Nadie está hablando de unidad popular en realidad

Lunes 01 de Junio de 2015
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Nadie está hablando de unidad popular en realidad

¿Qué es la unidad popular?

Mucho se lee, mucho se escribe y mucho se habla sobre la unidad popular en estos días, concepto difuso y líquido que no es sencillo definir de manera unívoca; es una expresión bastante manoseada y que en estos últimos meses cada cual usa acorde a sus intereses. Es tan amplia que cabe dentro lo que casi cualquiera tenga intención de colgarle.

La simple resonancia de las palabras parece que definen de una forma muy clara lo que es: el pueblo, unido. Sí, pero el “pueblo”, nosotros y nosotras, somos todas: quienes votan a IU, quienes votan a Podemos…y quienes votan al PP. El pueblo somos de izquierdas y de derechas, apolíticos, asqueados, desencantados, de centro, ilusionados y cabreados.

La unidad popular tiene vocación agregadora, aglutinadora y hegemónica. No se trata de convencer a los demás de que nuestra opción es la correcta y que cambien su parecer y su voto. Eso no es unidad popular, eso es un partido político de toda la vida.

Mas al contrario, se trata de “dejarnos convencer” todos más que convencer a los de enfrente. Pulir un poco aquí y allá, en esas aristas irreconciliables, tragar un poco, y construir sobre la base de lo que sí está en común. Con especial atención a la realpolitik y al sentido común hegemónico. Y con esa estricta observancia lograr unidad.

Pero evidentemente, esa unidad que se articule, una vez realizado “lo más difícil”, debe poder concurrir a las elecciones en el complejo engranaje institucional de nuestro sistema de partidos. A las elecciones concurren partidos políticos, cosa que no por obvia hay que dejar de señalar, no plataformas ciudadanas o corrientes de opinión.

La ciudadanía necesita que exista un partido político X a través del cual pueda presentarse a las elecciones. Necesita esa famosa herramienta que se lo permita. Podemos nació con la vocación de ser un marco jurídico coordinado y estable que sirva de punto de arranque ya organizado para poder aglutinar a su alrededor la unidad popular. Nuestro sistema electoral (cualquiera en realidad) lo precisa. Esa fue la tesis y es ya la praxis del modelo Podemos. No se trata de izquierda o derecha, se trata de los de arriba y los de abajo, se trata de la centralidad del tablero, que no es centralidad ideológica. De hecho, tiene relativamente poco que ver con la ideología. Se trata de crear el marco para la unidad popular. Y digo praxis porque Podemos ya se ha presentado como tal a las elecciones autonómicas y ha propiciado la entrada en los parlamentos autonómicos de un elevadísimo número de personas, ideas y opiniones que de otra forma –es innegable- JAMÁS hubieran logrado obtener esa representación institucional. Esa es la unidad popular. Y por eso siempre decimos que en Podemos cabe todo el mundo, no ya por una mera cuestión cuantitativa (cuantos más seamos mejor) sino por una cuestión de base; Podemos ha nacido para eso.

¿Entonces por qué si Podemos es la unidad popular es acusada ahora por algunos actores de impedirla o estorbarla? Porque esos actores y actrices de la política tienen otros objetivos. No es realmente la unidad popular lo que desean, aunque este sea su eje discursivo para lograr lo que entienden como mejor. Y cuando digo que no la desean es que realmente no la desean, no les parece buena ni deseable. Luego hablando de Alberto Garzón explicaré porqué.

¿Quiénes son pues los que piden la unidad popular y qué pretenden en realidad?

En aras del pragmatismo voy a hacer una reducción de quiénes son y quiénes los conforman. Sin duda hay muchos, muchísimos más matices (tantos como personas), pero es posible hacer algunas divisiones que clarifiquen el escenario. En concreto, dos actores principales y cada uno de ellos con tres niveles de integrantes. Quienes actualmente se erigen con más fuerza como los paladines de lo que llaman unidad popular son tanto externos a Podemos (IU principalmente) como internos (miembros de Podemos). Y cada uno tiene sus tres niveles de personas que, por distintos motivos, apoyan las iniciativas:

- Los del frente de izquierdas: son aquellos que apuestan por un frente de izquierdas en vez de por la unidad popular. Realmente no quieren la unidad popular que es Podemos, prefieren un frente de izquierdas. Que no es en absoluto lo mismo. Externamente, IU. Internamente, diversas personas, teniendo las más destacadas un origen común y lógico, Izquierda Anticapitalista. Digo lógico porque hablamos de un frente de izquierdas.

