El derecho a disfrutar del campo lejos de las balas

Viernes 21 de Abril de 2017
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StopCaza

El 80% del territorio nacional forma parte de algún coto de caza. En la mayoría de regiones, entre unas modalidades y otras, se practica la caza durante todo el año. Podemos decir que el monte se encuentra literalmente tomado por los cazadores.

Según datos del Ministerio de Educación Cultura y Deporte, las modalidades deportivas más frecuentes que entran en conflicto con la práctica de la caza en espacios naturales (y que no perjudican a los animales) son el ciclismo, la carrera, el montañismo, el senderismo, el excursionismo, el esquí, la escalada, la espeleología, el piragüismo o el remo; las personas que practican alguno de estos deportes representan un 51,6% de la población frente a un escaso 2,6% de cazadores.

Es decir, aproximadamente 800.000 cazadores están condicionando durante la mayor parte del año y en un 80% del territorio nacional las actividades de ocio de casi 17 millones de personas. Actividades estas mucho más inocuas tanto para el medio ambiente, como para la conservación de la biodiversidad y desde luego para los animales. ¿Cómo es posible este inaceptable trato de favor hacia la actividad cinegética?

Uno de los argumentos habituales para justificar estas escandalosas cifras es que la caza supone un sostenimiento económico clave para el desarrollo de las zonas rurales. Este razonamiento resulta bastante cuestionable al comprobar el creciente interés de la ciudadanía por estas otras actividades y cuyo desarrollo se está viendo limitado por el acaparamiento de los espacios naturales que supone la actividad cinegética. Fenómeno que además se acompaña de la enorme caída del número de cazadores federados dada la falta de relevo generacional en esta práctica. Así, la Federación de Caza es la que más licencias deportivas ha perdido en los últimos cinco años según el Anuario de Estadísticas Deportivas.

Los límites que impone la actividad cinegética al desarrollo de otras actividades van desde la restricción del libre tránsito de las personas por caminos públicos, vías pecuarias, montes de utilidad pública y dominios públicos hidráulicos, al serio peligro que supone el mero hecho de transitar incluso las zonas consideradas “de seguridad” ante una legislación que apenas limita la distancia, siendo ésta, por ejemplo, de 25 metros en el caso de los bordes de caminos de uso público no asfaltados. Esto resulta claramente insuficiente sabiendo que es frecuente que los cazadores no respeten estos límites y que no siempre se encuentren en condiciones para empuñar un arma de fuego, bien sea por edad, por embriaguez u otras circunstancias que puedan mermar su aptitud física o psíquica.

Prueba de ello son las más de 28 muertes y los cerca de 5.000 heridos que tienen lugar de media cada año como consecuencia de la actividad cinegética.

No es extraño que se produzcan conflictos y agresiones por parte de los cazadores cuando son interpelados durante su actividad. Siendo un entretenimiento que lleva implícita la violencia y teniendo en cuenta que se trata de un sector profundamente machista, encontramos situaciones como la que se dio el pasado mes de noviembre en la que un cazador que “entrenaba” a una galga llevándola atada a una furgoneta en marcha, cogió del cuello, empujó y propinó patadas y puñetazos a dos mujeres que le llamaron la atención por los posibles daños que estaba causando al animal. “Que se fueran a fregar o a limpiar, que es lo que tienen que hacer, que ese es su perro y hace con él lo que le sale de los cojones”. Esas fueron sus palabras según afirma la testigo en la denuncia, así como repetidas amenazas de muerte. Hecho ante el cual, desde la Federación de Caza se emitió un comunicado en el que se apoyaba al presunto agresor y se reclamaba la regularización de este tipo de “entrenamiento” para galgos.

Otro ejemplo lo encontramos, sin ir más lejos, el mes pasado, cuando los cazadores cumplieron sus amenazas y mataron a tiros a 5 de los perros de Illona Mithell e Isidoro Perales y arrancaron un ojo a su caballo por impedir la caza en sus terrenos de Granada.

