Una revolución en el carro de la compra

Martes 05 de Julio de 2016
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Una revolución en el carro de la compra

Cuando pensamos en el cambio climático, la deforestación o la escasez de agua, rápidamente lo relacionamos con causas que nos son más o menos conocidas: la contaminación, la quema de combustibles fósiles, la tala masiva de bosques, etc.

Cada vez más personas nos preguntamos qué podemos hacer para disminuir nuestro impacto en el entorno y nos comprometemos con pequeños (o grandes) gestos cotidianos para minimizar la huella que, a pasos agigantados, está convirtiendo nuestro planeta en un lugar menos habitable.

Separamos residuos, reciclamos, tratamos de consumir de forma sostenible… ¡Y menos mal!, porque las alarmas llevan años sonando ante la lenta reacción de las instituciones y la fuerte presión que ejercen algunas de las más poderosas industrias de nuestro tiempo.

En plena era de la infoxicación, donde recibimos cada día cantidades de información que apenas podemos gestionar, ocurre que se nos escapan algunas buenas noticias. Por ejemplo, que tenemos en nuestras manos la oportunidad de hacer una pequeña revolución cada vez que llenamos el carro de la compra. Sí, una revolución en nuestro carro de la compra. Una auténtica rebelión contra el modelo alimentario que está colapsando el planeta, fomentando las mayores desigualdades sociales y provocando cantidades inimaginables de sufrimiento: la cría de animales para consumo humano.

La sombra del ganado es alargada y no lo digo yo, lo dice la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). También lo dicen cada vez más investigaciones, más organizaciones y especialistas en la materia. Quizás con la voz no demasiado alta para no agitar mucho nuestras conciencias. O para no dejar en jaque a las millonarias industrias que nos bombardean con campañas publicitarias para que consumamos sus productos. Pero sí con la rotundidad que dan los escalofriantes datos que relacionan la ganadería industrial con los principales problemas medioambientales que padecemos.

Quizás por eso un documental como Cowspiracy: el secreto de la sostenibilidad, del cual en septiembre del pasado año se lanzó una nueva edición contando con la producción de Leonardo DiCaprio, está causando un enorme impacto a su paso por festivales de cine y diferentes eventos internacionales.

Chocar de golpe con una clave fundamental que habíamos dejado fuera de la ecuación en la cuestión del cambio climático nos genera conmoción y abruma, porque (aviso) algunos de los siguientes datos pueden hacer que se nos atragante la comida:

  • La ganadería industrial es responsable del 51% de las emisiones de gases de efecto invernadero
  • Se necesitan cerca de 20.000 litros de agua para producir 1 kilo de carne de vaca
  • La ganadería industrial es responsable de hasta un 91% de la deforestación del Amazonas
  • La ganadería industrial es una de las principales causas en la extinción de especies, zonas oceánicas muertas, contaminación del agua y destrucción de hábitats
  • La ganadería es responsable del consumo de entre 20% y 33% de toda el agua potable del mundo
  • Los pastos para alimentar a los animales ocupan el 45% de la tierra habitable en el planeta
  • El 80% de los antibióticos comercializados en Estados Unidos se emplean en ganadería industrial
  • Alrededor del 50% de los cereales producidos a nivel mundial se emplean para alimentar ganado
  • ⅓ del planeta sufre desertización, siendo la ganadería industrial una de sus causas principales
  • Más de 70.000 millones de animales mueren al año para consumo humano. Más de 6 millones cada hora

Estos diez apuntes son, cuando menos, una invitación a la reflexión. ¿2.400 litros de agua por una hamburguesa? Millones de personas en el mundo ya han comenzado a tomar medidas, porque solo con datos sobre la mesa podemos orientar nuestras decisiones hacia una mayor coherencia con nuestros valores.

Así, es interesante saber que una persona que decide llenar su carro de productos 100% vegetales genera un 50% menos de dióxido de carbono, consume 1/13 parte de agua y 1/18 parte de tierra en comparación con alguien que mantiene el consumo medio de carne y subproductos animales.

Cada día, una persona que elige una alimentación vegana ahorra 4.000 litros de agua, 20 kg de cereal y 9 kg de CO2 equivalente. Realmente hay un gran poder de cambio en decisiones tan sencillas como elegir nuestro plato en el menú.

A todo este impacto medioambiental aún podemos sumar algo no menos importante: la reducción del sufrimiento de nuestros compañeros de planeta, los animales. Las granjas industriales son lugares infernales para ellos. Naves frías y oscuras donde pasan sus cortas vidas en espacios tan reducidos que apenas pueden darse la vuelta, sin poder ponerse en pie o agitar sus alas ni una sola vez. Lugares donde son tratados como mercancía y donde el valor de sus vidas viene fijado por los precios del mercado.

El factor humano también en este ámbito es clave en la degradación del medioambiente y solo con información podemos generar cambios significativos. Tener en cuenta el impacto de nuestra alimentación es una clave que no podemos ignorar en nuestro compromiso con el planeta.

La buena noticia es que podemos hacer más de lo que habíamos pensado y que cada pequeño paso, reduce la huella.