Democracia vs. Estabilidad: Sí a la moción de censura

Jueves 11 de Mayo de 2017
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Moción de censura

La “búsqueda de estabilidad” que dio origen al carácter constructivo de la moción de censura de nuestra Constitución, es la que permitió la investidura de un Gobierno que no deja de sorprendernos con casos de corrupción. Hoy es el argumento de PSOE y Ciudadanos para rechazar la moción de censura de Podemos.

El pasado jueves 27 de abril Podemos anunciaba su intención de presentar una moción de censura contra el Gobierno de Mariano Rajoy, en vista de la acumulación de casos de corrupción que ha sumido a España en “un estado de excepción democrática”. Por el momento se cumplen los requisitos para la presentación de la moción, pero no para la aprobación de la misma: sobre todo tras la inmediata negativa de PSOE y Ciudadanos a participar en lo que han calificado como un “circo” o una propuesta “de mala fe”. Ambas fuerzas políticas afirman querer combatir la corrupción al tiempo que apuestan por la estabilidad. Más allá de consideraciones político-tácticas, estos argumentos denotan una falta de rigor y seriedad en la comprensión y respeto de nuestro sistema democrático e institucional.

La moción de censura de la Constitución de 1978 se importa del sistema alemán de 1949, en el que nacía lo que se conoce como “moción de censura constructiva”. Se trata de un modelo de moción de censura innovador en cuanto a que exige la postulación de un candidato alternativo que suceda al Primer Ministro o Presidente del Gobierno censurado. El resto de características suelen ser comunes a la mayoría de sistemas parlamentarios: contar con una décima parte de los diputados para su registro y con una mayoría cualificada del Parlamento para que salga adelante.

La moción de censura constructiva se puede encuadrar en la corriente del denominado como “parlamentarismo racionalizado”: el conjunto de técnicas que buscan garantizar la estabilidad del Gobierno a través de la restricción de los mecanismos por los que el Parlamento puede cuestionar al Poder Ejecutivo. El origen de estas técnicas se encuentra en distintas experiencias institucionales anteriores a la Segunda Guerra Mundial que habrían llevado a la inestabilidad de los gobiernos por haber dotado de excesivo poder a los parlamentos: sus detractores los calificarán como “regímenes de asamblea”. Este sería el caso de la III República francesa y de la Alemania de la República de Weimar. Por lo tanto, la exigencia de un candidato alternativo en la moción de censura se prevé en tanto que garantía de la estabilidad del Gobierno.

Si los mecanismos de supervisión del Gobierno contenidos en nuestras Constituciones ya se dotan de contrapesos que garantizan la estabilidad institucional, parecen carecer de sentido las críticas antes mencionadas a la moción de censura de Podemos. El actual Gobierno de Rajoy ya fue investido en condiciones de excepcionalidad, gracias al voto de Ciudadanos y la abstención del PSOE, bajo el mantra de la búsqueda de estabilidad. Es evidente entonces que la inestabilidad no nace por la presentación de una moción de censura, sino que la precede y supera el ámbito institucional. El panorama político-institucional, tras las elecciones de 2015 y 2016 ha cambiado bruscamente, y es expresión de esa inestabilidad, como ha ejemplificado el fracaso del decreto para la reforma de la estiba. En este sentido, la crítica a la moción de censura está ligada a una negación de este cambio político, porque pide a gritos una profundización democrática.

Precisamente, la moción de censura está ligada en nuestro sistema parlamentario a la investidura del Gobierno. La investidura estaría llamada a ser un “contrato de legislatura” entre el Congreso y el Gobierno, que puede romperse gracias a la existencia de los mecanismos de control del Título V de la Constitución. En esta XII legislatura sin mayoría absoluta, el carácter de contrato entre partes de la Investidura se debería haber acentuado y, por lo tanto, las obligaciones de ambas partes en el mismo.

PSOE y Ciudadanos, en tanto que parte en ese contrato parecen haber asumido que su apoyo en la investidura era incondicional, extendiendo el argumento de la estabilidad a cualquier situación. Y digo cualquier situación ya que no se me ocurre otra más grave que el entramado de corrupción, utilización partidista de las instituciones públicas y quiebra de la separación de poderes al que hemos asistido estas semanas. Así, podríamos considerar que el PP ha roto con sus obligaciones en el contrato (entre sus obligaciones estará por lo menos el respeto por las instituciones públicas) pero PSOE y Ciudadanos siguen cumpliendo religiosamente con su parte.

La caricaturización de la moción de censura por parte de PSOE y Ciudadanos pone en cuestión su propia consideración como oposición, ya que la moción es el mecanismo fundamental - en última instancia - con el que pueden negociar y poner límites al Gobierno. Si como plantea Pierre Rosanvallon, el poder en singular es ya Poder Ejecutivo, lo único que nos queda son las herramientas de control del mismo, de las que PSOE y Ciudadanos deberían ser los primeros abanderados.

Evidentemente el resultado de las elecciones no permite conformar el Gobierno que preferiría cada actor político de forma individual. Pero de entre todos los gobiernos posibles, un Gobierno desacreditado, que corrompe el funcionamiento democrático de las instituciones y la separación de poderes, es de los peores posibles. Un acuerdo para formar un Gobierno provisional, que aparte la corrupción de las instituciones públicas sería aritméticamente posible. Es una cuestión de voluntad política (y de higiene democrática).