Llevo mi piel bajo el abrigo (La piel no está de moda)

Miércoles 14 de Diciembre de 2016
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PIELES

Durante muchos años tuve una pegatina en el cabecero de mi cama con la fotografía de un pequeño zorro donde se leía: “¿Tu madre tiene abrigo de piel? A la mía se lo arrancaron”.

Fue un detalle de ADDA, una de las asociaciones con las que mi padre colaboraba cuando yo era una niña, y acabó pegada en aquella madera que siempre veía antes de dormir. Era entonces demasiado pequeña para entender lo que realmente le había pasado su madre, pero esa foto siempre me produjo una inmensa tristeza.

Ahora sé que detrás de aquella imagen está la historia de los 40 millones de animales que cada año mueren gaseados o electrocutados (para no estropear su pelaje), después de haber vivido en diminutas jaulas sin espacio apenas para ponerse en pie. Animales que nacen sobre barrotes de metal y cuyas patas jamás pisarán la tierra. Zorros, ardillas, visones, chinchillas o mapaches que se vuelven literalmente locos por el confinamiento, desarrollando estereotipias que les hacen dar vueltas compulsivamente sobre sí mismos o autolesionarse debido al estrés.

Aquellos que no nacen en cautividad no corren mejor suerte. Más de 20 millones son capturados con todo tipo de trampas que mutilan y amputan sus extremidades o mueren a palos como los cachorros de foca en Canadá que acaban despellejadas estando aún con vida.

VITA PIELES

La moda (ya sea siguiéndola o rechazándola) es un medio de expresión, una forma de transmitir información al primer golpe de vista. La no comunicación no existe, continuamente comunicamos aun cuando no hablamos y el código vestimental es uno más de los que nos sirven para transmitir e interpretar información. La crueldad inherente a la industria de las pieles está en entredicho, empezamos a cuestionar si queremos abrigar nuestros cuerpos con prendas cargadas de historias de crueldad. Pero surge entonces un nuevo interrogante: ¿qué son realmente “las pieles”?

Me planteé por primera vez esta cuestión a raíz de una conversación con una compañera de la universidad, me preguntó que por qué usaba pieles si era vegetariana. “Yo no uso pieles ni las usaría jamás” respondí. “Bueno, llevas una riñonera y un brazalete de cuero, el cuero es piel.”

Busqué sin mucho éxito algunas justificaciones para explicar por qué el cuero era distinto a las pieles, pero no las encontré. La vida de las vacas en las granjas industriales es tan cruel como en cualquier sector de explotación animal, viven encerradas sin ver la luz del sol, amontonadas en sucias naves sin espacio ni para darse la vuelta. Viven prácticamente inmovilizadas hasta que alcanzan el peso suficiente para ser enviadas al matadero, donde morirán de un disparo en la cabeza que habitualmente las deja aún conscientes cuando son degolladas.

Su piel es el cuero que encontramos en zapatos, chaquetas y complementos. Sí, el cuero también es piel.

¿Y la lana? También. Durante miles de años, las ovejas se han seleccionado genéticamente para obtener la mayor cantidad de lana, esto se consigue criando ovejas con la piel exageradamente arrugada: cuantas más arrugas, más lana (y también más sudor y más riesgo de infecciones). En Australia, el mayor productor de lana del mundo, es habitual el “mulesing” una práctica que consiste en cortar literalmente trozos de piel y carne de los traseros de los corderos, para favorecer que las moscas que depositan sus larvas en la sudorosa piel de las ovejas, lo hagan en esa zona desprotegida y no se dañe el resto de la lana. Así ahorran gastos veterinarios mutilando directamente el cuerpo de estos sensibles animales.
¿Te imaginas un día tras otro con una herida en carne viva?

Además de la crueldad del “mulesing”, las ovejas suelen sufrir graves cortes, heridas y amputaciones de sus miembros como orejas o ubres, ya que a los esquiladores se les paga por oveja, no por hora, lo cual hace que el procedimiento sea extremadamente rápido y sin preocupación por los animales. Los puñetazos y las patadas son métodos habituales para inmovilizar a las ovejas durante el esquilado, como mostró la organización PETA en esta investigación.

Pensar que la sombra de las pieles es tan alargada resulta abrumador, cada vez somos más quienes no podemos encontrar comodidad en prendas y complementos que supongan sufrimiento para los animales. No, no queremos pagar un precio tan alto, las pieles se pagan en vidas.

Por eso las alternativas empiezan a florecer desde el mundo del diseño, la innovación y la tecnología. Ejemplo de ello es Piñatex, un cuero vegetal innovador hecho de residuos de las fibras de hoja de piña que se producen en el proceso de cosecha. Este material de fibra de piña ofrece una alternativa ecológica, sostenible y real al cuero animal.

VITA PIELES

Ya en 2013 la marca estadounidense VauteCouture destacó en la Fashion Week de Nueva York presentando una colección completamente vegana en las pasarelas. También la diseñadora Stella McCartney rechaza utilizar pieles o cuero en sus colecciones y lleva años cuestionando estos principios en la industria de la moda.

La línea de bolsos ecológicos y veganos Green Me, desarrollada en 2011 por Tiziana Domínguez, hija del diseñador Adolfo Domínguez, es otro ejemplo de la creciente preocupación por avanzar hacia una moda sin crueldad.

Sin irnos tan lejos, podemos encontrar marcas como Pepa Loves, una empresa malagueña que desde hace más de diez años presenta colecciones sin productos de origen animal y como afirman desde su web: “Tenemos la suerte de obtener prendas de calidad sin la necesidad de dañar a ningún animal. Nada que ver con las telas sintéticas de hace 10 años. Elegancia y calidad no son palabras que estén reñidas con el medio ambiente, ni tampoco que dependan de la vida de tantos animales.”

Mirar las etiquetas de lo que compramos es otro sencillo gesto revolucionario.

Ver a los animales que hay tras cada artículo de piel solo nos supone cambiar la mirada, dar un paso atrás para acordarnos de ellos, de las frías jaulas en las que viven, del miedo paralizante que sienten cada día, del dolor de sus indefensos cuerpos al ser despellejados. Un dolor como el tuyo y como el mío, que podemos evitar.

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