¿Apocalipsis catalán?

Viernes 25 de Septiembre de 2015
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cataluña

Sin duda esta es la semana del apocalipsis. La información que hemos estado recibiendo así lo índica. Si, si... ha habido rumores de asteroides amenazantes y al parecer, tecleando la fecha de 23 de septiembre en Google Maps, su motor de búsqueda te llevaba al colisionador de hadrones del CERN, reavivando las tesis del microagujero negro que acabaría por engullirlo todo; también se ha destapado el engaño en ese juego de supuesta meritocracia que es el capitalismo, de una gran marca de coches alemana, seria y eficiente, del norte de Europa, de los que solo duermen siesta en vacaciones, cenan pronto y beben solos; también hemos tenido al jefe de Estado del Vaticano en el Congreso de EEUU pidiendo la abolición global de la pena de muerte. En definitiva, ha sido una semana convulsa, pero lo cierto es que el epicentro del apocalipsis para un ciudadano de este país parece estar en Catalunya o, más bien, en esa línea discontinua dibujada en los mapas que va desde la desembocadura del riu de la Sénia y que, tras apoyarse en Aragón y Francia, vetustos reinos en otros tiempos, vuelve al mar en la punta de l'Ocell. Es por esa línea por donde ascenderá el averno y las legiones del mal para hacer añicos el orden y la decencia. Cuánto dolor enterrado bajo las tierras de España, parece. Se entienden los miedos a que se abra la tierra. A reabrir cicatrices.

Otra fecha importante en la cronología del apocalipsis tiene que ser, sin duda, la de 16 de diciembre de 1966. Se advierte la profusión de seis, lo que solo puede ser seña de su relación con el maligno. En esta fecha, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó el Pacto (satánico, por supuesto) Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Su artículo número uno establece que “todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación. En virtud de este derecho establecen libremente su condición política y proveen así mismo a su desarrollo económico, social y cultural” para en el punto tres del citado artículo matizar (demoniacamente) que “los Estados Partes en el presente Pacto, incluso los que tienen la responsabilidad de administrar territorios no autónomos y territorios en fideicomiso, promoverán el ejercicio del derecho de libre determinación, y respetarán este derecho de conformidad con las disposiciones de la Carta de Naciones Unidas”. El caso es que, seguramente agitado por la convulsa situación nacional, el héroe Juan Carlos de Borbón, “vistos y examinados los 53 artículos de dicho Pacto Internacional” vino a “aprobar y ratificar cuánto en él se dispone”, “prometiendo cumplirlo, observarlo y hacer que se cumpla y observe puntualmente en todas sus partes”, en el número 103 del Boletín Oficial del Estado a fecha de 30 de abril de 1977 (fecha en la que en 1909 se reconoció el derecho a huelga en España. Fecha, por lo tanto, predilecta por Satán para hacer de las suyas en esta tierra de gloria y pureza). Dicha aprobación y ratificación y dicha promesa de cumplir y observar y hacer que se cumpla y observe venía firmada por el mismo Juan Carlos y el Ministro de Asuntos Exteriores, de apellidos ilustres, Marcelino Oreja Aguirre.

Y así llegamos a esta semana, en la cual, como anticipamos, han pasado cosas muy extrañas. Lo de menos son unas elecciones autonómicas catalanas en las que los que critican la intención de algunos de hacerlas plebiscitarias, meses antes habían pretendido convertir unas elecciones municipales en Madrid en un plebiscito sobre si se quería dinamitar el sistema democrático occidental. Unas elecciones en las se omiten los tiempos verbales como estrategia de comunicación política. Unas elecciones que ponen a otro héroe, en este caso del socialismo nacional, del terrorismo de Estado y del capital mexicano, al borde del geriátrico. Unas elecciones que provocan engaños como la manipulación de unas declaraciones de Jean-Claude Juncker en su traducción al español para que se pronunciara en contra del eventual apocalipsis. Unas elecciones en las que los mitines se han convertido en bolos de discoteca de famoso de Telecinco en los que se danza al son de Queen. Unas elecciones que tienen a nuestro presidente a golpe de ibuprofeno y paracetamol ante los quebraderos de cabeza de entender ese concepto escurridizo que es la ciudadanía. Unas elecciones en las que hay peleas pueriles de banderitas en balcones de ayuntamientos. Incluso los diarios deportivos de Madrid se han hecho eco de los reflejos futbolísticos que supondría el apocalipsis de producirse finalmente. Por supuesto las grandes empresas y los bancos han empleado sus palabras mágicas de exorcismo, tales como “corralito” o “éxodo”. Como guinda, importada de las islas británicas, nos enteramos de que David Cameron, el premier británico en su juventud, como miembro de un elitista club universitario cuyos miembros casualmente acaban siendo compañeros en la élite política británica, introdujo sus testículos en la boca de un cerdo muerto. Sin duda, cosas de chiquillos siempre que lo hagan miembros de un club elitista (rituales satánicos y siniestras parafilias en cualquier otro caso).

