¡Abolan la ideología, cuñaos!

Viernes 20 de Mayo de 2016
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Albert Rivera - Ciudadanos

“Existe una radical incompatibilidad entre deporte y violencia, cualquier forma de violencia, incluida la verbal o aquella otra más sutil, fundamentada en la trampa, el engaño y el desprecio del juego limpio”, así comenzaba Juan Carlos I, otrora rey de España por la gracia de Franco, dirigiéndose a todos los españoles al inicio de la Ley contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el deporte. Si de engaño y desprecio al juego limpio se trata, lo que debería ser prohibido no es cualquier tipo de símbolo ideológico en un terreno de juego, sino que políticos profesionales con aviesas intenciones utilizasen el deporte por su fuerte factor aglutinador.

Estos días sabíamos que las esteladas habían sido prohibidas en la final de la Copa del Rey y el debate prendió mecha en esa suerte de acta (nada neutral) del debate público, las redes sociales. Que si la estelada no es ilegal y la del pollo si, que si eso lo único que va a hacer es enconar las posturas independentistas, que si es que a mi puede que me ofenda una bandera legal y vigente,... para llegar al final de la cadena: la secularización entre política y deporte, por un lado; y el vaciamiento de la política de ese fantasma llamado ideología (que hoy más que nunca recorre Europa), por otro. Cuando digo secularización entre política y deporte, me refiero especialmente al fútbol. Nadie alzaría la voz si un chaval se presentase con una estelada a modo de capa en una final de un deporte minoritario. En la noción deporte de masas, la clave es el final, las masas. El deporte y el juego limpio es lo de menos.

Albert Rivera - Ciudadanos

Y ayer, haciendo el esfuerzo por quitarse a Venezuela de la boca, llegó el adalid político de los poderes económicos patrios, Albert Rivera, para sellar la lógica cuñada última proponiendo un pacto para no llevar símbolos ideológicos al fútbol. “¡Pues claro! el fútbol es el fútbol, y la política es algo mucho más serio. ¡Abolan la ideología, hombre ya!”, podría pensar el pequeño cuñao que todos llevamos en la parte de atrás de nuestra mente. El caso, es que la citada ley, a lo que se refiere es a “símbolos que por su contenido o por las circunstancias en las que se exhiban o utilicen de alguna forma inciten, fomenten o ayuden a la realización de comportamientos violentos o terroristas, o constituyan un acto de manifiesto desprecio a las personas participantes en el espectáculo deportivo”, añadiendo después la referencia a símbolos "que inciten a la violencia o al terrorismo o que incluyan mensajes de carácter racista, xenófobo o intolerante" (artículo 2 del Título Preliminar y artículo 6).

El cuadrilatero de la pelea está en la ley delimitado por una batalla: la de lo que el fomento de la violencia y el desprecio significan; qué es lo que legítimamente puede considerarse como catalizador de comportamientos violentos y qué no. Pero lo fascinante de la historia es el zarpazo de Rivera, que lo que viene a decir es que cualquier símbolo ideológico es susceptible de hacer eso. Y es fascinante porque engarza a la perfección con la opinión instantánea, desinformada y visceral de las redes sociales, incluso de aquellos que podrían estar en contra de la prohibición de las esteladas en la final de copa. Es esa máxima española, protocuñada y de formas hipermachistas que todos hemos escuchado alguna vez a nuestros padres o a los padres de otros, a saber, “o follamos todos, o la puta al río”.

Es la sempiterna tendencia liberal a cercar espacios libres de política, libres de ideología, libres de confrontación de opiniones. Añadía, con una honestidad brutal, el catalán, español y europeo de corbata estrecha, que un campo de fútbol no es un Parlamento. Y con ello lo que quiere decir es que el lugar para la confrontación de ideas es el Parlamento y no lugares a dónde acude gente normal en masa. La cuestión, Albert, es que nuestro Parlamento no es un Parlamento. ¡Ay si John Locke levantase la cabeza! Contemplaría un liberalismo español zafio, mentiroso e ignorante como, salvo contadísimas excepciones, siempre fue. El problema, Albert, es que si el Parlamento es la casa de la ideología, pero se comporta como una herramienta de bloqueo (entre otras cosas, por esa mayoría absoluta que tanto deseáis alcanzar) pues pasa lo que pasa si no abres la espita de la olla a presión. Tu intención, Albert, no es otra que señalar los peligros de la confrontación de ideas, uniendo para siempre confrontación y violencia. Tu lógica, Albert, es la que les dice a las chicas de cortas faldas que están incitando a la violación, que luego no se quejen. Todo lo que dices, Albert, nos lleva a un punto: la imposibilidad de contenerse ante lo distinto, ante lo extraño, ante el otro.

Albert Rivera - Ciudadanos

¿No es esa secularización entre fútbol —un ámbito de comunidad de facto— y política un zarpazo a la libertad, querido cuñao-liberal? ¿No es el fútbol jodida sociedad civil, Albert?“Mi libertad acaba donde empieza la de los demás”, me contestarás. El problema es considerar que contemplar un puñado de esteladas está limitando tu libertad. ¿Tu libertad a qué? ¿La chica de la minifalda limita alguna libertad? Porque de ser alguna es la de follarte a todo lo que te ponga cachondo, como si hacerlo fuese seña de consentimiento. Lo que dices, Albert, es que la ideología es algo que atañe a lo privado de la conciencia de cada uno, al menos en un campo de fútbol. Pero después, ¿qué vendrá? Si la presencia de símbolos ideológicos va generando confrontación en otros ámbitos supongo que lo propio de un hombre de consenso como tú es que acabes defendiendo la libertad de todos abogando por la abolición de la ideología, haciendo como que eso no es ideología en absoluto.

Jon U. Salcedo - Redactor Jefe

Jon U. Salcedo

"Desclasado de barrio obrero en proceso de reeducación voluntaria. Juro que empecé Ciencia Política tres meses antes de que naciera Podemos. Madridista de izquierdas. Fundamentalista ignóstico enganchado al pandeísmo y otras sustancias."

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