Sobre Trumbo

Viernes 26 de Febrero de 2016
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Trumbo película
Bryan Cranston - Dalton Trumbo

La falsa relectura histórica de Hollywood y otras consideraciones

El otro día, en un cine muy lejos de aquí, tuve una visión. Vi los cines de Madrid en unos meses, llenos de gente, de familias, de adolescentes en grupo, señores con corbata, algún excéntrico y demasiadas parejas, todos con sonrisas como de a medio gas, pagando una entrada muy cara, hablando entre ellos, sentados y totalmente inocentes ante lo que van a contemplar. Todos han ido a ver Trumbo, a dejarse seducir por las atrocidades con olor a perfume caro de los Estados Unidos durante la Guerra Fría. Igual no teníamos ni idea de qué iba, qué tema tan jodido, pero coño, qué casas, qué vestidos, qué luces, qué lugares… Nosotros en los años 50 no teníamos nada de eso. Ni lo seguimos teniendo, al parecer. Esta crítica de la película va a cumplir su función de crítica, no de modo técnico o histórico sino político, porque de las contingencias de su temática me vino aquella visión hilarante sobre los cines de Madrid.

Trumbo narra la historia de Dalton Trumbo, escritor de guiones y protagonista en la saga de los “10 de Hollywood”, un grupo de cineastas que fueron condenados a prisión durante la caza de brujas de McCarthy por negarse a declarar, acusados de obstrucción al Congreso y considerados amenaza democrática ante el Comité de Actividades Antiestadounidenses, que se encargaba de controlar cualquier vestigio de comunismo en la industria cinematográfica. Su negativa a declarar ante estos tribunales, ante los que tenían que demostrar sencillamente no-ser-comunistas les costó no sólo una condena de cárcel sino una condena al ostracismo, despedidos de sus labores, ninguneados u obstaculizados de la actividad creativa. ¿Os suena?

Todo asistente a Trumbo habrá acudido al cine para ser ilustrado de este drama terrorífico vivido en el propio suelo estadounidense durante la guerra fría, de la locura del senador McCarthy y otras cosas. Querrá contemplar el momento en el que los aliados se tornaron enemigos bajo la premisa de la amenaza de los valores “democráticos” –que, por otro lado, parece un concepto que se ha vuelto a poner de moda-. No es difícil volver la cabeza a Agamben en este momento y pensar en la esquizofrenia orwelliana que significó un roce amistoso de los derrocadores del fascismo con un nuevo modelo de fascismo, evolucionado.

Aunque la película trata este tema, si me dejáis, diría que tampoco va de eso. Aunque el argumento parezca enrevesado, el desarrollo es bastante plano y sencillo, no deja demasiado a la interpretación. Si el tema que trata es la coyuntura de la libertad ideológica y de expresión en un momento en el que Hollywood era una bomba de relojería con la capacidad de controlar los deseos y pensamientos de la mass culture, yo diría -y sí, en un rollo conspiracionista non-stop- que la vuelta de tuerca que se le ha dado a esta película tiene un poco de lo mismo: aunque te muestren esta problemática, ¿qué se sabe ahí cuáles eran las ideas de Trumbo o cómo las mostraba en sus películas?... Lo que se vende es que Trumbo es un héroe, un luchador, alguien que se construyó a sí mismo y que, aunque comunista, tenía una casa que te cagas y vivía la dolce vita. El ideal neoliberal está aquí, y no importan las vicisitudes que sufras, ni tus ideas, al final de tu vida si luchas te llevas el premio. Y así sucede (en la película).

Mc Carthy Trumbo

Sin embargo, y a esto viene la reflexión de hoy, un par de meses antes de que en Madrid se estrene algo así, totalmente a la vista del new Spain order, he venido a comentar una única escena. Esta escena merece toda esta crítica, paga la entrada y hasta las palomitas. Una pequeña satisfacción, un conflicto hecho imagen, paradoja tan extrapolable al caso español, y que hará de este film algo muy especial que ver en los cines de nuestro país. No querría spoilear, pero inevitablemente sucede. Y es que en tan sólo algo que son dos minutos de película, subsidiariamente y a título anecdótico, Trumbo se ve de pronto en la cárcel con su verdugo, con el que le condenó por sus ideas de cineasta que amenaza, a través de guiones, todos los valores de Occidente y la estabilidad del país. Su verdugo es John Parnell Thomas, condenado a un año y medio de prisión por un delito de corrupción. John y Dalton se encuentran dentro de la cárcel. El artista y el político, ambos, horizontalmente.

¡Qué paradoja más preciosa, qué momento de placer personal e inesperado en un domingo por la tarde en el que te encuentras aburrido dentro de un cine!
Luego cuando salgamos, durante la cena, comentamos la esquizofrenia de la guerra fría, el roce que tuvo Estados Unidos con el fascismo durante la Era McCarthy, la represión que sufrió la cultura y el drama de los escritores amordazados y criminalizados, carentes de expresión, llamados terroristas…

Risuela

Nací, crecí y ahora me reproduzco textualmente. Redactora de la sección Cultura.