Pero ¿y si el apocalipsis no es tal? Todo esto recuerda a cuando Homer Simpson cree que le quedan horas de vida y pasa el último día realizando todas las tareas que tiene pendientes por hacer, incluido con su graciosa torpeza habitual, para despertar vivo al día siguiente. O cuando todo Springfield se convence de que el apocalipsis ha llegado para contemplar en el último momento que todo era un ardid capitalista de unos grandes almacenes. ¿Podría ser esto el ardid capitalista —perdóname $€ñor— de alguien? La duda me corroe, necesito saber si alguna vez el ser humano se ha visto en el borde del apocalipsis. Me centrare en algunos casos de Europa, en tanto que cuna del orden, la razón y la pulcritud (salvo alguna cosilla...)

Montenegro, 2006
Bueno, cuando has sido parte del comunismo internacional pues pasan estas cosas supongo. Montenegro tenía que elegir entre convertirse en un Estado independiente o seguir perteneciendo a Serbia y Montenegro (Mariano, si lees esto: no lo intentes entender). Ganó el .

Kosovo, 2008
¿Pero que se han creído ustedes que es esto de las nacionalidades? Vale que se pongan urnas y se pregunte a la gente (cosa que no gusta nada a las gentes de bien aquí al sur de los Pirineos); vale que solo puedan votar los habitantes del territorio que quiere la independencia, pero ¿qué es eso de una declaración unilateral?, pero ¿qué se han creído que son? ¿Estados Unidos? En fin, pues el parlamento de Kosovo en el año 2008 llevó a cabo una declaración unilateral de independencia para escindirse de Serbia y formar un nuevo Estado bajo la supervisión de papi Estados Unidos y mamasita Europa. ¿Quiere esto decir que cuando un territorio no encuentra acomodo dentro de un Estado puede ejercer aquel derecho de libre determinación, que el padre de nuestro rey prometió cumplir y observar, como una suerte de derecho-remedio? Huele a azufre, será mejor no pensar mucho...

Flandes, 2012
Gente seria, eficiente y del norte. De los que solo duermen siesta de vacaciones, cenan pronto y beben solos, enredados en estas cuestiones. Flandes es una región de Bélgica de habla neerlandesa en contraposición a Valonia, de habla francesa. Para entender la vida política belga y las relaciones de ambas regiones hay que introducir el concepto de democracia consociativa de Arend Lijphart, en el que territorios con fuertes divisiones pueden gestionarse mediante el pacto entre élites, alejándose de lógicas que tengan que ver con mayorías. En 2012 el Partido Nacionalista Flamenco, favorable a la secesión de Flandes, ganó las elecciones regionales en Flandes y su líder se hizo con la alcaldía de Amberes, la segunda ciudad más importante de Bélgica, instando al primer ministro belga, francófono, a una reforma confederal para que los flamencos se gestionen como entiendan. Y como en los conflictos entre élites y no tanto entre mayorías, no es tanto una cuestión de voluntades, sentimientos y liberación como de negociación, de faroles y de repartos. Ni Mas ni menos.

Escocia, 2014
No doy crédito. No tengo ibuprofeno suficiente para intentar entender las vicisitudes nacionales de las islas británicas (espero que nuestro querido presidente no cometa la insensatez de querer entenderlo), pero el asombro me supera cuando leo que el referendum fue convocado de acuerdo entre Escocia y el Reino Unido y lo más sorprendente ¡no votaron todos los habitantes del Reino Unido: solamente los de Escocia! O sea, como diría Jael Farache, es como lo que dicen los extremistas, superghetto aquí. Una cosa es que eso pase en Kosovo, nido de asaltadores violentos de chalets de gente rica y, por lo tanto, decente y de bien, pero ¿en Escocia? Increíble. Además bastaba con una mayoría simple a favor de la independencia. Por suerte ganó el no por la mínima y la cuna de Thatcher, Churchill y el pastel de riñones esquivó el apocalipsis.

Jon U. Salcedo - Redactor Jefe

Jon U. Salcedo

"Desclasado de barrio obrero en proceso de reeducación voluntaria. Juro que empecé Ciencia Política tres meses antes de que naciera Podemos. Madridista de izquierdas. Fundamentalista ignóstico enganchado al pandeísmo y otras sustancias."