Animales rescatados de la caza

Miércoles 12 de Abril de 2017
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Las cifras de víctimas que deja la caza en nuestro país tras su paso por bosques, ríos y montes son abrumadoras. Incluso en el caso de las víctimas colaterales, como ocurre con los perros, hay datos sobrecogedores del Seprona o de algunas asociaciones, pero también un limbo de cifras que nos hace pensar que no están todos los que deberían. Si los casos de estos animales no están recogidos en los datos oficiales, ¿dónde están?

Hay un pequeño número de animales que huye de las escopetas, flechas y machetes, que consiguen encontrar asilo en santuarios o protectoras a salvo de ese gran coto de caza (un 80% de la superficie de nuestro país) que es España. No hay un registro oficial, ni se contabilizan más que de forma individual en cada centro de rescate, pero existen. Según el Grupo de Rehabilitación de la Fauna Autóctona y su Hábitat (GREFA), en activo desde 1981. Por su hospital han pasado más de 40.000 animales silvestres recogidos por diversas causas tales como intoxicaciones, atropellos, cazadores, trampas, expolio o cambios en el entorno.

Sin embargo, de los más desprotegidos por las leyes, son los animales que se encuentran dentro de la categoría “cinegética”. Codornices, corzos, lobos, cabras montesas, torcaces, ciervos, jabalíes, patos o zorros, entre otros, quedan expuestos a las actividades de caza mayor y menor en nuestro país y, solo en casos muy puntuales, encuentran una segunda oportunidad gracias a la intervención humana en la naturaleza y a la rápida respuesta de los equipos de rescate.

¿Quiénes protegen a los animales?

Sobre la necesidad de ayudar a los animales en la naturaleza, ahondaba largo y tendido la doctora en Ética por la Universidad Pompeu Fabra Catia Faria: tenemos el deber moral de ayudar a quienes se encuentran en situaciones de peligro. Ser de una u otra especie es irrelevante a la hora de tener en cuenta moralmente a quienes tienen la capacidad de sentir.

Para ello, hablamos con Juan Ballesteros López, un Agente para la Protección de la Naturaleza de Aragón y ahora también voluntario en su tiempo libre del santuario de animales El Hogar Provegan sito en Tarragona. “Los casos de rescates más comunes, por desgracia, son la recogida de cadáveres por electrocuciones de aves, colisiones con eólicos, atropellos de mamíferos, envenenamientos…” nos dice Juan. Pero estas llamadas suelen ser para las especies catalogadas. Una clasificación puramente humana, ya que todos los animales tenemos la capacidad de sentir. “Con animales dentro del listado de cinegéticas ya las llamadas no son tan comunes y muchas veces la solución que dan es el plomo. Pero cuando el aviso llega a nosotros tenemos la posibilidad de liberarles” continúa el agente rural, “son rescates complejos y peligrosos porque son animales muy fuertes y muy asustados.”

El furtivismo y los daños a especies protegidas también están a la orden del día, así que sobre los cazadores, Juan nos dice que se limita al que deben hacer por trabajo, como exigir la documentación: “No inspiramos respeto a este colectivo, alguno se niega a identificarse o entregar el arma.” No extrañan sus palabras si recordamos el asesinato por parte de un cazador a dos agentes rurales en Lleida a principios de 2017: el presunto homicida no tenía permiso de armas y la escopeta ni siquiera era la suya. “Vamos desarmados frente a gente armada. Lo normal es que no pase nada, pero casos se dan: palizas, amenazas, atentados contra los coches… según el territorio, la cosa puede ser peor” concluye Juan.

Agentes rurales como Juan hacen posible que unos pocos afortunados se salven, pero hay equipos de rescate de particulares que ayudan a los animales sin importar la especie a la que procedan. Son los santuarios de animales donde, en su mayoría los rescatados de las granjas y explotaciones ganaderas, se recuperan de una vida destinada al consumo humano. En estos sitios también han rescatado animales de especies consideradas cinegéticas. Estos animales tienen nombre propio y desde que entran al centro gozan de atención veterinaria personalizada, una dieta adecuada a sus necesidades y una familia con la que compartir el resto de sus días mientras se recuperan de las heridas físicas y psicológicas que acarrean de su pasado.