Nada que objetar ni reprochar, salvo las voluntarias imprecisiones discursivas, pero me parece muy legítimo que piensen que un frente de izquierdas es una mejor opción. Otra cosa es que Podemos no sea su sitio en ese caso. Más adelante, relataré por qué se desea un frente de izquierdas en vez de una unidad popular por parte de algunos. Y para ello usaré las recientes declaraciones de Alberto Garzón.

- Los convencidos: son aquellos a quienes los ejes discursivos sobre los que se asienta la retórica del actual contexto sobre la unidad popular les han efectivamente convencido y no han terminado de separar el grano de la paja. Personas que están legítimamente descontentas con la forma en la que se están haciendo las cosas (en IU, en Podemos o de donde sea que procedan) y cuyo descontento es canalizado hacia una nueva opción “renovadora” donde puedan hacerse las cosas de una forma que entienden mejor.

Por supuesto tampoco nada que objetar. Bien marchándose a otro partido o bien presionando desde dentro, persiguen lo que creen más adecuado. Otra cosa es que su análisis sea o no correcto. Y en este caso me ha sorprendido encontrar a mentes políticas brillantes que creo que no han terminado de ver el trasfondo global en esta cuestión. Esto da una medida de que el discurso empleado es poderoso y atrayente y de que no es fácil discernir.

- Los oportunistas: en los casos externos, son miembros principalmente de IU u otras organizaciones que, en vista de las previsiones electorales, saben que la única forma de que sus integrantes obtengan representación pasan sí o sí por lograr concurrir a las elecciones con el marchamo de Podemos y su potencia transformadora. No supone algo necesariamente siniestro, aunque sí oportunista, en la acepción menos peyorativa posible, y un poco parasitario. Nada siniestro, a diferencia de aquellos y aquellas que solo se preocupan por SU propia carrera política, que, por supuesto, en las iniciativas de las que estamos hablando también los hay. Ambos son oportunistas externos, si bien sería injusto meterlos exactamente en el mismo saco. En el caso interno, hablamos de miembros de Podemos que, por los motivos que sean, no han logrado situarse donde deseaban de cara a estas primarias y se aprestan a iniciar lo que desean sea un viaje de ida y vuelta.

Estar en Podemos, no lograr objetivos, “salirte” de Podemos para presionar lanzando órdagos divisores para forzar negociaciones de confluencia; negociaciones que esperan que les acaben dejando en la posición que no han logrado de inicio.

Escuchad y leer lo que cada uno dice estos días sobre la unidad popular y cómo lo dice y comprobareis que a casi casi todo el mundo se le puede meter con sus matices en uno de esos cajones.

¿Por qué un frente de izquierdas y no la unidad popular?

Este texto es aplicable a quienes desean que Podemos sea parte de un frente de izquierdas. Pero usaré como punto de partida las declaraciones recientes de Garzón al respecto.

Cuando se escuchan por primera vez no suenan mal las declaraciones de Garzón explicando cómo se conforma la unidad popular, pero es un planteamiento absolutamente falaz. Tras esas palabras se esconden otros intereses e intenciones –legítimos y nada oscuros- pero, desde luego, completamente distintos a los teóricamente expuestos.

Los dirigentes de IU han demostrado durante muchos placidos años (bien distintos de las actuales circunstancias que tenemos en Podemos) que están convencidos de que su partido, su ideología y las personas que la conforman son las únicas que tienen la clave. Y de que cualquier otro proyecto traicionará el proceder revolucionario que defienden como único camino por el que se puede lograr acceder al poder, ya que la alternativa a IU se deslizaría irremediablemente a la reformista y burguesa socialdemocracia de la que abjuran. En consecuencia, IU se niega, legítimamente, a dejar de ser un bloque de poder que influya poderosamente como tal en la línea ideológica a tomar. No, no les vale con que las personas, una a una de su partido, estén integradas en Podemos, ya que es el partido, y el bloque de poder que representa lo que debe de existir como tal. IU prefiere tener 3 diputados como IU (Antonio, María y Carla) a que Antonio, María, Carla y otros 34 integrantes de su partido tengan tal condición en Podemos. Aunque la ideología y pareceres de dichas personas no cambiaran al cambiar de carnet.

Ese bloque de poder trabaja en una dirección contraria a la estrategia de Podemos, siguiendo tenazmente una estrategia que se ha demostrado perdedora y con la que el régimen del ´78 está completamente encantado. No estamos hablando aquí de puestos o cargos. Muchos ex militantes de IU están ya integrados en parlamentos autonómicos, habiéndose presentado en las listas de Podemos, y siguen siendo igual de republicanos (por ejemplo) que en abril de este año. Todas las personas (como puede ser el caso de Garzón que acaba de rechazar el ofrecimiento para integrarse en las listas) son bienvenidas en Podemos. Pero no es bienvenida la estrategia, como tampoco lo es el bloque de poder que no quiere dejar de ser IU. Lamentablemente, IU no quiere eso y rechaza de plano esa confluencia de personas (y sus ideas). La dirección de IU cree únicamente en una confluencia de partidos que sí o sí se mantengan como tales, pudiendo aceptar luego que la marca electoral fuera con otro nombre, pero que les permita seguir siendo un partido y el consecuente bloque de poder.

