lugares pisoteados. De manera peligrosa e insidiosa, la explotación comienza a trascender Palestina para incluir Yemen, Bahrain, Siria y Kashmir entre otros.

Complicidad en todos los aspectos

Aún afirmando todo lo anterior, es importante apuntar que este oportunismo no es un esfuerzo individual. Grupos de solidaridad con Palestina también han asistido en este proceso de explotación. Hay una peligrosa galvanización de periodistas que se venden a sí mismos como convincentes portavoces de la lucha palestina. También hay un peligroso aumento de egocentrismo entre oportunistas que cubren Palestina.

He conocido trabajadores de la construcción norteamericanos que se convirtieron en periodistas y directores independientes solo después de venir a Palestina. El privilegio que poseen les permite entrar a lugares prohibidos para reporteros locales abarcando desde Gaza hasta conferencias gubernamentales israelíes, ayudando así en el esfuerzo colonial de descartar las voces colonizadas.

Mientras que estas voces visitantes son laureadas por grupos internacionales de solidaridad, que les invitan como expertos sobre la región –a menudo favoreciéndoles en detrimento de las voces nativas– nuestro input una vez más se mantiene como “narrativas personales”. Nutriéndose de nuestras historias emocionalmente evocativas, son estos mismos periodistas, en proyectos temporales, quienes sirven como la voz de la razón y análisis “neutral” sobre qué debería hacerse en la región.

El mensaje de este acuerdo implica que para que nuestras palabras tengan peso, requieren el imprimátur de una vez foránea para ‘legitimar’ nuestras necesidades y demandas. Es una estructura que ha abierto oportunidades para que aficionados usen el Sur Global, incluida Palestina, como primer paso en sus incipientes carreras periodísticas.

Reclamando nuestra voz

Es cierto que nuestra lucha, desestimada de forma permanente, necesita más voces internacionales y periodistas vocalizando la búsqueda de justicia y dignidad. Pero debemos distinguir entre palestinos necesitando periodistas extranjeros para amplificar nuestra narrativa y una comunidad internacional que no atañe valor a nuestras voces.

Con el aumento de la agitación en el mundo árabe, se nos despoja de nuestra agencia y nuestros esfuerzos por la justicia son repudiados por los pronosticadores internacionales. Mientras nuestras vidas continúan sirviendo como notas a pie de página de currículums, y las voces internacionales siguen idealizadas, no solo debemos luchar contra la opresión que nos afecta directamente, pero ahora también contra el bruto empleo de nuestro dolor.

Este sistema de explotación acarrea una cooptación problemática y no debe ser solo expuesta sino rechazada. Ha entorpecido nuestros esfuerzos más genuinos por la solidaridad e indirectamente contribuye a la perpetuación de nuestra subyugación. Nuestras voces, como las de aquellas personas cuyo destino se ve directamente afectado, deben ser fuentes primarias, no secundarias.

Foto (Mohannad Darabee): Manifestación en el pueblo palestino de Nabi Saleh el 28 de abril de 2015, después de que esa misma madrugada el ejército israelí demoliera una casa situada entre el pueblo y el checkpoint del ejército.

Mariam Barghouti

Natural de Ramallah, Mariam Barghouti es una comentarista y escritora palestina. Sus artículos han sido publicados en The New York Times, Al-Jazeera (Inglés), Huffington Post, Middle East Monitor, Mondoweiss, International Business Time y más.