Del hipotético suicidio de la CUP

Jueves 14 de Enero de 2016
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La Cup

Multitud de voces han reaccionado al acuerdo alcanzado entre la CUP y Junts Pel si. Mucha voz, pero dos opiniones predominantes.

Por un lado, la incomprensión hacia el acuerdo y sus términos, donde no me detendré demasiado, la considero un simple hilo y un “ganar tiempo” a ver cómo se desarrollan los acontecimientos (o cómo presiona uno para que se sucedan) desde luego no tengo ni la más mínima duda de que algunos de los actores políticos que han comentado que no entienden el acuerdo, lo comprenden mucho mejor de lo que yo pueda hacerlo…otra cosa es que les parezca bueno o malo…

Lo que sí me ha llamado poderosamente la atención es la seguridad —nada neutra como en el caso de un simple “No lo entiendo”— con la que muchas personas se aprestan a dar por finiquitada la CUP y a asegurar que han cometido un suicidio. Yo no me atrevo a asegurar algo así y, más bien, me parece que puede ser lo contrario si saben articular e hilar bien su mensaje.

El procés y el plebiscito

La CUP se presentó a las elecciones de septiembre con dos grandes temas: por una parte, la defensa de los derechos sociales y de una sociedad distinta y más igualitaria (en un alarde por mi parte de concreción, discúlpenmelo) y, por otra, conseguir iniciar de inmediato el proceso de desconexión con España y la independencia de Catalunya.

En esta segunda meta, coincidía —al menos sobre el papel— con Junts al completo, pero no en laprimera, pues Junts Pel Si, orquestado por Artur Mas, es un claro exponente de lo que a veces algunos llaman “burguesía catalana” (pobre burguesía catalana, que sobada la tenemos).

Dejémoslo en que la forma de articulación económico social que defiende Artur Mas y su partido es diametralmente opuesta a cuanto defiende la CUP. No por nada no participó en conformar Junts como si hiciera Esquerra.

Pero no olvidemos que durante toda la campaña electoral catalana, nos hartamos de repetir y de escuchar que eran unas elecciones de carácter plebiscitario sobre un único tema, la independencia de Catalunya. Por más que, por ejemplo, PODEMOS (CSQP) intentó virar los temas constantemente hacía los derechos sociales, la regeneración democrática y un largo etcétera, las elecciones definitivamente gravitaron sobre ese único tema y Cataluña se expresó con sus votos de acuerdo con esta lógica. Los motivos se explican con mayor o menor acierto en muchos sitios, pero ese es el hecho, y el resultado electoral de PODEMOS –por ejemplo- es buena muestra de ello. Parte de lo decepcionante del mismo para el partido de Pablo iglesias se debió a que éste se desmarcó claramente de ese eje independentismo-unidad de España, lo que le valió ser criticado duramente por ambos bandos durante la campaña. Uno, por no contribuir a la lucha independentista (acusaciones que ahora vierten en Ada Colau), y el otro por no ponerse clara y ciegamente en el bando de quienes defienden “la unidad de España”.

Esto fue así y perjudicó al partido morado pero, como se preveía, le concede la llave para solucionar el conflicto territorial en España de una forma que no sea una absurda espiral de enfrentamiento de consecuencias indeseables e incalculables. Pero, insisto, les dañó mucho en las autonómicas porque en resumidas cuentas, la sociedad catalana NO ha expresado claramente si quiere la independencia o no, a tenor del resultado, pero SI ha expresado claramente que lograrla o que no se logre SI es el tema que más les preocupa.

La independencia o nada

Y, en ese contexto, es en el que hay que enmarcar la decisión tomada por la CUP. Recordemos que el plazo terminaba, y que si no era investido un presidente de la Generalitat, las elecciones iban a repetirse.

El resultado obtenido por el partido de los círculos a nivel nacional en el 20D (actor clave en la política nacional en general, y en lo que tiene que ver con la articulación territorial de España en particular) no ha sido lo suficientemente contundente como para que la CUP pueda esperar relacionarse en un futuro inmediato con otra España con la que les sea posible convivir y puedan tomar su decisión antes de la fecha límite para la investidura.

Y si algo tienen claro es que por más difícil que pueda ser lograr implantar su ideario político en una hipotética republica catalana, siempre lo será menos, mucho menos que en la España de la gran coalición PP-PSOE. Donde lo dan por imposible.

