PSOE, el Frankenstein de la política española

Jueves 11 de Febrero de 2016
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El Monstruo de Frankestein - PSOE
Pedro Sanchez, secretario general del PSOE y Felipe González, ex-secretario general del PSOE

El punto crítico de ebullición

Las elecciones del 20 de diciembre del 2015 han sido la visualización externa, para quienes dudaran de los análisis previos, de que el sistema de turno bipartidista alumbrado en nuestra primera transición ha llegado a su fin.

Sí, siguen siendo los dos partidos con mayor número de escaños y los más votados (por los pelos el segundo, pero aun así los segundos), pero al igual que un barco al ser alcanzado por un torpedo no se hunde de forma inmediata, en estas elecciones han mantenido parte de la inercia de las últimas décadas. En cualquier caso, el boquete en la línea de flotación y la consiguiente vía de agua es ya irreparable.

No se trata de una coyuntura concreta o de un resultado excepcional producto de una crisis económica (este país ha sufrido otras crisis de enorme dureza que no conllevaron cambios de este calado en el superfondo). No, la vía de agua no son estas últimas elecciones, la vía de agua es una sociedad inmersa de pleno en un proceso de cambio y de empoderamiento político. Balbuceante aun, sí; dando tropezones típicos de quienes dan sus primeros pasos, pero imparable.

En anteriores crisis económicas, y no sistémicas como ésta, la sociedad no estaba aún preparada ni madura. La inercia era aún elevada, las rémoras de décadas de dictadura aún pesaban demasiado. Poco a poco el fiel de la balanza, año a año, ha ido desplazándose hasta superar el punto de equilibrio y status quo en el que nos manteníamos como sociedad.

El 15 de mayo del año 2011 no fueron los partidos existentes, anclados por las mismas rémoras e inercias, sino la sociedad por delante de ellos y como vanguardia quien inclinó definitivamente el fiel de la balanza. Ya no hubo marcha atrás. Aquel día se alcanzó el punto crítico que nos ha llevado de momento hasta aquí, y que aún ha de llevarnos mucho más lejos.

Es el bipartidismo el que se hunde, no los grandes partidos

Aun así, que el bipartidismo esté tocado de muerte no implica que ambos partidos lo estén, ni mucho menos. Al igual que al fallecer uno de los dos cónyuges se deshace la pareja, pero uno de los dos sigue vivo.

En este caso es el Partido Popular el que ha sobrevivido a su compañero de viaje en el turnismo, es el Partido Popular el partido que subsiste y que, no olvidemos, ha sido el más votado en estas elecciones generales.

Las explicaciones a ésto no hay que buscarlas en el sustrato social de España, tampoco en la unidad de la derecha española. En estas elecciones ha habido otra clara alternativa de derechas en las papeletas a quien se podía votar. A pesar de todo, la sangría de votos que el PP ha sufrido ha sido menor de lo esperado y sobre todo sus perspectivas futuras no han sido ni muchísimo menos tan funestas como las del partido de la calle Ferraz. Nadie se plantea a día de hoy si el PP está en proceso de desaparición.

El Partido Socialista, en cambio, tiene ante sí un panorama funesto y negro, con alternativas y opciones a cada cual peor para ellos y sin ninguna salida aparente a dicho callejón. No hay una conspiración (no me resisto a escribir "judeo-masónica") contra ellos, o mejor dicho, no hay una conspiración externa contra ellos (matizo porque a veces podría parecernos que si la hay, pero entre sus propias filas). No, no se trata de ésto. Ésto no explica por qué el PP está aguantando mejor el embate del cambio y se aferra con más fuerza a su posición de privilegio y privilegios que el cada vez más demacrado PSOE. Tampoco lo explica el sustrato social de una España mayoritariamente progresista, ni la demografía, ni tener poder institucional, ni nada similar. Las causas de la muy diferente situación en la que se encuentran los otrora grandes partidos de España deben ser miradas en clave de coherencia interna de ambos y de sus propias acciones o falta de ellas.