Colectivos como el de ciclistas vienen denunciando cómo en temporada de caza proliferan de forma alarmante las trampas como tablones con clavos, cuerdas uniendo troncos o piedras colocadas en mitad de los caminos como la que dejó parapléjico a un motorista en Asturias en 2015.

Aunque el artículo 128.1 de la Constitución española reconoce que toda la riqueza del país, sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general y esto obliga a la armonización de la explotación de recursos económicos con la protección del medio ambiente, los espacios naturales de utilidad pública se encuentran amenazados por diversos intereses particulares, lobbies que presionan a las Administraciones públicas con su afán especulativo y que incluso forman parte de ellas. El lobby cinegético es influyente y se compone fundamentalmente de representantes de los sectores más pudientes de la sociedad española: banqueros, empresarios, ganaderos, aristócratas, políticos o jueces. Es sabido también que alrededor de la caza giran sistemas de relaciones de negocio entre empresarios, políticos y financieros de alto nivel. El negocio de la caza se encuentra mayoritariamente en manos de unos pocos que se constituyen como una oligarquía para influir (y de hecho ejercen influencia) en todos los poderes del Estado.

Tenemos el deber de conservar y el derecho de disfrutar del ambiente como también reconoce la Constitución en su artículo 45.1. Sin embargo, comprendiendo que la práctica totalidad del medio natural está dedicada a la actividad cinegética y que no es posible el libre uso de los espacios cuando son objeto de caza, resulta claro que la caza es un impedimento absoluto para el ejercicio de uno nuestros derechos básicos: el disfrute del medio ambiente.

La caza agrede a la naturaleza, arrebata violentamente la vida de 30 millones de animales cada año, implica riesgos graves para la ciudadanía, envenena el medio ambiente con las más de 6.000 toneladas de plomo que vierte anualmente en nuestros montes, pone puertas al campo con sus cancelas y vallados cinegéticos y es incompatible con otros aprovechamientos no consumidores del medio natural.

La pelea por el campo es la de los intereses particulares frente a los colectivos, la de la dominación frente a la convivencia, la de la explotación y la mercantilización frente al respeto por el medio ambiente.

La pelea por el campo es entre quienes lo poseen para destruirlo y quienes defendemos tanto nuestro derecho a disfrutarlo como nuestro deber de protegerlo.

Comentarios

el campo es de todos incluyendo a los animales

En el municipio madrileño de villa del prado,los cazadores son "jueces y verdugos" con el beneplácito y protección de su alcaldesa y sus autoridades tanto de policía municipal como guardia civil. En dicho municipio se realiza caza durante todo el año y en zonas tan delicadas como terrenos de cultivo y en plena producción y cosecha,en los márgenes del rio y en estos últimos ademas acotan zonas para "entrenamiento de perros" en los cuales ademas de prohibirte el paso abusan y matan a sus perros. Vecinos han sido insultados,amenazados con sus armas y en ocasiones agredidos como paso con una chica a la que dieron una paliza entre varios los cuales habían sido previamente denunciados por maltrato animal. Cuando hay denuncias en el cuartel o ayuntamiento,estos no tramitan la dununcia interpuesta en temas referentes a cazadores y ellos mismos te "aconsejan" callar y dejar correr el tema. Hace poco fue denunciado un cazador por dejar morir de hambre a un montón de perros,conocido en el pueblo como "el gato",el mismo que particio en el linchamiento de una chica activista de gladiadores por la paz. Este individuo es conocido por muchos por su carácter tremendamente agresivo y numerosas amenazas en publico ensalzando su derecho a cazar y a dispararte si te cruzas en su camino

Muy buen artículo, con muchos datos. J. Carlos, te agradezco lo que has contado y me gustaría ahondar más en ese tema. No hay nada publicado sobre lo que has contado que está pasando allí. Gracias

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