Ante ese escenario que imposibilita una acción de gobierno centrada en la ciudadanía y en los valores anticapitalistas (entre otros) que defiende la CUP; por lo hostil del marco en España, la CUP fía todo a empezar de cero en una nueva república catalana lejos —o no tan cerca— de los intereses económicos empresariales y políticos que actualmente imposibilitan tal acción de gobierno.

O la independencia, o nada. Pero si ha de ser, ha de ser ahora, no creen poder esperar más, ni mucho menos, repetir las elecciones.

Repetición de elecciones

El resultado obtenido en Cataluña por parte de PODEMOS —en este caso, En Común— si ha sido suficientemente contundente como para que la posibilidad de repetir elecciones, esté fuera de la mesa. Si las elecciones se repitieran y Ada Colau (O a cualquiera que Ada Colau pasara el brazo por el hombro) se presentara, es difícil imaginar que el resultado aclarara el panorama para la CUP.

Junts Pel Si no iba a obtener una mayoría absoluta, y la CUP solo podría aspirar a sacar algunos escaños y a volver a repetir la situación actual, es decir, apoyar o no apoyar un gobierno de Junts Pel Si; y eso, en un alarde de optimismo, pues honestamente pienso que En Común obtendría un resultado espectacular que barrería del mapa al PSOE, a buena parte de la CUP y a cierta parte de la marca electoral de Mas. En cualquier caso, el mejor escenario posible que alcanzaría la CUP sería el actual siendo muy optimistas.

Puestas así las cosas, a la CUP no le queda mucha más opción que propiciar un gobierno con la actual configuración salida de las urnas y de ésto es tan consciente la CUP como Artur Mas; aun así, han negociado y obtenido parte de lo que querían a costa del propio Mas. Primero, han conseguido que el proceso independentista continúe con la hoja de ruta que han trazado y dar respuesta a este tema clave para la sociedad catalana – y uno de sus ejes de campaña-. Y segundo, se impidió la investidura de Artur Mas, otra de sus promesas de campaña a la que han dado respuesta. Todo ello sin renunciar —salvo posponer en el tiempo— al resto de su ideario. Cosa que no es imposible explicar a una sociedad tan polarizada como la catalana, a la que ya se le dice que solo es posible alcanzar dicho estado a través de una república independiente. No es la situación perfecta, pero tampoco es un suicidio; al menos no un suicidio electoral. Recordemos que la mayoría de los votantes catalanes han hablado, y han dicho alto y claro que el tema que más les interesa por encima de cualquier otro, es la independencia.

Estorbar y dañar el procés —y así sería vendido— sí que hubiera sido un suicidio que les hubiera dejado sin nicho de votantes. El voto independentista se les hubiera escapado a Junts y el voto preocupado por las cuestiones sociales (ruego vuelvan a disculpar lo comprimido de la expresión) se hubiera desplazado sin duda a opciones más útiles, poderosas, con mejores aliados y con una figura difícil de igualar como Ada Colau. Por supuesto que les hubiera quedado su nicho de votantes fiel, pero con eso, pocos, muy pocos escaños conseguirían, sin duda menos que los que obtuvieron en septiembre.

El acuerdo

También hay voces que aseguran que, si bien lo anterior puede ser correcto, el acuerdo alcanzado es humillante tanto en las apariencias como en el fondo. Aceptación de culpas en el proceso, “préstamo” de dos diputados que se integran en las dinámicas parlamentarias de Junts, compromiso de votar prácticamente siempre a favor de lo que diga Junts, etc.

Personalmente, la integración de dos diputados en las dinámicas de Junts (teniendo en cuenta que la CUP mantiene grupo parlamentario propio) no solo no me parece una imposición de Junts, sino que bien pudiera parecerme al contrario, un éxito de la CUP. ¿Qué mejor forma hay de garantizar cierto control, o al menos visibilidad, sobre los derroteros legislativos de Junts? ¿Y realmente creemos que van a atenerse a la disciplina de voto de Junts pase lo que pase? Mal haría Mas (o Puigdemont) en contar esos dos votos en el Parlament como seguros para cada votación.

