Berlín: pobre, pero no tan sexy (1ª parte)

Lunes 17 de Octubre de 2016
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Berlín: pobre, pero no tan sexy
Benjamin Hughes, 2016

Frente al museo de Pérgamo, actualmente en obras hasta aproximadamente el 2025, vive Angela Merkel. En el año 2005 la canciller renunció a la residencia oficial en el Kanzleramt, permaneciendo en su apartamento de alquiler a orillas del río Spree. Esperemos que Merkel no corra con las renovaciones de la Isla de los Museos, la misma suerte que el aeropuerto BER Willy Brandt, cuya inauguración planeada para el año 2011, se ha visto pospuesta hasta cinco veces y resulta inverosímil creer que este proyecto, que está costado unos 7000 millones de Euros, vaya a estar operativo a mediados del próximo año.

Berlín: pobre, pero no tan sexy (1ª parte)
Benjamin Hughes, 2016

Pero si permanecemos dentro de la ciudad y seguimos por Unter den Linden, una de las arterias principales, que hace de conexión entre la icónica torre de televisión y el Reichstag, nos sumergiremos en el caos: una gincana infernal para los turistas, que han de hacer malabares para sortear todas esas obras, fosas, grúas y en un castigo para el resto de los habitantes, que tenemos que soportarlos a ambos. En esta avenida con reminiscencias prusianas se encuentran además, las bases de Microsoft o Google, que por tanto, se sitúan geográficamente muy cerca del epicentro político, al igual que lo hace Facebook por el otro lado, por el Potsdamer Platz. Y tanta obra parece no vacunarnos para el futuro, puesto que ¡aún falta el cableado de fibra óptica! Y es que según el ranking de la conferencia FTTH Alemania es junto con Croacia y Polonia uno de los peor conectados de Europa. Y más vale que esto cambie, precisamente por el peso que junto a empresas consolidadas como Google y Facebook, están ganando los pequeños start ups en la capital alemana, contando ya unos 2500 en toda ciudad.

Berlín: pobre, pero no tan sexy (1ª parte)
Benjamin Hughes,2016

Sus universidades e instituciones de investigación, su situación geopolítica en pleno corazón de la Unión Europea, su fama como joven ciudad multicultural y las “bajas” rentas de alquiler (por lo menos en comparación con Londres, París, Bruselas etc.), convierten a Berlín en un sugerente destino para start ups internacionales, que ya son el tercer sector de demanda de alquiler en oficinas, por detrás de instituciones públicas o consultorías legales. Según el último estudio del IFSE, el Instituto de Desarrollo de Planificación de Estrategia, el 49% del personal de los start ups no sería de origen alemán. The Factory es una más de las localizaciones de esta escena y ejemplifica visualmente el fenómeno: el edificio se emplaza en el muro de Berlín, siendo éste una de las cuatro paredes del edificio. Las tres primeras plantas dejan al descubierto la estructura original en ladrillo de la antigua fábrica de cerveza construída a finales del siglo XIX. Esta construcción permaneció durante la época de la República Democrática Alemana como único edificio en la denominada “franja de la muerte”, el espacio de vigilancia entre las dos partes del Muro, por lo que se le atribuye la función de punto de observación. La horizontalidad de las dos plantas superiores, sugieren un sistema conectado entre los niveles, que se ajusta a las nuevas necesidades de un coworking space. The Factory sirve de agrupación para empresas emergentes, pero también para compañías consolidadas como lo son UBER, Twitter, Soundcloud o Mozilla. Este Start-up-Campus nació en 2011 con una financiación inicial de 1 Millón de Dólares por Google, si bien tal empresa no tiene ningún tipo de función (aparente) en el campus. Según su discurso, la experiencia de las grandes empresas, combinada con la creatividad y el potencial innovador de los jóvenes start ups, serviría de ayuda para el crecimiento de ambas partes. Justo por este tipo de proyectos, muchas son las voces que comparan a Berlín con un Silicon Valley a la europea.

Berlín: pobre, pero no tan sexy (1ª parte)
Benjamin Hughes,2016

Pero el hecho de que Palo Alto haya puesto los ojos en Berlín, también tiene sus consecuencias. La escasez de vivienda y la drástica subida en los alquileres empuja a familias de bajos ingresos, jubilados, desempleados y estudiantes a las afueras de la ciudad. El 1 de junio de 2015 entró en vigor la llamada Mietbremse, algo así como el “freno de alquiler”, por la cual la renta no podrá subir más de un 10% al año. No obstante, tal reglamentación resulta bastante difusa, puesto que no queda muy claro su funcionamiento ni a quién beneficia exactamente. Por ejemplo, esta subida del 10% se aplicaría siempre en relación al precio de mercado de alquiler de la zona, sólo iría destinada a los contratos anteriores a octubre de 2014, no repercutiría a viviendas modernizadas y/o amuebladas etc. Otra de las recientes medidas, que entró en vigor en mayo de este año, prohíbe el subalquiler de segundas viviendas tanto a turistas como a terceros (por ejemplo, mediante plataformas como Airbnb). ¿Pero cómo frenar a estas alturas los diferentes procesos de gentrificación en los barrios? Toda orilla del río Spree, antigua zona industrial y división geográfica natural entre la República Democrática Alemana y la República Federal de Alemania ha sido una de las más castigadas en un proceso de renovación, en el cual apartamentos de lujo, oficinas y hoteles sustituyen al antiguo espacio urbano e icluso a la icónica East Side Gallery (para gran disgusto de David Hasselhoff).