La coherencia

El Partido Popular es un partido intrínsecamente coherente. Por supuesto que hay diversas sensibilidades, corrientes e ideas en su seno, sí, y en ocasiones está lejos de tener un pensamiento tan único como pueden aparentar. Pero es un partido que tiene un gran eje vertebrador que une y aglutina. El Partido Popular es un partido conservador en la plena acepción de la palabra.

Sus votantes son votantes eminentemente conservadores, por muy variados motivos: por cuestiones relacionadas con la demografía y la edad, por cuestiones relacionadas con el estatus vital y el consiguiente deseo de mantenimiento de dicho status quo, por convicción ideológica, porque "hasta ahora me va bien y temo cambiar", porque "no me va demasiado bien", porque "está en mi naturaleza y en mi psique que los cambios siempre son a peor".... Los porqués son muchos, la consecuencia es una: un votante en general conservador. El militante de base del Partido Popular lo es también. Según avanzamos en la pirámide, la base de motivos se va reduciendo pero mantiene esa constante invariable. Un militante activo del partido popular es conservador, teme a según qué cambios y lucha desde su ámbito para evitarlos apoyando a quienes se enfrentan con aquellos que abanderan los cambios progresistas.

Los cuadros del Partido Popular sin duda también lo son. Por supuesto que a ese nivel del lodazal que es la política interna del PP y del PSOE hay muchísimos otros intereses en juego. Personales, meramente económicos, de familia y un enorme etcétera. Pero en el Partido Popular es francamente difícil sino imposible tener un cargo en el partido o ser promocionado a un cargo público medianamente relevante sin ser de buena familia como quien dice: familia política o familia de genes y apellido. Tanto por ideología, como por el carácter en general más que conservador de lo que entendemos por buena familia, los cuadros del Partido Popular son eminentemente conservadores. Si alguien tiene dudas o curiosidad sobre esta última afirmación puede dedicar unos minutos a recopilar los apellidos de cuadros del PP. Sin duda encontrará muchos Pérez y Martínez, en ese caso es difícil saber si son de “buena familia” o no, todo se simplifica cuando encuentramos “Astigarraba-Bordes-Del Cetro-Burdeso de las altas torres”, apellido digamos no demasiado común en esta España nuestra. No es clasismo por mi parte reseñar ésto, es clasismo por la suya no dejar acceder a la política a aquellos que no cumplan dichos requisitos.

Por último, llegamos a los dirigentes, a los “padres de familia”. El PP es uno de los herederos directos del franquismo. No solo idiológicamente, también de una forma más directa y literal. Es extraordinariamente sencillo trazar una línea directa entre una gran parte de los dirigentes del PP, actuales e históricos, y las más altas instancias políticas del franquismo. No es el objeto de este articulo desgranar que tan bien o mal está ésto y, a fin de cuentas, que tu padre fuera ministro del dictador Francisco Franco no debería de anular los derechos políticos de un ciudadano de por vida. Es importante ponerlo en relavancia por si alguien tuviera dudas de los porqués del nivel de conservadurismo de los líderes del Partido Popular.

Como podemos observar en el día a día (más allá de lo que ya hemos desarrollado) toda la columna vertebral del partido popular es conservadora, y esa coherencia les ha permitido mantener un suelo electoral nada despreciable. Son el partido más votado en estas elecciones y, sobre todo, han configurado un futuro menos oscuro que el del PSOE. El PP podrá decir que éste es un muy mal resultado electoral y que se trata de una crisis electoral pero no así de una crisis vital. La supervivencia del Partido Popular a día de hoy no está en entredicho, tan solo su buena salud electoral en esta coyuntura. No podemos decir lo mismo del PSOE, ni mucho menos.

El monstruo de Frankenstein

Decían en su día en campaña electoral que el PSOE es el partido que más se parece a España. Quizás sea cierto, pero España es diversa, demasiado diversa para caber dentro de un partido sin que se le rompan las costuras como al PSOE.

El votante del PSOE es un votante diverso: progresista en ocasiones (con lo que conlleva) pero también conservador a veces (solo que en este momento a muchos les va mal, y ahora hay que cambiar, pero cuando me vaya bien conservar claro).