Estoy absolutamente convencido de que IU está equivocada en sus planteamientos electorales, lo que tampoco me lleva a molestarme con ellos. Pero lo que me cuesta más aceptar es la actitud irresponsable de sus declaraciones y de sus acciones. Por primera vez desde la transición existe una posibilidad real de que gobiernen España personas elegidas democráticamente por la ciudadanía y no por los mercados o por la casta del ´78. Y lo que está haciendo IU, por no abandonar una estrategia que no ha logrado desbordar en casi 40 años, es poner en peligro esta posibilidad real de poder, propiciando de esta manera que el voto pro-democracia real en las próximas elecciones acuda dividido a las urnas para regocijo de la Troika, la banca, el régimen del ´78 y el gran capital. Tras el fracaso de Ciudadanos como alternativa a Podemos, los poderes que nos tienen de rodillas, viendo que no llegaban vivos a las generales y temiendo además lo que pudiera pasar en Grecia, han encontrado un balón de oxígeno inesperado en la estrategia de desunión y confrontación de IU contra Podemos.

Podemos ha sido inmisericordemente atacado por IU desde su creación y ahora es acusado de no querer confluir bajo sus premisas y sus condiciones. Hace tiempo que IU se preocupa mucho más de atacar a Podemos y de hablar de Podemos que de intentar derrotar al régimen del ´78. Entre otras cosas, porque saben que no pueden o no saben cómo hacerlo. En IU únicamente quieren subsistir para que su ideología y su forma de encarar la revolución a la que aspiran, subsista. Aunque con ello puedan llevarse por delante la única posibilidad que hemos tenido en 40 años, posibilidad que no sabemos cuándo volverá a presentarse.

Me resulta asombroso que todavía haya algunas personas que se preguntan qué queremos decir muchos cuando expresamos que el régimen quiere vernos situados con el patrón de la izquierda (con sus maneras, su ideología, sus formas de proceder que no son la primera vez que vemos y que volvemos a ver ahora). Por esto es por lo que quieren vernos ahí. Y por eso mismo hay que escapar.

Yo no tengo nada en contra del comunismo, creo que posiblemente lo soy y todo...aunque últimamente, empiezan a hacerme dudar. Comparto al 100% los postulados económico-filosóficos de Marx. Pero parece ser, dicen por ahí quienes hoy en día representan y encarnan el comunismo, que no vale solo con eso, que todo comunismo es revolucionario o no lo es por definición. Si no lo es se cae en el reformismo burgués y la propia revolución es ahogada desde dentro. Creo firmemente que el análisis marxista es plenamente válido a día de hoy, con sus matices, pero no así el paradigma clásico y ortodoxo de la revolución. La sociedad ha cambiado profundísimamente y las viejas recetas están caducas y perfectamente contrarrestadas y controladas paradójicamente, en parte, por el uso que el gran capital hace de quienes aún enarbolan esas banderas.

De esto hablamos cuando hablamos de unidad popular, éste es el trasfondo de esta cuestión. A nadie se le escapa que la herramienta para la unidad popular sí existe y se llama Podemos. Pero nuestro partido no busca hacer una revolución clásica según parámetros y ejes discursivos que creemos perdedores y que hemos estudiado hasta la saciedad. Bajo esa premisa, en tanto en cuanto no decidamos cambiarla –cosa que creería un error, pero que lo aceptaría democráticamente o me iría a otro partido- todo aquel que desee la unidad es bienvenido en Podemos, ya sea a título individual, como “corriente interna” o bien como partido si es el caso… pero no IU; mientras no renuncien a ser bloque de poder que busca el frente de izquierdas, y lo mismo vale para cualquier bloque que quiera serlo como tal. Como personas, con sus ideas, adelante todos, los que están fuera y los que ya están dentro (o iniciando viajes de ida y vuelta). Seguramente coincidiremos ideológicamente más de lo que nadie podría imaginar. Pero como bloques organizados que persiguen una opción distinta a lo que es Podemos y a lo que hemos decidido todos que fuera, no. No por nada, sino porque ellos quieren hacer las cosas de otra forma.

Y nosotras tenemos muy claro que de esa manera se vuelve a perder, y en esta caso, mucho más que unas simples elecciones.

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