Se calcula que un 16,5% de la población berlinesa no es alemana, sumando unas 186 nacionalidades en total. No obstante, en las elecciones a la Cámara de Diputados de Berlín y a los Consejos de Distrito del pasado 18 de septiembre, sólo los ciudadanos comunitarios pudimos ejercer nuestro derecho a voto, aunque eso sí, únicamente a los Consejos. En elecciones equivalentes del estado Mecklenburg-Vorpommern, el partido Alternative für Deutschland se convertía con un 20,8% de los votos en la segunda fuerza, catapultando al partido de Angela Merkel, la CDU, a tercera posición. Y aunque Meck-Pomm no se pueda considerar reflejo del panorama nacional para las elecciones generales de 2017, sí que resulta ser un hecho bastante significativo, tratándose del estado de origen de la propia canciller. En la capital, esta nueva formación fundada en 2013, se estrenó con un 14,2% de los votos, mientras que la SPD y la CDU obtuvieron el peor resultado de su historia en esta ciudad. Y es que según las encuestas más recientes, la unión cristianodemócrata CDU/CSU caería en intención de voto a un 29,5%, lo que sería el peor resultado a escala nacional hasta la fecha.

Berlin
Benjamin Hughes, 2016

La mayor parte de los medios de comunicación alemanes califica a la AfD como un partido populista de derechas. No obstante, esta formación tiene ciertos vínculos con la NPD, formación - ya sí - explícitamente neonazi, tanto que el Bundesrat lleva intentado prohibirla desde hace más de quince años. La polémica ha acompañado a muchos de sus integrantes, como por ejemplo a Ralph Weber, parlamentario regional en Mecklenburg-Vorpommern, que ha estado en constante conexión con agrupaciones de extrema derecha durante toda su carrera política, mientras daba clase en la universidad local con ropa de la marca Thor Steinar. Y el New Yorker, comparaba a Frauke Petry, una de sus figuras más relevantes, con Donald Trump “She, too, has come late to politics and relishes her outsider status. Like him, she often works by insinuation, fanning right-wing conspiracy theories not merely to stir up grievances but to bind members together with a sense of shared beliefs. Like him, she has been accused of financial improprieties. Like him, she castigates the media for liberal bias but also thrives on media attention”. Hace un año, la AfD apenas rozaba el 4% en intención de voto.

Se identifica como uno de los puntos de inflexión la rueda de prensa de agosto de 2015, en la cual Angela Merkel comunicaba su famoso “Wir schaffen das!” (algo así como “¡Nosotros lo conseguiremos!” o “¡Nosotros podemos con esto!”), haciendo referencia a la acogida de 800.000 refugiados hasta finales de año. El resurgir de estos movimientos “patrióticos” es alarmante, si tenemos en cuenta el poder de Alemania dentro de la Unión Europea, su historia durante siglo XX y por último, los subsiguientes procesos de revisión del pasado, esos que tanto han servido de ejemplo para otros países. Las manifestaciones xenófobas de los lunes organizadas por PEGIDA (abreviación para Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente), son el reflejo del miedo y el odio a un tipo concreto de extranjero: el “islamizador” procedente Oriente Próximo, al que se culpa de las injusticias económicas y sociales e incluso del terrorismo, cosa que no ocurre con otro tipo de inmigrantes, como por ejemplo el CEO estadounidense procedente de Palo Alto. Tanto la AfD como PEGIDA construyen su “alemaneidad” en base al otro, o sea, en contraposición al inmigrante procedente del mundo árabe, al cual identifican con un perfil muy concreto.

Y sí, el “Wir schaffen das!” de la canciller, de aquella mujer sencilla que anteponía su apartamento de toda la vida frente a la residencia oficial, aquella hija de un pastor protestante en tiempos de la República Democrática Alemana, es criticable, pero por el desbordamiento de los albergues para refugiados, por las tramas burocráticas a las que han de hacer frente, por la repentina disminución en el número de acogida etc. Se calcula que un 16,5% de la población berlinesa no es alemana, sumando unas 186 nacionalidades en total. Esperemos que la frontera, que sigue estando urbanísticamente presente aunque apenas queden restos del Muro, no acabe creando una nueva separación entre los que se consideran “alemanes” y los que no lo son o acogiendo a algunos inmigrantes y rechazando a muchos otros.

Laura González Barrera

Historia - Historia del Arte | Madrid - Berlín