La semana insanta de Podemos

Miércoles 30 de Marzo de 2016
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Pablo Iglesias y Echenique

Podemos ha vivido la que posiblemente haya sido la semana más convulsa de su existencia: su semana insanta, plagada de pecadores que han pecado de muchas cosas. Aunque normal en procesos de empoderamiento, para muchos, todo esto es nuevo.

Démonos perspectiva. Esto lo escribí tras Vistalegre, octubre del 2014:

«¿Pero qué lío es éste? ¿De qué va toda esta historia de los de Podemos peleándose por esto o aquello? He oído que son luchas internas por el poder, he oído que son ataques premeditados de la casta, he oído tanto… ¿Qué pasa? Decepción, desilusión, enfrentamientos, desunión y un colectivo de personas “agraviadas” y cabreadas que sienten que han perdido su tiempo y que se sienten —lo hayan sido o no— engañados. ¿Es esto un cataclismo, el fin de Podemos?»

Esto no es el fin del mundo, ni el inicio de uno nuevo, ni lleva al apocalipsis interno ni es la salvación.

Hoy los axiomas y las certezas categóricas de antaño ya no sirven. Y lo que lo sustituye desaparecerá en breve. Puede resultar paradójico que el cambio que propugnamos nos genere problemas, pero nosotras mismas necesitamos adaptarnos y entender que todo cambia, y constantemente.

Debemos asumir que nada de lo que construimos tanto a nivel organizativo como a nivel discursivo va a perdurar en exceso. El momento político no lo permite, y aferrarse a lo conocido —aunque apenas lo sea desde hace un año— puede ser aferrarse a lo viejo, a algo caduco y que ya no es útil. Las sucesivas líneas que enarbolamos son planteadas, analizadas, aprobadas y ejecutadas; pero no están creadas para perdurar.

Éste ha sido uno de los problemas que de forma soterrada ha estado en el trasfondo de toda esta semana. Los elementos vehiculares han sido otros, sí, pero activados por la falta de resiliencia.

Parte de nuestro partido se ha aferrado a unos marcos que han sido buenos y útiles en su momento pero que ya no sirven. Ser estudioso y conocedor de la forma de actuar de aquello que combatimos es peligroso, pues uno admira cuánto de eficaz —que no de bueno— hay en sus actuaciones e incorpora a su acción lo que estima correcto dentro de sus valores. Parecería lógico y razonable en un mundo moderno, pero no en uno posmoderno.

Por más que a otros partidos les funcione exasperantemente bien según que modelos organizativos o líneas discursivas, no disponemos ni de sus recursos ni de su experiencia ni de sus resortes. Y si intentamos medirnos con ellos en ese terreno de juego, seremos clara y ampliamente derrotados. «Nunca te rebajes a discutir con un imbécil, pues te llevara a su terreno de imbecilidad y, una vez allí, te ganara por experiencia.»

En algunos momentos de este extenuante ciclo electoral era importante ser eficaces en el minimo plazo y no quedaba más remedio. Pero el ciclo terminó. Quizás pueda haber otras generales, pero como ciclo, ha terminado y no podemos esperar más.

Y, paradójicamente, menos aún por la situación de, entre otras, la comunidad de Madrid. Cambiamos un modelo que muchos no compartían en su esencia, pero que han ayudado a implementar, lo que no es en absoluto contradictorio.

Quienes ejecutan hoy o ayer ciertos modelos, han visto con estupor cómo quienes les apoyaban y ponían su empeño ahora no sólo no perseveran sino que reman por lo contrario. Les cuesta asimilarlo.

«¿Qué ha cambiado para que ahora no estés de acuerdo?» Pues ha cambiado todo, porque todo está cambiando a velocidad de vértigo.

¿Condenados a mutar constantemente?

No estamos condenados pues no es condena alguna. Y «nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.» Impactante que tengamos que decirnos a nosotras que el cambio no es algo perjudicial. Esta situación política no permite usar un tranquilizador y conocido carril por el que las cosas discurran tal y como estamos acostumbrados, aunque sea costumbre de apenas unos meses. Cambia, todo cambia.