También tiene votantes conservadores pero que en ocasiones tienen un aspecto muy concreto de sus vidas en el que necesitan que haya un cambio político dramático que les afecte gravemente, lo que en ocasiones les ha hecho votar PSOE y una vez logrado ese pequeño cambio que tanto les afectaba, volvían al redil conservador. La casuística, es interminable.

Pasemos a la militancia: la militancia del PSOE no mantiene ni muchísimo menos ese patrón. Es una militancia claramente progresista y claramente convencida de lo que defiende. No tiene la más mínima duda respecto a cuestiones como la corona, el aborto, las libertades civiles y políticas, la relación Estado-Iglesia, la redistribución justa de la riqueza, la igualdad de oportunidades, la independencia de los poderes en una democracia, etc.

Seguimos escalando y llegamos a los cuadros, los mandos intermedios y electos del PSOE. Ahí cualquier posibilidad de coherencia salta por los aires. No quiero entrar a detallar a la clase media del Partido Socialista, pero como breve trazo puedo decir que encontramos militantes que han logrado escalar en base a su trabajo en la organización y que mantienen la actitud progresista (con los adecuados filtros que la política de partido impone) con la que empezaron su andadura.

También nos encontramos con una cada vez más nutrida masa de “profesionales de la política” que tras los años de bonanza y gobierno del PSOE fueron colocados en cargos públicos o internos y que a estas alturas de la vida no tienen ya posibilidad, capacidad, talento, o ganas de sustentarse a sí mismos fuera de la política institucional y la política de partidos. Muchas de estas personas no tienen el colchón económico que da el "ser de buena familia" o la extensa red de contactos y recolocaciones de las que otros partidos disfrutan. De hecho, según el PSOE va perdiendo peso en la política institucional.

Además, hay integrantes de esta clase media que pertenecen a la familia política de algunos de los líderes del partido y que por lo tanto, o a ellos se deben, o con ellos concuerdan (seamos generosos, no todo el mundo es un paniaguado). Al llegar a la clase dirigente del Partido Socialista es cuando damos la última vuelta de tuerca a la situación: la clase dirigente del PSOE es profundamente conservadora por varios motivos y desde distintos orígenes. Muchos de los líderes del partido y de los personajes que han tenido mayor relevancia en su historia (consulten las hemerotecas y rastreen los familiares) son también herederos directos del franquismo y del tardofranquismo. El PSOE –las capas más altas del PSOE- está trufado de hijos y sobrinos de ministros de la época franquista, jueces, altos funcionarios, empresarios, sindicalistas verticales, líderes de comunicación...

Hay muchos otros líderes, cuya procedencia quizás sea distinta, pero que a día de hoy se juegan mucho a título personal y económico pues su sustento y bonanza, depende de si continuan siendo miembros del Consejo de Estado de las distintas instituciones, o asesores de determinadas empresas, o miembros de diversos consejos de administración de empresas del Ibex 35. Y esas personas aunque no tengan función orgánica a día de hoy o tengan poca, aún mantienen un profundo liderazgo en el partido y muchos resortes colocados por ellos mismos.

Nos encontramos hablando pues del PSOE como un auténtico monstruo de Frankenstein político. Un monstruo con una masa electoral variopinta: entre progresista y conservadora; una militancia rabiosamente progresista; unos cuadros que según de donde sean o venga son progresistas, conservadores, centralistas, federalistas, soberanistas, nacionalistas españoles, de quien pague más, de quien me coloque o de sabe dios quien. Por último una clase dirigente profundamente conservadora e influenciada por gente aún más conservadora.

¿Y como un partido así ha gobernado alguna vez y sobrevive?

Porque ésta era una de las grandes “bondades” del bipartidismo, porque solo había dos opciones, la mala o la peor, la peor o la funesta. Daba igual hasta cierto punto cuan mal lo hicieran los grandes partidos. Cuando uno gobernara el irremediable desgaste de la acción de gobierno les pasaría factura a cuatro u ocho años vista y gobernaría el otro, y vuelta a empezar en un ciclo al que no se le vislumbraba fin hasta el mes de Mayo del año 2011.

