El PSOE en el laberinto

Lunes 29 de Mayo de 2017
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“Y si Vuestra Magnificiencia, alguna vez, desde su atalaya, dirige la mirada hacia estos bajos lugares, conocerá cuán inmerecidamente soporto un largo y continuo infortunio”. Maquiavelo.
La militancia del PSOE ha votado. El ganador de las primarias ha sido Pedro Sánchez. El candidato de la militancia se ha alzado con la victoria frente a Susana Díaz, la candidata del “aparato”.

¿Puede esta victoria cambiar el rumbo de la socialdemocracia española?

Si algo se puede demostrar es que, a nível europeo, la socialdemocracia está en descrédito. Años de apoyar las políticas de austeridad la han llevado a desaparecer prácticamente en Grecia y a ser muy minoriatrios en Francia. Sin embargo, en España, pese a ir perdiendo apoyos a lo largo de los años, el PSOE sigue siendo la segunda fuerza política española en número de votos.

Es una evidencia que la socialdemocracia española, al igual que la europea, se encuentra en una crisis profunda, senil como decía Santos Juliá en las páginas de El País. No obstante no ha sufrido un deterioro como sus partidos hermanos de buena parte de Europa. De hecho, la victoria de Sánchez en estas primarias se está viviendo como un empoderamiento de las bases del PSOE frente al aparato. ¿Pero se puede confíar en las bases del PSOE? ¿Ideológicamente, había alguna diferencia entre los candidatos de las primarias o sólo les separan odios personales y sillones en la administración pública?

Intentar buscar la raíz de los problemas actuales del PSOE en una disputa entre tres candidatos a la secretaría general del partido creo que es un sin sentido. Pienso que las causas se encuentran en un vacíamiento ideológico del PSOE y de su militancia que ha llevado, indiscutiblemente, a un odio visceral entre las diferentes corrientes. Corrientes que no se adscriben a diferentes maneras de analizar y dar soluciones a los problemas de la sociedad, sino a cabezas visibles.

La socialdemocracia española se quedó sin respuestas tras modificar el artículo 135 de la Constitución. Echó lo que le quedaba de ideología a los pies de los proceres del Mercado. A partir de ahí, solo le quedaba la gestión de la austeridad.

En estas primarias se ha visto como todos los candidatos vaciaban de significado cantidad de palabras. Hablan de izquierda sin decir qué significa, dicen que la izquierda son ellos. Hablan de socialistas sin decir qué es el socialismo. Socialistas dicen que son ellos.

Desde Suresnes, han mantenido un edificio quitándole poco a poco los pilares. Se han deshecho de conceptos básicos para la socialdemocracia como nacionalización, redistribución o clase social. Sin embargo, hay un pilar que han dejado intacto: el sentimiento, la identidad. El orgullo de su pertenencia, el adscribirse a un partido que solo ha hecho acciones por el bien del país. Han eliminado toda autocrítica a su proyecto político.
Los militantes del PSOE han pasado de militantes de ideas a convertirse en una hinchada de fútbol. Han cambiado las ideas por los sentimientos. Han cambiado la fuerza de la transformación por la nostalgia de un pasado que nunca volverá. Están transitando por el instinto más básico, pero a la vez, por la debilidad más absoluta: el estar orgulloso por el “ser” socalista y no por el “hacer” socialismo.

Esta noche he visto a militantes del PSOE estar felices porque han visto ganar a una candidatura que, sorprendentemente, no se diferenciaba casi nada en ideología de las otras. A eso ha llegado la socialdemocracia española, a hacer un debate político hablando sólo de caras y no de propuestas. Por eso la socialdemocracia entendida a la manera de la Segunda Internacional es una cosa del pasado. Podrá tener militantes, pero no tendrá ideas.
Hoy, la socialdemocracia española se encuentra en la posición del Príncipe al que Maquiavelo pedía que se fijara en el pueblo que sufría desde hace tiempo un largo y contínuo infortunio.
Esta noche he visto a un Pedro Sánchez pletórico, orgulloso, convencido de poder cambiar el rumbo del país.

Sólo espero que dentro de seis meses Pedro Sánchez no tenga que salir lloriqueando otra vez en Salvados diciendo que le han impedido hacer lo que él pretendía. Sólo espero eso...

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