Aquí huele a teatro,'Los Odiosos Ocho' de Tarantino

Miércoles 03 de Febrero de 2016
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los odiosos ocho y el teatro

Hace ya un puñado de días que Quentin Tarantino estrenó su octava película, y a casi todo el mundo que, como yo, haya tenido la suerte de haberla visto, pueden surgirle dos cuestiones. La primera tiene que ver con la primera hora del film. Y sí, es bastante lenta, pero ¿qué esperabas? La película es un western en el que no hay desierto sino nieve, en el que un hombre negro es militar por aquella época y hasta los confederados le tienen cierto respeto. Todos estos datos, apuntes de contexto y demás tribulaciones tienen que mostrarse pronto para no salirse del universo creado y que tan pronto queda retratado entre cuatro paredes. A no ser que seas un fan absoluto de la Historia de Estados Unidos, esta lentitud en el comienzo acaba haciendo más bien que mal. Hasta aquí la primera cuestión, aunque lo gordo viene en la segunda.

Si no te gusta el teatro puedes ahorrarte la entrada del cine. De veras, porque con 'Los Odiosos Ocho' vas a ver teatro, una puesta en escena teatral y unos diálogos teatrales. Todo huele tanto a tablas de escenario que a pocos extrañan los rumores de que el director estadounidense ya está preparando una versión teatral del guión. Sin exagerar demasiado, aunque hablando de Tarantino la exageración nunca viene mal, dos tercios de la película se desarrollan en un escenario teatral, llamado la Mercería de Minnie. Pues resulta que la Mercería de Minni, que poco tiene de mercería, son unas tablas de teatro al uso. Un espacio marcadamente delimitado por ambientes, en el que lo mismo estás en la zona del bar que en los catres de manera independiente pero en conjunto. Pues en este escenario se desarrolla la gran parte del film, en un puñado de metros cuadrados, y sin embargo el espacio es un completo universo narrativo. La Mercería de Minnie ofrece gran cantidad de juego, tanto por la puesta en escena y el atrezzo, que no es poco ni inútil, como por las palabras.

Los odiosos ocho Tarantino

Los diálogos no iban a ser menos, y también se suman al carro del teatro fílmico. Diálogos teatrales, pero sin perder la esencia de Tarantino, que es capaz de dotar a cada palabra de un sentido sin demasiado sentido. Frases frescas, apelativas, con exclamaciones por doquier o en un tono casi susurrante que parece buscar al espectador más que a otro personaje. Frases que se enredan en las orejas, diálogos que no te dicen nada pero que más bien sí y un salteado de recursos retóricos que te traen memorias de teatro clásico, de Siglo de Oro. Y el elenco acompaña, porque esa palabrería suena diferente en boca de ciertos actores (porque hay que decir que lo de Samuel L. Jackson es de estatua). Los diálogos hacen del espacio algo más que espacio, lo vuelven etéreo. Justo como en el buen teatro. Es un efecto similar a 'Dogville' pero a la vez contrario, otro film en el que se juega con el espacio de manera muy creativa. Las conversaciones y charlas de los personajes, y así también el desarrollo de la trama, potencian el escenario teatral que supone la Mercería de Minnie a algo casi inexistente, etéreo, algo que sólo el buen teatro logra, el hecho de que al lado de una cama que está próxima a un sofá que está cerca de una cafetera sobre un brasero sea Massachussets o Virginia. Y con los actos pasa absolutamente igual, son contados de una manera muy dramática, como dirigiéndose a una grada invisible que espía callada lo que sucede. Los disparos, porque hay disparos, y los momentos que más marcan son contados con grandes aspavientos, de manera nada sombría, dando la nota, como en el teatro. Todo esto, diálogo y actuaciones, configuran una construcción espacial que deja de importar cuando se te cuenta la historia de guerras civiles y conflictos entre patriotas americanos tal y como se te cuenta. En la Mercería de Minnie se interactúa, entre sus paredes ocurre todo (más allá de introducción, recuerdos y hechos fuera de la línea de presente de la película). La Mercería de Minnie no se apoca por el poder de los diálogos, sino que recuerda continuamente que allí dentro, justo allí dentro, hay una banda de locos encerrados, convirtiendo el lugar en un completo campo de batallas en unos pasos de diagonal. Un campo de batallas en el que el propio espacio marca los bandos, las distancias de seguridad y los galones de cada personaje.

Si no te gusta el teatro, y menos aún los comienzos lentos, 'Los Odiosos Ocho' no es tu película, pero aun así hay que verla, aunque solamente sea por Samuel L. Jackson. Pero si te gusta el teatro, o más o menos, esta película te va a hacer vibrar. Espacio y diálogos unidos en una apuesta común de la mano de Tarantino.