El PSOE no tenía nadie que le sacara las vergüenzas, nadie que tuviera opciones reales de sacar un resultado electoral suficientemente importante como para que se tambaleara el bipartidismo. La IU de Julio Anguita lo intentó y cosechó unos resultados electorales espectaculares, pero jamás, jamás, puso en peligro (no por su gusto, que bien hubieran querido) el sistema de turnismo. Y sin nadie que desnudara las vergüenzas del PSOE a los millones y millones de votantes que no se implican en la política, era imposible.

Hasta que llegó Podemos y las desnudó.

Los dirigentes, los cuadros y una buena parte de la militancia tienen instalado el discurso –bien azuzado por quienes se mantienen aferrados al poder- de que Podemos “va a por ellos” se busca en el enemigo externo ese elemento aglutinador capital para poder mantenerse en sus poltronas, pero el PSOE hace mal en mirar fuera la causa de sus problemas.

Es imposible, absolutamente imposible una vez caído el bipartidismo, aspirar a que las cosas continúen como en los buenos viejos tiempos sin tener un discurso coherente.

No se puede a la vez hacer promesas y políticas revolucionarias, progresista, centristas, conservadoras, reaccionarias, para la casta, para los de abajo, para la clase media, para los centralistas y para las nacionalidades históricas.

No aquí, no ahora en esta España del año 2016. Muchos dinosaurios del partido no son capaces de entender esto, pues durante décadas a ellos les funcionó todo muy bien. Pero eran otros tiempos y ellos pertenecen a esos tiempos. Otros sí lo entienden pero arriman el ascua a la sardina de sus intereses sin la más mínima consideración hacía su partido, no digamos ya a la sociedad Española a la que se deben.

¿Y ahora qué?

El PSOE debe de definir dónde está, qué es y qué quiere ser. Tiene salidas por delante y, contrariamente a lo que pudiera parecer, una buena salud y organización interna. Realmente, el resultado que han sacado en estas circunstancias –por supuesto que ayudado por la ley electoral, sí, pero no olvidemos que ha obtenido cinco millones de votos- es mucho más de lo que se podría esperar del monstruo de Frankenstein de la política española. Pero a cada minuto que pasa, y con cada nueva elección a la que se va presentando, su declive se acentúa más y más y más.

Pedro Sánchez, ,tras aprestarse a la tarea de conformar gobierno tras los resultados del 20-D vuelve una vez más a intentar navegar en las procelosas aguas de la posición de su partido. Tiende la mano a izquierda y derecha sin distinciones. A los de arriba y a los de abajo sin rubor, para no molestar a nadie y contentar a todo el mundo. A sus dirigentes, a sus cuadros y a sus militantes. No le envidio la papeleta, no es fácil sin duda.

Pero se puede engañar a mucha gente por poco de tiempo, o a unos pocos mucho tiempo, pero no a todos todo el tiempo. Y cada nuevo proceso electoral, va demostrándoselo.

Y pocas ocasiones mejores va a tener el PSOE que la que tiene ahora Pedro Sanchez a la hora de intentar formar gobierno. Ésto no son promesas electorales o discursos, esto es fuego real con munición de verdad. Ésto son obras que como decía mi padre son amores, y no buenas razones. Y por sus actos les conoceremos.

Les toca ahora a los socialistas, del primero al último de ellos, decidir qué son y con quién quieren estar. La mayoría de los máximos dirigentes del partido lo tienen claro, siempre lo han tenido, y demuestran palmariamente dónde creen que debe de estar su partido a la primera ocasión que tienen. Pero a los cuadros y sobre todo a sus militantes, que tienen las manos libres de hipotecas y rémoras, es a quienes les toca pensar realmente dónde quieren estar.

Eso o cerrar filas y seguir pensando tranquilamente que es que el malvado Podemos les tiene manía y va a por ellos.

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