Las olas que dejan un pequeño rastro en la arena

¿Entonces, todo se lo llevará el viento y da igual que hagamos? No, porque cuanto vamos haciendo, va dejando un pequeño poso. No hay verdades inmutables, como muy acertadamente señalaba Alba Rico: «estamos siempre empezando, como Sísifo o Prometeo, y ningún relato puede considerarse ni definitivamente construido ni decisivamente constructivo.»

Pero cada una de las líneas discursivas y de los significantes que vamos enarbolando son como olas cuando sube la marea; rompen con fuerza en la playa y van avanzando por la arena dejando cada vez una nueva marca en la tierra seca un poquito más alta que la anterior, para luego desaparecer.

Aferrarse a una línea que ya ha cumplido su función o a modos y maneras organizativos caducos o que imitan a modelos de antiguos partidos, es desear que la misma ola de hace diez minutos vuelva y remate la tarea. No volverá: aquella ola partió, dejó su poso, hizo su parte; empeñarse en reproducirla es receta para el fracaso.

Nuestro partido se enfrenta a la vigésima catarsis, y admitamos que esta no es menor.

En este momento concreto hay una doble vertiente que conduce al mismo lugar. Hemos de reinventarnos discursivamente una vez más ante el agotamiento de algunos significantes y lo poco interesante de retomar algunos viejos, y hemos de reinventarnos organizativamente — a los resultados electorales me remito— tras el languidecimiento del modelo que tan bien nos ha servido.

Ambas líneas conducen al mismo lugar: reocupar la democracia como significante de cabecera. A quienes nos interesan los modelos organizativos vivos, adaptables y llenos de contrapesos y checks and balance nos da igual que se apueste por ellos por convicción, estrategia o necesidad sobrevenida —mientras se apueste.

Madurez política y empoderamiento

Pero entendamos que nada es para siempre ni está escrito en piedra como dijo Monedero en Vistalegre. Vacunémonos contra la decepción y la rebelión cuando ese momento llegue, que llegará. Seguiremos trabajando en ello con lealtad, como otros compañeros y compañeras seguirán trabajando, esperemos que con lealtad, ahora en las líneas que entienden como mejores una vez pasado el inicial disgusto.

Los significantes y lo que conllevan van sucediéndose constantemente y algunos serán cíclicos. Los tiempos ultra-acelerados del consumismo político en el que vivimos lo imponen. Y ahí es donde debemos de hacer fuertes un núcleo de significantes que seon los propios de Podemos y los que nos diferencian del resto.

Somos diversas y hay personas que han hecho de ciertos significantes su bandera. Esto es positivo, pues de otra forma ciertas inercias se acaban cristalizando y eso nos condenaría. Es positivo que existan contrapoderes y grupos que presionen de forma honesta y leal en la dirección que creen adecuada, o se acaba haciendo del tacticismo una bandera y un bien por si mismos, estrechando cada vez más nuestro núcleo de significantes hasta que alguien logre imponer una visión única —lo que sería sin duda nuestro fin como agente del cambio.

La táctica y la estrategia nos irán llevando en cada momento de uno a otro dentro del núcleo que nos hacen ser lo que somos.

No se trata de «estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros», se trata de entender que no todo momento va a ser hegemónico para todo principio.

Cuando la marea te acompañe, trabaja cuanto puedas para que la ola llegue lo más arriba posible de la playa y deje cuanta más y más duradera marca mejor. Y cuando la marea baje, trabaja con lealtad para que vuelva y, mientras, ayuda a tus compañeros y compañeras.

Ni esto es el apocalipsis ni es el momento dorado, pensar en esos términos maniqueos y absolutos es pueril. Hemos de seguir empoderándonos y madurando.

Aferrarse a una línea de forma dogmática, sea la que sea, y hacer saltar la banca cuando otras tienen más peso es el infantilismo de cierta izquierda que tan duramente hemos criticado, cuando no infantilismo a secas.

¿O qué demonios si no se supone que es aceptar la diversidad?

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