La veterinaria especializada en animales considerados de granja, Esperanza Álvarez, fundadora, además, del santuario de animales El Valle Encantado, ha recibido en su centro varias codornices heridas de la práctica de caza denominada “codornices a tubo”. Es tal la crueldad de esta práctica, considerada un deporte, y permitida en este caso por la Comunidad de Madrid, que muchas de estas pequeñas aves mueren en el acto de ser lanzadas al aire. “La mayor parte tenía las patas sucias de heces, por haber vivido toda su vida sucias y hacinadas en pequeñas jaulas” nos dice la veterinaria. “Algunas de estas codornices mueren en el momento, la mayoría sufren fracturas de huesos en alas y patas.” Y en cuanto a su recuperación, Esperanza cuenta: “en ocasiones hay que vendar las alas o amputarlas. Las patas pueden repararse con férulas. Las codornices se desplazan caminando, no a saltos ni volando, de modo que necesitan las dos patas, tener una sola les acarrea la muerte tarde o temprano.”

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Fantasía, una cierva improntada

Fantasía es el nombre con el que bautizaron a esta cierva, desde El Hogar Provegan, el santuario con el que colabora Juan, el agente rural. Es una cierva adulta improntada, es decir, nunca ha estado con otros congéneres. Vivía encerrada en un pequeño zulo de 3m2 durante 8 o 9 años (los ciervos suelen vivir 10 años). Elena Tova, la directora del centro, nos dice que el hombre que la tenía se la encontró de bebé. Le daban de comer piensos con cereales por lo que estaba obesa y sin musculatura. Su veterinario pudo hacer un certificado en el que acredita que es una cierva improntada y necesita vivir en un santuario de animales.

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Nadia, una oveja víctima de la caza

“Los cazadores encima nos decían que no nos preocupáramos, que si un día nos mataban un animal nos lo pagaban. Como si la vida de un animal tuviera precio.” Ismael López es el responsable, junto al veterinario Coque Fernández, del santuario de animales Gaia, de la provincia de Girona. Tras varios avisos al ayuntamiento y a las autoridades para que los cazadores respetasen el terreno del santuario rodeado con pastor eléctrico, el pasado mes de marzo sucedió: todas las ovejas y cabras salieron en estampida tras escuchar un fuerte disparo dentro del santuario. Tras poner a todas a salvo, los responsables del santuario se dieron cuenta de que faltaba Nadia, una de las últimas ovejas rescatadas. Nadia había llegado de una granja de Lleida donde tenían a varias ovejas con las piernas rotas e incluso a una con la mandíbula fracturada. Cuando Coque e Ismael corrieron hacia ella, uno de los perros de los cazadores ya la tenía cogida y al acercarse pudieron ver que Nadia ya estaba muerta. Más de 300 personas se congregaron en Campodron para protestar por lo sucedido, brindar su apoyo al santuario y exigir al ayuntamiento que haga cumplir lo que más de cien mil personas han firmado ya en esta petición de Change.org: que se respete un perímetro de seguridad libre de caza cerca del santuario. Es decir, que en ese lugar seguro donde los animales se recuperan de los traumas y heridas provocados, entre otras cosas, por la caza, no campen a sus anchas los cazadores con sus armas.

Doc, el pequeño jabalí criado para sparring

Hay historias que por crueles parecen de novela. Pero, de alguna forma, la realidad siempre parece estar dispuesta a superar a la ficción. Este es el caso del jabalí Doc. Laura Luengo, la fundadora del santuario madrileño Wings of Heart nos dice: “A Doc lo secuestraron de bebe en Cáceres. Un cazador asesinó a la madre e hizo algo que es muy habitual entre los cazadores que es llevarse los jabatos para entrenar a sus cachorros y perros más jóvenes a matar.” En Wings of Heart le han devuelto su vida. Laura relata: “desde el primer día se integró con la familia de cerdos y no puede perderles de vista ni un segundo, porque se pone muy nervioso. Eso y que le rasquemos la barriga es su felicidad.”

Las historias no acaban aquí: Bambi y Brownie dos ciervos rescatados por Reserva Wild Forest. Bambi estaba aún con el cordón umbilical puesto junto al cadáver de su madre. O el zorro Lapi, cedido por el Seprona a Animal Rescue Spain y que ahora vive en el centro para animales silvestres de la Cañada Real.

Son pocas historias en comparación con las cifras de muertes que deja la caza a su paso por nuestros campos. Pero son historias que deben conocerse porque dignifican a los otros animales con los que compartimos el planeta y dan fuerzas a quienes hacen posible que este puñado de vidas se salven y sigan contando.

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