Recuperando la memoria. El Colectivo de Cine de Madrid

Martes 15 de Noviembre de 2016
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Recuperando la memoria. El Colectivo de Cine de Madrid
Fotografía de Tino Calabuig

"Tres de marzo de 1976. Pedro Martínez, Francisco Aznar, Romualdo Barroso, José Castillo y Bienvenido Pereda son asesinados a manos de la policía en los sucesos de Vitoria. Un día después, las calles de la ciudad vasca se llenan de manifestantes que reclaman justicia para sus víctimas. Es la primera manifestación pública desde el inicio de la dictadura que no es reprimida.

Tres de marzo de 1976. Tino Calabuig, Andrés Linares y Adolfo Garijo escuchan en la radio la trágica noticia de la matanza de obreros en Vitoria. Inmediatamente, cargan las cámaras y emprenden el viaje. Es un suceso histórico, son los últimos coletazos de la represión franquista y no pierden la oportunidad de acudir para inmortalizarlos a través de su objetivo."

Las peculiaridades del periodo histórico de la transición española posibilitaron el desarrollo de una corriente de cine militante, englobada dentro del llamado cine independiente o cine alternativo de los años 70 y 80. Debido a la censura de los medios de comunicación y a la imposibilidad de los periodistas españoles de rodar cualquier suceso condenado por la dictadura, surgieron diversos grupos de activistas, periodistas y artistas que se dedicaron en cuerpo y alma a grabar los acontecimientos que marcaron algunos de los hitos más relevantes de los últimos años del franquismo y del posterior periodo de apertura democrática. Estos colectivos ejercieron una valiosísima labor de contrainformación, cubriendo los escandalosos vacíos informativos que el régimen propiciaba a través de sus mecanismos de control y censura. Siguiendo los postulados de Althusser, concibieron el cine como un lugar para la acción política y como una herramienta de ataque al régimen franquista.

Gracias a estos colectivos entre los que cabe destacar el Grupo de Produciò, la Central del Curt, el Colectivo de Cine de Clase, la Cooperativa de Cine Alternativo, el Equipo Imaxe y el Colectivo de Cine de Madrid, hoy en día conservamos documentos gráficos que narran un relato alternativo al impuesto por el Régimen y que permiten repensar la construcción histórica y desarrollar un ejercicio de recuperación de la memoria.

El Colectivo de Cine de Madrid (CCM), operativo entre los años 1975 y 1977, fundado por Tino Calabuig, Andrés Linares y Adolfo Garijo, contaba con la colaboración de otros militantes activos como Miguel Hermoso, María Miró o Ramón Manzanares. Aunque a título individual la mayoría de ellos estaban vinculados al Partido Comunista Español, su actividad con el CCM se desarrolló con independencia del PCE. Rodaban a pie de calle, protegidos por piquetes que posibilitaban las grabaciones, siempre de manera clandestina. Como la prensa española tenía prohibido registrar manifestaciones y, en términos generales, cualquier tipo de concentración contraria o crítica con el franquismo, los miembros del CCM usaban acreditaciones de la ZDF, la televisión alemana, para evitar pasar varios meses entre rejas.

El montaje, la difusión y la exhibición de sus películas documentales, se realizaba también de manera clandestina y gracias a la colaboración de estructuras y profesionales situados al margen de la producción institucional. El CCM desarrolló una red propia de distribución y exhibición que les permitió difundir sus documentales, así como otras películas prohibidas por el régimen, y autofinanciarse gracias al pago que la Federación de Cine-Clubs de España realizaba por proyectar sus documentales y a las aportaciones voluntarias del público que acudía a las proyecciones clandestinas. El visionado de las películas se concebía de manera colectiva y, en la mayoría de las ocasiones, se completaba con un coloquio que permitía generar una reflexión crítica y analizar con detalle el contenido de la proyección.

Al igual que en la postproducción, en los primeros meses de actividad del CCM las tareas de distribución y exhibición se realizaron fundamentalmente en el ámbito internacional, apoyados por Unicité en Francia y por Unitele en Italia. Asimismo, distribuyeron los documentales a través de festivales internacionales y aprovecharon la difusión que ofrecían diversos medios de comunicación extranjeros que compraban los materiales del CCM y los emitían en televisiones internacionales. Estas acciones servían para sensibilizar a la opinión pública mundial acerca de los sucesos censurados que estaban teniendo lugar en la España de la Transición.

