¿Dónde están las dibujantes?

Martes 12 de Enero de 2016
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Ilustración de Silvia Bezos
Ilustración de Silvia Bezos

Sumergirte en el imaginario del cómic ofrece una atmósfera muy atractiva: tiene un puntito canalla y adolescente que lo convierte en una expresión artística casi libertaria. Hasta que llega el día en que te paras a reflexionar sobre este universo de viñetas infinitas y descubres que no todo es ni tan mágico ni tan libre como pensabas.

Por su relación con la contracultura se presupone que el mundo del tebeo es un espacio en el que predominan las ideas progresistas, pero aún queda muchísimo por hacer en cuestiones de igualdad. Nada está libre de los oscuros tentáculos del patriarcado. Tanto la representación de la identidad femenina (mucho hay escrito relacionando este tema con los superhéroes), como el número de autoras que acceden al mercado, deja mucho que desear.

Será que no existen historietistas e ilustradoras con trabajos de esos que te ponen los pelos de punta. Parece que mujeres como Marjane Satrapi, Alison Bechdel (sí, la creadora del famoso test Bechdel), Julie Doucet, Phoebe Gloeckner o Rutu Modan (y solo estoy nombrando a las más conocidas) quedan sepultadas, olvidadas, ninguneadas entre décadas de tinta masculina. Porcentualmente siguen sin ser muchas (nunca son muchas) pero, pese a ser invisibilizadas en demasiadas ocasiones, consiguen brillar en un sector tradicionalmente masculinizado aunque los canales oficiales parezcan no asumirlo. No es raro utilizar el falso mito de que los tebeos hechos por mujeres son cursis y sensibleros -como si eso fuera algo malo- para menospreciar el trabajo creativo de un segmento cada vez más amplio de la comunidad comiquera. Incluso, como apunta nuestra ilustradora Silvia Bezos, se nos sigue vinculando con el cuidado, con la maternidad y con la emoción: “Existe una especie de categorización del trabajo en clave de género. Como pasa con la literatura, las mujeres hemos sido relegadas a la ilustración y el cómic infantil”.

Aunque la discriminación y la infrarrepresentación femenina en los circuitos del tebeo y la ilustración no es nada nuevo (existen colectivos, como la Asociación de Autoras de Cómic, que llevan años reivindicando una igualdad real en el sector), la polémica saltó a los medios más mainstream el pasado 5 de enero, cuando se descubrió la lista de nominados al prestigioso Festival de Angulema y, curiosamente, entre esos 30 nombres no aparecía ni una sola mujer. Repito: ni una sola mujer. Maravilloso regalo de reyes, oiga.

Las encargadas de hacer saltar la liebre fueron el Collectif des créatices de bande dessinée contre le sexisme, lanzando un comunicado en el que, además de recordar que la única mujer que se ha llevado el Gran Premio de Angulema en los 43 años que lleva celebrándose ha sido Florence Cestac, llama al boicot a las votaciones y habla, entre otras cosas, de la existencia de un techo de cristal que relega a las mujeres del sector a un segundo plano y del impacto económico-social que tiene un premio de estas características.

Una primera respuesta del Festival, después de que la autora Jessica Abel apoyara abiertamente la decisión de sus compañeras francesas en sus redes sociales, justificaba las candidaturas alegando: “El festival ama a las mujeres, pero no podemos reescribir la historia (del cómic)”, nada más y nada menos. Valiente autocrítica.

No tardaron en sumarse al boicot algunos dibujantes muy reconocidos a nivel internacional, lo que tristemente terminó por darle empaque y transcendencia a la protesta. Fueron diez los que decidieron mostrar solidaridad hacia sus compañeras, pidiendo que sus nombres fueran borrados de la lista de nominados para dejar espacio a creadoras, presionando al festival para que tomaran cartas en el asunto.

La protesta se viralizó rápidamente en Internet gracias al hashtag #WomenDoBD. Hasta el gobierno francés se pronunció al respecto diciendo que la falta de nombres femeninos en la lista de nominados era algo “anómalo”. Al final el Festival de Angulema claudicó ante las presiones sociales y políticas y decidió eliminar la pre-selección, invitando a todos los autores y autoras a votar libremente a su opción favorita. Parece que quieren escurrir el bulto pero quiero pensar que todas estas reacciones tendrán consecuencias positivas en la búsqueda de la igualdad de oportunidades.

Todo esto del Festival de Angulema no es más que una excusa para reivindicar la tinta femenina. El mundo del cómic y la ilustración no es solo cosa de hombres. Existen estudios en Estados Unidos que aseguran que más de un 45% de los consumidores del conocido como noveno arte son mujeres y por lo que parece este porcentaje sigue creciendo. En cuanto a la producción pasa más o menos lo mismo: cada vez son más las mujeres que firman sus propios tebeos.

Haciendo una pequeña revisión histórica nos damos cuenta de que no será hasta la explosión de la cultura underground americana (con su consecuente ruptura del sueño americano) cuando algunas mujeres, desde una perspectiva feminista muy reflexiva, deciden coger los lápices y contar sus propias historias en viñetas. La valentía de estas mujeres para irrumpir en un escenario totalmente masculinizado, aunque algo bastante residual, supone un paso muy importante y un referente en la reivindicación femenina.

Han pasado más de 40 años desde la aparición de estas primeras historietas femeninas y hoy estamos recuperando ese espíritu contestatario que tanta falta hace. Para esto es necesario crear espacios femeninos de creación y hacer ruido, mucho ruido. A los expertos, la mayoría hombres (¡oh, sorpresa!), les encanta presumir de la supuesta madurez que ha alcanzado el mundo del cómic basándose en la pluralidad temática y en un resurgir del tebeo como una forma de expresión política y social. Pero esta madurez no será real hasta que los propios autores sean conscientes de su situación de privilegio y se auto examinen sin complejos. Quizás ahí podamos empezar a caminar juntxs, mientras tanto la desigualdad sigue siendo notable e indignante.

Beatriz Romero

Loca de los perros, feminista, amante de los tebeos y politóloga, por ese orden. También estoy enganchada a las redes sociales pero eso es otra historia... Leer Persepolis me cambió la vida y desde entonces vivo fascinada con el país persa. La Bettycracia va a llegar... (y no habrá pase de puerta).