Sí es cierto que el acuerdo les imposibilita (no solo a ellos dos, sino a todos los diputados de la CUP) a votar en contra, pero el pacto durará lo que las partes quieran que dure. Un buen martes por la mañana, la CUP se puede levantar, darlo por roto y votar en contra legítimamente. Por otro lado, recordemos que no se ha firmado un acuerdo de gobierno. Si la CUP entrara en el gobierno catalán, tendría, qué duda cabe, las manos más atadas en el futuro. Pero no es el caso y, como ya se ha dicho, pude levantarse cualquier martes y... La parte de “asunción de culpas” no es muy agradable para los oídos, es cierto, pero algo tenía que obtener Mas a cambio de ceder y no ser el President, y que hayan tenido que afirmar un “Si, vale, hemos sido un tanto bruscos”, tampoco me parece especialmente trascendente; en cambio, si le sirve a CDC para que lo venda a sus bases.

Esa situación le permite a la CUP mostrarse como salvador del proceso independentista, aun “a costa de ceder diputados, aceptar un acuerdo humillante”. Le permite también ganar tiempo para ver qué sucede en España y cómo se afronta la desconexión iniciada desde el Parlament e ir poniendo sobre la mesa cuestiones de calado social y de su otro gran eje discusivo en las que contarán con la ayuda de En Común. Todo esto con la espada de Damocles de retirar el apoyo y dar por terminado el pacto que permite la gobernabilidad de Junts. En un futuro cercano les va a permitir presionar y sacar adelante iniciativas legislativas de todo tipo más acordes a su ideario, algo que no podrían lograr de otra forma, además de bloquear algunas propuestas que intenten sacar Mas y compañía. Y puestos en el caso de necesitar terminar el acuerdo con Puigdemont, sin duda lo sería por “el sesgo liberal y marcadamente burges del gobierno catalán” que ellos han decidido dejar de sostener. Hablando pues de su eje cojo en este acuerdo, una vez ya claramente instaurados en el consciente colectivo que han sido los artífices protagonistas de los otros. La continuidad del proceso y desalojar a Mas del poder.

A mí no me parece un suicidio.

La CUP no ha obtenido mayoría absoluta en las elecciones autonomicas

Es posible que todo esto no sean más que castillos en el aire, pero hay, a mi entender, suficientes indicios como para no atreverse a asegurar con tales niveles de rotundidad que la decisión de la CUP es un suicidio para ellos. Les ha situado claramente como el actor principal y el artífice de lo que suceda en Cataluña, la llave de todo, y eso, en política, nunca es malo. Y a la par, les permite mostrar que han defendido y logrado una enorme parte de su ideario político y sus promesas de campaña. No todas, es cierto, solo algunas; otras muy importantes para sus votantes no se han logrado de momento (y no se sabe en qué grado se lograran en el futuro) pero es que, les recuerdo, la CUP no ha sacado mayoría absoluta en estas elecciones como para plantar su programa al completo. Con diez diputados, ¿qué más se podría esperar que lograran?

Entonces ¿ha sido una decisión correcta?

Pues, a mi entender, no, nada más lejos de la realidad. Una cosa es que haya descrito una serie de elementos por los que creo que no es un suicidio electoral para la CUP y que les va a permitir defender la decisión e incluso ampliar su electorado (más del que perderán por otro lado) y, otra muy distinta, que me parezca que han acertado.

Personalmente, me parece que se basa en unas premisas ingenuas, insolidarias y de muy corto recorrido. Que lo que han entorpecido con ella es la velocidad del cambio (pues el cambio es imparable), haciendo de sostén de aquellos que quieren que todo permanezca inmutable, en vez de tener la valentía y la altura histórica como para alinearse con las fuerzas del cambio y favorecerlas repitiendo —por ejemplo— las elecciones, por más que ese SÍ fuera un suicidio electoral.

Esta decisión ha sido errónea y dañina no solo para Cataluña sino también para España y Europa; bueno, no sé si decir la CUP porque no sé quién la ha tomado, además de que el hecho de tomarla así, hace que la CUP deje de serlo tal y como la entendíamos. El concepto político que representa o representaba la CUP, no será ya nunca el que le conocimos, pero la formación y sus siglas en Cataluña, que es donde se presentan, siguen vivas y mucho. Aunque para mi gusto, mejor hubiera hecho haciéndose Sepuku.

El cambio está retratando a muchas formaciones políticas este año, y la CUP seguirá viva, sí, pero desde luego no saldrá guapa en la foto de la historia.

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