Danza al fin y al cabo

Viernes 29 de Abril de 2016
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Ballet Rehearsal, 1873, The Fogg Art Museum, Cambridge, Massachusetts - Edgar Degas
Ballet Rehearsal, 1873, The Fogg Art Museum, Cambridge, Massachusetts - Edgar Degas

Suena la música y te transportas. Puede que el resto no lo note, puede que sigas en la misma sala, en la misma posición, con el mismo semblante. Pero no estás ahí. Estás en la música y tu cuerpo empieza a moverse ligeramente, los dedos de los pies, los hombros, la cadera, pero apenas se nota. Esto puede suceder en el trabajo o esperando a la parada del autobús escuchando música a través de tus auriculares. Porque la danza no es algo que practiques, es algo que vives. 24 horas, los 7 días de la semana. Es inevitable. Ya seas bailarín o bailarina profesional o simplemente sea tu hobbie, la danza es tu expresión. Esa sensación de bailar y sentir que has sacado todo lo que llevabas dentro, como si hubieras gritado con todas tus fuerzas.

Nunca me ha gustado poner límites a la danza. No hay barreras, ni físicas ni mentales, que impidan bailar. Con sentir vale. “Pensar es el mayor error que un bailarín puede cometer. No hay que pensar, hay que sentir”, dijo con acierto Michael Jackson. No hace falta enumerar los beneficios de la danza, son de sobra sabidos, ya sea por haber bailado tu canción favorita dejándote la voz en la primera fila de un concierto o por haber formado parte de los bailarines en el escenario. La danza es amplia y generosa. Lo mismo da bailar un vals con algún familiar en fiestas de tu pueblo que pisar tus propios pies intentando aprender salsa o repetir una vez más la coreografía de sobra sabida para mejorar detalles imperceptibles para la siguiente actuación.

Pero la palabra que define a la danza, o al menos a la manera que tengo yo de verla, es libertad. Cuando bailas eres libre, eres tú quien rompes tus propias barreras para crear arte. Tu cuerpo se une a la libertad de tu mente, a la libertad de las ideas. Bien dicho lo dejó Emma Goldman con su famoso “si no puedo bailar, no quiero ser parte de tu revolución”.

Hoy, en el Día Internacional de la Danza, establecido por la UNESCO en 1982 en honor al día en que nació Jean-Georges Noverre, creador del ballet moderno, quiero hacer un homenaje a este arte. Un homenaje a todas y cada una de las personas que lo desarrollan día a día, bailarines, coreógrafos, profesoras de danza, o simplemente quien lo disfruta, ya sea el sábado en la discoteca o en su cocina escuchando la radio mientras toma el primer café de la mañana. Danza como reivindicación, como disfrute, para manifestar tu alegría o tu tristeza, para mantenerte en forma o para conocer a gente. Danza como celebración o como desahogo. Pero danza al fin y al cabo.

Feliz día.

Beatriz Fernández

Licenciada en Periodismo por la Universidad de Navarra, máster en Política Internacional por la Universidad Complutense de Madrid, en constante descubrimiento de cómo funciona este loco mundo. Me interesa especialmente el mundo árabe y el islamismo. Hoy vivo en Bristol, Inglaterra.