Un mono neurótico con los ojos cosidos

Viernes 12 de Mayo de 2017
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Britches

El pasado 20 de Abril se cumplían 32 años del rescate de una cría de macaco de los laboratorios de la Universidad de Riverside, California. Al ser liberado, el pequeño simio, sufría neurosis inducida por un artefacto de ultrasonidos adosado a su cabeza y tenía los ojos suturados desde su nacimiento.

Hubiera sido mucho más fácil decir que se cumplieron 32 años de la liberación, por parte de miembros del Frente de Liberación Animal (FLA), de la cría de macaco llamada Britches. Sin embargo no sería cierto. Porque el pequeño simio al que liberaron de un laboratorio en los sótanos de la Facultad de Biología de la Universidad de Riverside (California, EEUU) no tenía nombre entonces. Aquel pequeño mono de tres meses, apenas un bebé, no sería más que un registro en una tabla de datos de algún científico. Un resultado estadístico dentro de un estudio más amplio. Esto en el mejor de los casos, porque es muy probable que el experimento del que era objeto Britches ni siquiera tuviera el efecto deseado y, por tanto, el resultado de aquellas pruebas careciera de valor científico o estadístico. La vida, la agonía, la tortura a la que fue sometido Britches, e incluso su muerte hubieran sido en vano.

El Experimento

Britches

El objeto del experimento al que era sometido Britches era comprobar si la ceguera produce daños a largo plazo en el cerebro. Por extensión se trataba de comprobar cuáles eran los daños que podía producir la sordera y la ausencia de estímulos desde el nacimiento. Para ello, además de suturar los párpados de Britches nada más nacer, los investigadores habían adosado al cráneo de Britches un dispositivo que emitía intermitente y constantemente un sonido de agudo. El director de esta investigación, el psicólogo David H. Warren, optó por utilizar crías de macaco argumentando que sería más cómodo que trabajar con niños ciegos.

La rutina del ensayo comprendía el estudio de seis grupos de cuatro crías de macaco cada uno. Los simios serían sometidos a ceguera inducida y a privación sensorial hasta los tres meses. Una vez terminado ese periodo serían sacrificados para comprobar cuáles eran los daños o alteraciones producidas en sus cerebros. En cualquier caso, 24 crías de macaco asesinadas en un estudio cruel y sin visos de aportar ningún dato relevante.
La liberación

Sin embargo Britches fue afortunado. Aquella noche del 20 de abril de 1985 un grupo de activistas del FLA se introdujo en los laboratorios de la Universidad de Riverside y encontró, además de a Britches, a otros 467 animales víctimas de experimentos parecidos. Los miembros del grupo relataban que entre los perros, gatos, cobayas, ratones que encontraron, todos estaban en una situación lamentable; algunos de ellos congelados vivos, otros llenos de llagas y laceraciones, la mayoría desnutridos.

Abrir los ojos

Britches fue puesto en manos de veterinarios que lo examinaron y cuidaron de él. Ned Buyukmihci, uno de ellos, declaró, después de observar el estado en el que fue rescatado Britches, que no había ningún tipo de justificación para llevar a cabo un "experimento" tan cruel e inhumano. Otro informe realizado tras una exploración sobre el recién rescatado Britches pone de relieve la situación de abandono y miseria en la que vivió sus tres primeros meses el bebé macaco. El informe detalla malnutrición, falta de higiene y cuidados, mala praxis a la hora de instalar el dispositivo de ultrasonidos así como en la práctica de la sutura.

Si todo el experimento al que se sometió a Britches es repugnante y se llevó a cabo con una dejadez asombrosa, los párpados cosidos de Britches fueron una de las imágenes que más impresionó a la sociedad de 1985. Y siguen siéndolo a día de hoy. ¿Quién puede ser capaz de coser los ojos de un recién nacido? ¿Qué clase de persona cosería los párpados de un niño? Nada puede justificar algo como esto.

Por suerte Britches fue rescatado, curado de sus heridas y trasladado a un lugar seguro donde una mona adulta lo adoptó como si fuera su propio hijo. Con algunos meses de retraso Britches recibió el amor y los cuidados que merece cualquier niño. Pero los ojos de Britches no fueron los únicos que se abrieron. La sociedad estadounidense también los abrió. El rescate de Britches inició un movimiento imparable en contra de la experimentación en animales. Aquel mismo año la propia Universidad de Riverside canceló 17 proyectos de experimentación con simios y prohibió prácticas como la sutura ocular en animales vivos. No fue una victoria, pero sí un pequeño avance.

El fin de la experimentación en animales

A pesar de que desde marzo de 2013 la Directiva Europea 76/768/CEE prohíbe la importación o comercialización de productos cosméticos que hayan sido testados en animales, bien como producto final o cualquiera de sus ingredientes, la realidad es que la experimentación de cosméticos en animales sigue existiendo. Muchas marcas de cosméticos utilizan ingredientes importados que se testan fuera de la UE, otras comercializan en el mercado chino donde todos los productos deben, por ley, ser sometidos a pruebas en animales en el propio país asiático. Además, dicha Directiva Europea deja fuera multitud de productos que se siguen testando en suelo europeo: drogas, productos farmacéuticos y de limpieza, pinturas, aerosoles, productos de consumo... Cada año 11, 5 millones de individuos son sometidos a experimentos solo dentro de la UE. El detergente que usas para fregar tus platos, tu desodorante en espray, la laca de tus uñas, la solución de tus lentillas o las propias lentillas que llevas puestas han sido objeto, por ley, de experimentación animal. Los tests habituales consisten en hacer ingerir el producto a animales sanos hasta comprobar cuál es la dosis letal, en verter el producto sobre sus ojos hasta comprobar qué dosis provoca ceguera, en hacerles aspirar el contenido de un aerosol hasta comprobar qué cantidad causa daños en sus pulmones...

Y sin embargo su sufrimiento es en vano

Según la organización Cruelty Free International, el 90% de las sustancias que se prueban en animales previamente fallan los ensayos (posteriores y obligatorios) en humanos. Es decir, no solo la muerte y el sufrimiento de esos animales no sirve para el fin que se supone debía tener, sino que además pone en peligro la vida y la salud de las personas que participan en los ensayos con humanos.

Los test in vitro, los tests sobre cultivos, las simulaciones matemáticas por ordenador o las pruebas sobre órganos artificiales son, no solo mucho más baratas e inocuas, sino que muestran un 90% más de efectividad. Entonces ¿por qué se sigue testando sobre animales? En parte por atavismo y por miedo, en parte por desconocimiento y falta de empatía hacia otros seres no humanos y sobre todo, por el ingente negocio que supone la cría, comercio y experimentación para las multinacionales farmacéuticas y químicas. Sin embargo, un movimiento implacable lucha cada día por el fin del sufrimiento al que son sometidos perros, gatos, roedores, peces, simios a lo largo y ancho del planeta.

Simplemente con elegir un producto no testado en animales estarás salvando la vida de miles de individuos inocentes, estarás colaborando a que el fin de la experimentación esté más cerca, estarás consiguiendo un mundo más justo y más igualitario para todos y para todas.

Iñaki Carrasco González

Poeta y escritor, periodista por imperativo moral. Ha cursado estudios de Conservación, Filología, Ingeniería y Música. Ha trabajado en prensa y radio, cuenta con varios libros publicados. Es director de entrevistas, consejero editorial y coordinador de la sección de ecología y derechos animales en DisparaMag. También colabora de cuando en cuando en la revista Yorokobu.

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