Los fantasmas de Vietnam

Martes 17 de Mayo de 2016
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El Ejercito de la CIA

Un viejo adagio sostiene que la Historia tienden a escribirla los vencedores. Es así la mayor parte de las veces, porque hay casos en los que los vencedores simplemente se olvidan de la Historia. El relato que transmiten entonces se ve superado por la realidad.

Si una escasa presencia en internet es ahora capaz de anularte como individuo, una nula mención en los anales puede hacerte invisible como pueblo. La obcecación por mirar hacia otro lado puede condenar una causa, sumirla en el limbo. Esa política de indiferencia la llevan practicando desde hace más de cuarenta años los gobiernos de Estados Unidos y Laos.

"La historia es cruel con las decisiones de algunos"- sostiene David Beriain, director de documentales especializado en conflictos armados y temas de violencia, rostro habitual en el canal Discovery Max y condutor de la serie de reportajes Clandestino. Su último trabajo, El ejército perdido de la CIA, estrenado en primicia la semana pasada en la Cineteca del Matadero de Madrid, se interna en las selvas de Laos para rastrear la pista de los últimos soldados hmong.

Un ejército clandestino que nunca existió

Vietnam, 30 abril 1975: Las tropas norvietnamitas entran en Saigón y el ejército estadounidense evacúa a sus últimos aliados. Estados Unidos da por perdida la impopular guerra que iniciara contra el comunismo en el sudeste asiático. Al meterse en camisa de once varas, el país sufriría su primera gran derrota como potencia mundial. Las cifras oficiales hablan de un millón de combatientes muertos y de dos millones y medio de víctimas civiles. Para dar cuenta de la magnitud de las pérdidas, basta mencionar un dato: en una sola semana, el ejército de Estados Unidos contabilizó 240 muertos y 470 heridos. Más que enfrentarse a los elementos, los soldados caían ante el hostigamiento de implacables guerras de guerrillas.

En el momento más álgido de la contienda, las hostilidades se expandieron al vecino Laos, un país neutral. Los norvietnamitas usaban las fronteras laosianas para trasladar armamento y suministros a Vietnam del Sur, refrescando el potencial de los efectivos y desquiciando a las ya de por sí desquiciadas tropas estadounidenses. La neutralidad de Laos llevará a Estados Unidos a preparar una operación clandestina destinada a entrenar y preparar una milicia afín que combata con idéntica ferocidad a sus enemigos, con la esperanza (vana) de revertir el signo de la guerra. Laos va a convertirse en un escenario fantasma de la guerra de Vietnam, uno que no debe de ser soslayado: la operación clandestina es de tal calibre que convierte al país en el más bombardeado de la Historia. Las autoridades niegan todo conocimiento. Jamás pisaron suelo laosiano. Nunca reclutaron a milicias hmong.

Los hmong eran -y siguen siéndolo, en este punto la Historia, y nuestra historia, se mantiene coherente- una tribu minoritaria de Laos perseguida y represaliada por el gobierno. El ejército decide servirse de estos guerreros implacables y duros para formar su ejército secreto. Según una fuente que trabajó sobre el terreno, y que cita el documental, entre 50 y 100 agentes de la CIA asesoraron y prepararon a estas milicias. Cuando el ejército repliega alas y retira la bandera de las barras y estrellas del mapa vietnamita, los hmong quedaron abandonados a su suerte, diseminados por el territorio y obligados a ocultarse de las represalias. Esta tropa fantasma es el ejército perdido que Beriain y su equipo rastrean en su película. Un documento que retrata una desesperada lucha por la supervivencia y contra el olvido.

"Esta historia tiene mucho que ver con el pecado original: los hmong que siguen luchando ya no son los que decidieron unirse a la CIA sino sus hijos, y los hijos de sus hijos. Muy pocos hmnog tienen idea de lo que pasó entonces, pero siguen luchando", remarca el periodista. Entre sus fuentes están los exiliados laosianos que hoy han abrazado la ciudadanía del país que les estigmatizó. Sus palabras complementan a la realidad de las escenas mostradas en su documental. El arriesgado trabajo de Beriain es serio, solvente, fiable. Lo que es casi peor: terriblemente creíble, descarnado. Su método consiste en acceder a zonas complicadas para filmar acontecimientos y personajes complicados sin engaños. En su código deontológico figura siempre la honestidad, a partir de la cual obtiene resultados contuendentes. Toda persona que aparece a cámara sabe que está siendo filmada, da su consentimiento para salir a cámara. El periodismo de inmersión de Beriain se basa en la confianza. En eso consiste la base de la seguridad de su trabajo.

Por esa razón, en El ejército perdido de la CIA se produce casi un descenso a los infiernos en la selva laosiana. No es el corazón de las tinieblas ni el apocalypse now, pero el batir de las alas del peligro, las sombras de una continua amenaza despiadada, sobrevuelan a cada instante, en cada fragmento de un metraje que, hacia la media hora empieza a cortar el aliento. El ejército perdido de la CIA es un documental sobre fantasmas no reconocidos ni por Laos ni por Estados Unidos, a los que la propia Historia ha marginado en el rincón del olvido. La Historia se obceca a veces en desplegar una memoria interesadamente corta.