Caza, violencia y corrupción

Viernes 05 de Mayo de 2017
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Caza

Que la caza es una actividad cruel y sangrienta parece estar fuera de toda duda. Según la definición del DRAE implica la muerte o captura del animal perseguido, y eso es sangriento, en un caso, o cruel, en el otro. Que la caza sea un deporte o, al menos se pueda considerar como tal, puede ser discutible, sin embargo es una actividad regulada, constituida en federaciones y reglada por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte por medio de la Ley 19/1990 de actividades deportivas.

En la web de la Real Federación Española de Caza (RFEC), dentro del apartado "¿qué es la caza?", y después de algunas vaguedades románticas sobre la actividad cinegética y alguna foto de animales muertos y sus verdugos, encontramos una definición de lo que supone esta práctica: "Por otro lado, la actividad cinegética es el entramado social que provoca. El levantarse de madrugada y quedar con los amigos (...). Es viajar con los amigos, es dormir en el hotel junto a ellos." Y esto está muy bien. No tenemos nada que reprochar a esos amigos que madrugan para encontrarse, conversar y salir al campo. Bueno, nada salvo que, como es el caso, lo hagan armados y con afán de arrebatar la vida a otros seres. Nada salvo, y esto es lo más importante, quiénes sean esos amigos, qué entramado social supongan y qué clase de conversaciones mantengan. Porque, y parece que esto se le ha escapado a la RFEC, la caza (particularmente la caza mayor, es cierto) suele ser lugar de encuentro de corruptos y poderosos. Suele coincidir con el momento génico de los grandes desmanes económicos, arreglos bajo mano y corruptelas sin fin.

El cine ha retratado muy bien este tipo de escenas: La Escopeta Nacional (Luis G. Berlanga, 1978), La Caza (Carlos Saura, 1966)... De hecho, y aunque la cacería ha sido una actividad ligada al poder desde que el poder existe, fue el propio Franco quien hizo de la caza y la montería lugar de encuentro y lucro para poderosos y negociantes de todo pelo. El 16 de octubre de 1959 el propio dictador organizó la mayor cacería de perdiz roja de la que se tiene registro. Entre 12 y 18 armas, según la fuente que se consulte, abatieron más de 4600 ejemplares de este ave en una finca de la provincia de Ciudad Real. Los invitados pertenecían a la aristocracia económica e industrial del Régimen.

Paradigmática es la imagen del monarca emérito ante una cámara cuando, tras recibir el alta de la operación de cadera que se fracturó en Botsuana, dijo con voz apenada aquello de "lo siento mucho, me he equivocado y no volverá a ocurrir". Fue una de las crisis de popularidad más graves que la monarquía ha vivido en nuestro país desde su restauración por parte del franquismo en 1969. El monarca, al igual que habían hecho sus ancestros, abandonaba sus funciones para embarcarse en una costosa cacería en el sur del continente africano cuyo cargo corría a cuenta del maltrecho erario público. Todos y cada uno de nosotros estábamos pagando la afición sangrienta de un hombre que no mostraba la mínima sensibilidad ni con el resto de sus compatriotas a los que se les pedía un "esfuerzo para superar la crisis" ni con aquel elefante junto al que posaba satisfecho en una foto después de haberle asesinado. Y fue precisamente aquella foto lo que hizo caer al anciano de su trono. Un hombre viejo y decrépito que es capaz de acabar con la vida de uno de los seres no humanos más inteligentes del planeta ¿merece realmente representar al conjunto de la ciudadanía española? Obviamente no, ese fue el clamor popular. Incluso WWF decidió retirarle la Presidencia de Honor de su organización.

Ejemplos parecidos han dado figuras recientes de la corrupción y el poder como Miguel Blesa quien, tras saquear Caja Madrid y arruinar a miles de familias con la estafa de las preferentes, decidió dar rienda suelta a su afición por la muerte de animales exóticos e irse de cacería. En 2009, en plena crisis, el ex director de Caja Madrid pagó entre 15.000 y 23.000 por abatir a un oso pardo en los Cárpatos (Rumanía). Lo hizo con un rifle valorado en 10.000 euros, y todo gracias a que durante su estancia en Caja Madrid pasó de cobrar 70.000 a 1,2 millones de euros. Percibió entre 2007 y 2010 un total de 12 millones de euros de una caja de ahorros, por tanto, una entidad pública, a la que él mismo había llevado a la ruina.
Francisco Granados, David Marjaliza, Alejandro Agag, Eduardo Zaplana o Francisco Correa también organizaron o participaron en cacerías en las que se cerraban negocios turbios. Según cuenta uno de los arrepentidos de la trama Púnica en algunas de ellas además se organizaban timbas de póker donde se apostaba con billetes de 500€ y se terminaba la jornada con mariscadas y prostitutas.