El CCM rodó festivales y conciertos (festival de los Pueblos Ibéricos, La Trobada dels Pobles, el festival de Gijón o el concierto de Raimon), manifestaciones obreras y universitarias, cargas policiales y ruedas de prensa clandestinas. Los dos acontecimientos más destacados que cubrió fueron la matanza de Vitoria (“Vitoria”, marzo 1976) y el asesinato de los abogados laboralistas de Atocha (“Hasta siempre en la libertad”, enero 1977).

Recuperando la memoria. El Colectivo de Cine de Madrid

Recuperando la memoria

“La película de Vitoria se exhibió por primera vez en el Colegio Mayor Loyola, en la Ciudad Universitaria. En el montaje final habían intervenido Juan, Quico y algún otro director de cine cercano al Colectivo. Se mejoró el sonido y se prolongó el montaje algunos minutos (...) Era la primera vez que veían en España, en una pantalla de cine, a miles de ciudadanos manifestándose en la calle contra la dictadura” (Garijo, Vitoria, 2011)

El nuevo régimen democrático instaurado en España, la legalización de los partidos políticos y la abolición oficial de la censura a finales de 1977, contribuyeron a que se produjera un cambio radical en estos colectivos. Este nuevo contexto social y político provocó una grave paradoja en el seno de las iniciativas cinematográficas militantes: ahora que los realizadores podían finalmente abandonar la clandestinidad y filmar sin miedo a represalias, sus objetivos de contrainformación pasaron a quedar obsoletos y la televisión entró en competición con sus producciones. El contexto histórico de represión contra el que este cine pretendía luchar, era la condición de posibilidad que justificaba su razón de ser y permitía su continuidad. Con la pérdida de la clandestinidad y de la prohibición de determinadas películas, el público dejó de demandar estas proyecciones en cine-clubs y comenzó a asistir a salas de arte y ensayo y a cines comerciales. Asimismo, las televisiones extranjeras comenzaron a comprar los materiales directamente a la televisión española. La sociedad española comenzaría un proceso de desmovilización política que hizo que el interés por películas de cine militante cayera en picado.

La mayoría de los colectivos de cine militante, nacidos entre los años 60 y la década de los 70, entre ellos el CCM, se disolvieron a finales de los 70, debido a la pérdida de financiación y, sobre todo, a la creencia de que este cine ya no tenía sentido en el nuevo contexto democrático. Pese a no lograr transformarse, renovar sus objetivos y adaptarse a las necesidades del contexto social, su legado cinematográfico ha servido para dejar constancia documental de sucesos y acontecimientos que forman parte de nuestra historia.

El archivo documental del CCM constituye una de las únicas fuentes cinematográficas alternativas al régimen que se conservan del periodo de la Transición. Sus grabaciones han sido utilizadas en numerosas películas y series televisivas para narrar los acontecimientos de esta etapa histórica. En la mayoría de los casos, la inclusión de estos materiales en nuevas producciones se ha realizado a través de la descontextualización de los mismos, alterando su mensaje original y resignificando estas imágenes al servicio del relato oficial que el nuevo estado democrático pretendía instaurar. Estas filmaciones, que fueron realizadas con un sentido disidente y desde la clandestinidad, han acabado integradas en el grupo de herramientas televisivas y de la cultura main-stream que hegemonizan la narrativa historiográfica de aquellos sucesos. Se pierde así la autoría de estos documentales, el carácter insólito de unos materiales cuyo visionado era ilegal en el momento de su producción, y que hoy en día se utilizan como imágenes icónicas de la Transición para sostener un discurso de consenso que confronta con la razón de ser de las mismas. Es imprescindible seguir trabajando en una labor de recuperación de la memoria que trata de volver a contextualizar estas imágenes para ofrecer relatos alternativos sobre la historia de nuestro país.

*Quiero agradecer a todos los miembros del Colectivo de Cine de Madrid (y especialmente a Tino Calabuig por su implicación), toda la sinceridad y generosidad que han demostrado compartiendo conmigo parte de sus biografías, de sus vidas.