Análisis post electoral de lo obvio

Miércoles 23 de Diciembre de 2015
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Foto de Raúl Hernández González flickr CC
Foto de Raúl Hernández González flickr CC

Ahora el momento ha llegado. Después de tanto tiempo esperando que algo pasase, que cambiase todo, que sí se pudiera… los números son los números y los datos son los datos. Cómo reza el viejo lema gatopardista: "todo cambia para que nada cambie" No es casual que el anarquismo emplease hace años esa misma cita cuando se refería al asunto electoral.

Al margen de las celebraciones y comparecencias de líderes durante la noche electoral en las que abundan los tópicos vacíos y las expresiones prefabricadas como que quien ha ganado es la democracia o que nuestro partido ha conseguido el respaldo de equis número de españoles, nos enfrentamos a un futuro inmediato incierto. Lo sé, puede resultar una obviedad. Puede que incluso esto sea otro tópico. Pero creo conveniente analizar cuáles son los escenarios posibles de aquí en adelante y a corto plazo.

Por una parte se abre un abanico de múltiples pactos potenciales. Cada analista, cada medio, en función de sus querencias y sus fobias, plantea una serie de coaliciones que tendrían posibilidad de formar gobierno. Todos hemos escuchado hablar de esos pactos: PP y Ciudadanos, PP y PSOE, PSOE y Podemos, Podemos, PSOE y Ciudadanos… Si bien los números cuadran, las tripas (si es que aún quedan tripas en la política parlamentaria nacional) hacen a priori impensable un pacto entre PP y PSOE o entre cualquiera de las formas que impliquen una alianza múltiple que implique el binomio Podemos/Ciudadanos. Segunda obviedad. Esto limita el acuerdo a gobiernos en minoría o a acuerdos de gobierno abrupta conducción.

Además, si algo se puede extraer del resultado de estos comicios es la idea de que el electorado español no es tan fácil de engañar ni tan inculto como algunos creían. El bluf del partido de Albert Rivera lo demuestra. Tras un largo proceso cosmético y un año de campaña publicitaria, si no financiada, sí favorecida por determinados grupos de comunicación e influencia, el proyecto que venía a salvar España de la debacle secesionista y del holocausto antisitémico ha quedado en última posición. Mientras, Podemos renacía gracias a los focos y las cámaras cuando todos le daban por desaparecido. Y aquí llega la tercera obviedad, esta vez en forma de pregunta. ¿Quién fue la mano negra que aupó a Ciudadanos y a Albert Rivera a categoría presidenciable? Y sobre todo ¿Por qué?

Parte de la respuesta a esa pregunta se encuentra en la célebre frase que pronunció Josep Oliu (presidente del Banco Sabadell) en el marco de una conferencia en el Círculo de Empresarios. Necesitamos "una especie de Podemos de derechas" que favorezca la iniciativa privada y el desarrollo económico. Más allá de la primera lectura que puede derivar de este exabrupto y dando por sentado que el Podemos de derechas es Ciudadanos ¿quiere esto decir que los otros dos grandes partidos no favorecen lo privado? ¿No estaba el bipartidismo en sintonía con el desarrollo económico? Nadie lo diría. ¿Está realmente el IBEX detrás de el auge de Ciudadanos y su carrera de relevos hacia La Moncloa? Respuesta y cuarta obviedad: la banca no juega nunca a un solo número.

Juan Roig (presidente de Mercadona), la empresa Omega Air, Arturo Fernández (ex presidente de CEIM salpicado por el Caso "Bankia") o la familia Kaczinsky han sido algunos de los nombres que Anonymous ha desvelado como posibles mecenas de el partido centrista de la renovación liberal. No se trata de dejar mal a Rivera y a los suyos, pero conviene conocer quién paga el convite para entender cuáles serán los invitados al banquete y cuáles los excluidos. Lástima que Ciudadanos no tenga en este caso nada que celebrar.

Así las cosas, los pactos se reducen mucho. Nadie se sorprendería de algún pacto con terceros que contrariase a sus electores por parte de PP o de PSOE. Sin embargo Ciudadanos no querrá disgustar a su incipiente electorado. O quizá sí, del mismo modo que su electorado los contrarió a ellos durante la noche electoral. Por último, Podemos ha marcado una serie de líneas rojas entre las que destacan el derecho a decidir de Cataluña, la moción de medio mandato y la reforma constitucional. Podría tratarse de un órdago o de una táctica para forzar unas nuevas elecciones a principios de 2016. Si bien, nadie garantiza que la celebración de nuevos comicios no polarizase nuevamente al electorado, tampoco es fácil determinar hacia donde se dirigiría esa polarización. Tanto para Podemos como para el resto de fuerzas mayoritarias la celebración de nuevas elecciones significaría un todo o nada. Quizá los que estén dispuestos a dar ese paso sean los únicos comprometidos con un verdadero cambio, aquellos que no se quieran aferrar a lo seguro, a lo conocido. Aquellos que desean que todo cambie para que nada permanezca.

Y aún queda una quinta obviedad, repetida y coreada durante los últimos cuatro años: quienes gobiernan son los Mercados y las instituciones europeas. Quizá el punto más importante de esta serie de obviedades. Al día siguiente de los comicios y quedando un tablero tan poco ordenado como el que resultó, los líderes de los partidos con posibilidades de formar parte de algún eventual acuerdo de gobierno guardaban silencio. ¿Prevención? ¿Cautela? No lo creo. Mientras, la prima de riesgo se disparaba y el índice bursátil caía por debajo de la barrera psicológica de los 9500 puntos. La mayoría de las firmas del IBEX cerraban la jornada post electoral con pérdidas de en torno al 7%. Y así, mientras los Mercados ponían en claro su disgusto ante unos resultados que se alejaban de sus inversiones a futuro, Jean-Claude Juncker manifestaba un escueto y críptico "tomo nota de los resultados de las elecciones en España". A continuación añadió que "espera un gobierno estable" para al día siguiente recordar que el Gobierno resultante debe resolver el problema de la financiación autonómica y el desfase del déficit. Esto es, más ajustes y más recortes. Bruselas sonríe complacida por la tranquila renovación de la democracia española. Sonríe y enseña los dientes. E imagino que mientras, recita de memoria algunos pasajes de Il Gattopardo.

Última obviedad: el futuro es de los osados, pero un poco también de los inconscientes.

Iñaki Carrasco González

Poeta y escritor, periodista por imperativo moral. Ha cursado estudios de Conservación, Filología, Ingeniería y Música. Ha trabajado en prensa y radio, cuenta con varios libros publicados. Es director de entrevistas, consejero editorial y coordinador de la sección de ecología y derechos animales en DisparaMag. También colabora de cuando en cuando en la revista Yorokobu.

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