El juicio de Pedro

Miércoles 02 de Marzo de 2016
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Pedro Sanchez discurso

Cuenta el mito de El juicio de Paris que la Guerra de Troya se originó porque, ante el casamiento entre Peleo y Tetis, todos los dioses fueron invitados con la excepción de Eris, diosa de la Discordia, debido a su naturaleza problemática. Así que Eris, apareció en la fiesta con una manzana dorada con la inscripción καλλίστῃ (“para la más bella”), que arrojó entre las diosas dando inicio a la riña de Afrodita, Atenea y Hera, que la reclamaban para sí mismas. Zeus, para no tener que elegir entre ellas tres, siendo una su esposa y las otras dos sus hijas, le encargó a Paris ser juez de la disputa. Cada una de las diosas intentó, pues, ofrecerle algo a cambio de su designación como la más bella (poder político, destreza militar o la mujer más hermosa de la tierra). Paris, un hombre apasionado eligió el ofrecimiento de Afrodita, lo que supuso el rapto de Helena (esposa de Menelao de Esparta) y el inicio de la Guerra de Troya. Si podemos extraer alguna conclusión de este mito es que no es Discordia la que causa la guerra, sino que la misma se deriva, primero de la exclusión de Discordia y, después, del hecho de que la más alta instancia del Olimpo le encomendase a Paris el ineludible deber de decidir quién era la más bella. Paris, movido por sus bajas pasiones, elige bien para él y mal para los humanos. ¿Familiar?

El juicio de Paris - Peter Paul Rubens
El juicio de Paris - Peter Paul Rubens

Ayer, Pedro Sánchez se enfrentaba a su discurso de investidura. Los dioses de hoy parecen haber aprendido la lección y no dejaron fuera a quien parecen considerar de naturaleza problemática. Pedro Sánchez invitó a la fiesta a todo el mundo, buscando, sin duda, rechazos. Pero lo cierto es que Pedro señaló, sino a la más bella, si a la menos fea. Sánchez, el único político español invitado (junto a Juan Luis Cebrián y Ana Botín) a la última edición del Club Bilderberg (al que finalmente no acudió entre durísimas críticas) ya ha dejado claro que la más guapa no es otra que Ciudadanos, a los que me dirigiré de aquí en adelante como la herramienta política del IBEX 35. Su discurso, de 101 minutos, estuvo plagado de citas propias, no ya de una obra, sino del wikiquote de Paulo Coelho, o de cualquier coach motivacional de tres al cuarto. Sin embargo, resultó altamente interesante atender a sus omisiones. Como ese típico consejo a quien no es capaz de disfrutar del jazz: “escucha los silencios, no las notas”. Total, para decir que se intensificarán las puertas giratorias, mejor no decir nada... También fue interesante ese punto de revolución pasiva gramsciana, según el cual, debe acordarse ya aquello en lo que todos estamos de acuerdo. En ese sentido, por ejemplo, se anunció, no la derogación completa de la Reforma Laboral, sino sus puntos más polémicos. ¿Qué es eso sino un intento de salvar todo lo que sea salvable de dicha Reforma Laboral? No menos interesante fue atender a las repeticiones. Desde las más de 50 veces que se repitió la palabra cambio y que recuerdan, al exceso de ornamento del que más que vestirse se disfraza; o la insoportable mención reiterada a que la revolución socialista, la segunda venida de Cristo y la paz perpetua estaban a una semana de distancia; lo que no pude evitar que me recordase al mítico cartel que presidía uno de los kioskos de Orcasitas y que rezaba “hoy no se fía, mañana si”.

Pero, más allá de omisiones y repeticiones, como nos gusta el riesgo, vamos a hacer un somero análisis de algunas de las cosas que Pedro dijo aparentemente en serio. Pedro comenzó interpretando a sus anchas el mandato popular. Para Sánchez, lo que los españoles no quieren no es —qué se yo— no llegar a fin de mes, no tener un empleo digno, ver a los corruptos librándose de la cárcel, que haya desahucios o que los que más tienen no paguen impuestos en la patria de su pulserita; lo que los españoles no quieren, a juicio de Pedro, es (agárrense) ¡defensas cerradas de los programas electorales! ¿No es Mariano un experto en eso de obrar no atado por su programa? ¿No es una reivindicación demasiado larga de los votantes que quien llegue al gobierno cumpla, al menos, una buena parte de lo que su programa dice? Tal vez sea eso de compartir cama política con la herramienta política del IBEX 35, pero Sánchez ayer dio una clase magistral de doble discurso. A las 16:40 fue capaz de decir que "tenemos un mandato de los ciudadanos que nos reclaman que abandonemos las políticas del sr. Rajoy" y a las 16:43 que "nuestra propuesta es tender la mano al PP para dialogar sobre los grandes temas de Estado". Claro, Pedro, claro... La solución está en que las políticas que Sánchez entiende que los españoles han decidido abandonar no son grandes temas de Estado. En esos ya sabemos que PP y PSOE (y, en última instancia, la herramienta política del IBEX 35, por supuesto) coinciden hasta en los agradecimientos especiales. Pedro, así mismo, insistió hasta el hastío en su intención de formar un Gobierno del Bien Común mientras anunciaba que subirá el Salario Mínimo Interprofesional menos del incremento de la inflación. En definitiva, el mismo juego de trileros de siempre.

Comenzábamos con El juicio de Paris y con cómo la exclusión de cierto grado de Discordia, más que asegurar la armonía y el orden en el Olimpo, lo imposibilita. Esto nos recuerda a esa obsesión del discurso de Sánchez por lo obligado (¡casi totalitario!) del diálogo y el consenso. El mito mencionado también muestra cómo las consecuencias del caos de arriba suelen acabar en sufrimiento de los de abajo. Nos sugiere, así mismo, la torpeza y la cobardía de los dioses: Zeus reina pero no gobierna, diría alguno y tras su torpe y cobarde elección de Paris, preso de sus bajas pasiones, cabe preguntarse si no hubiese sido mejor que la propia Eris decidiese quién era la más bella. Sobre los aspectos positivos de permitir cierto grado de Discordia, Hesiodo en Trabajos y días establece dos tipos de Discordia: una es cruel y fomenta la guerra, pero la otra es más amable con los hombres e incluso logra que los perezosos trabajen duro al tener en cuenta a su vecino. Bien, ayer presenciamos un oxímoron similar: los que hace unos años cercenaron nuestra Constitución y soberanía mediante la reforma del artículo 135, de acuerdo con el PP y sometiéndose a los chantajes de los poderes económicos, hablaron de Bien Común y de una modificación de dicho artículo. Eso no quiere decir que los perezosos se hayan puesto a trabajar duro, ni que la avaricia o la indecencia se haya convertido en justicia social. El camino que queda es largo y agotador, y estará presidido por espejismos que, más que ser ignorados, deben ser tenidos en cuenta, en tanto que —como los mitos antiguos— estructuran la experiencia de la realidad. Más aún en ese espejismo absoluto que es la realidad parlamentaria.

Eris, diosa de la Discordia
Eris, diosa de la Discordia

Jon U. Salcedo - Redactor Jefe

Jon U. Salcedo

"Desclasado de barrio obrero en proceso de reeducación voluntaria. Juro que empecé Ciencia Política tres meses antes de que naciera Podemos. Madridista de izquierdas. Fundamentalista ignóstico enganchado al pandeísmo y otras sustancias."