Y este es otro de los pilares sobre los que se asienta todo lo turbio que hay detrás del morboso negocio de la caza: carnismo, machismo y prostitución. Basta viajar por la cualquier carretera de cualquier provincia para encontrar al borde de la misma locales en los que se ejerce la prostitución. Basta tomar, por ejemplo, la autovía A4 para encontrar (otra vez a la altura de la provincia de Ciudad Real, curiosa coincidencia) los mismos "clubes de carretera" junto a armerías y grandes vallas publicitarias que anuncian cotos de caza. Basta conocer un poco el mundo y el entorno de la caza (otra vez, particularmente la caza mayor, pero también la menor) para saber que la caza no es solo aquella actividad romántica y ligada a la querencia hacia lo rural. No digo con esto que todo aquel que salga temprano de casa, con un arma en el maletero del coche y se encamine a un coto o se eche al monte vaya a pasar el día en un club de carretera o se vaya a fundir los ahorros de 500 en 500 en una timba ilegal, pero que es un comportamiento muy extendido dentro de la caza y dentro de los entornos de cazadores, sí.

Hay un último brazo de todo lo turbio que se relaciona con la caza. Solo en el último trimestre de 2016 y según el informe del Observatorio contra la Violencia de Género, el 18,3% de las medidas de protección adoptadas por los juzgados implicaron suspensión en las licencias y tenencia de armas. Cuantitativamente este tipo de medidas supusieron, solo en ese trimestre, un total de 754 bajo Ordenes de Protección y 256 bajo Medidas Cautelares. Es decir, de un total de 14.712 medidas judiciales de protección de toda índole, algo más de un millar estaban relacionadas con armas de fuego. Aunque el informe no aclara si se trata de armas deportivas o de otro tipo podemos colegir que, en su mayoría se trata de armas de caza por el hecho de que en nuestro país hay más armas de caza que de defensa. Por otra parte la hemeroteca recuerda que un sinnúmero de casos de violencia machista están relacionados de un modo u otro con armas de caza. Baste como ejemplo el caso acaecido en ese mismo periodo que abarca el informe de OVDG, en el que, el pasado 19 de diciembre el periodista Alfons Quintà acababa con su vida y la de su ex esposa con una escopeta de caza.

El propio hecho de considerar a otro ser vivo como algo objetual que puede ser cobrado como pieza y a quien se le puede arrebatar la vida por deporte o afición, implica la aceptación consciente o inconsciente de la superioridad frente al entorno. Dicha superioridad se encuentra en la raíz de los otros males que señalábamos: machismo, carnismo, violencia, corrupción... No somos estúpidos, no somos ilusos, sabemos que la erradicación de la caza no acabaría con esos males, del mismo modo que la desaparición de las armas no terminaría con la violencia, pero resulta imprescindible comprender cuáles son los problemas y cuál es la red de relaciones que se establece entre ellos para poder identificar y poner bajo el foco qué es aquello que queremos desterrar de una sociedad futura mejor, más justa y en la que todos y todas tengamos cabida, independientemente de cuál sea nuestra piel, de cuáles sean nuestras patas o nuestras plumas.

Iñaki Carrasco González

Poeta y escritor, periodista por imperativo moral. Ha cursado estudios de Conservación, Filología, Ingeniería y Música. Ha trabajado en prensa y radio, cuenta con varios libros publicados. Es director de entrevistas, consejero editorial y coordinador de la sección de ecología y derechos animales en DisparaMag. También colabora de cuando en cuando en la revista Yorokobu.

Comentarios

Suscribo todo, desde la primera a la última letra. Lo peligroso de esta gente es el poder que les permite actuar como lo hacen, son incapaces de sentir empatía o piedad, pueden saquear las cuentas de los jubilados, ordenar desahucios o matar seres inocentes con una prepotencia inhumana. Lo mas preocupante es ¿porqué y cómo llegan al poder?

Sublime

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