Siria: ¿que hay detrás del caos?

Lunes 08 de Febrero de 2016
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Dossier Siria

El conflicto en Siria ha entrado en su quinto año y sigue más que latente y bien lejos de tener una resolución cercana. Ha provocado más de 250.000 muertos y 4,5 millones de personas refugiadas, según Amnistía Internacional. En general, la población civil, que no ha huído, se encuentra atrapada entre bombardeos, enfrentamientos militares y milicias irregulares. El Estado sirio, frente a la multiplicación de bandas armadas y operaciones militares, se ha visto empujado a una extrema atomización y a la violencia de grupos terroristas que controlan amplias porciones de territorio. El más famoso de estos, nacido en Iraq, es el autodenominado Estado Islámico, llamado también ISIS o Daesh, que controla y administra un territorio extenso entre Siria e Iraq y que el pasado 13 de noviembre demostró poder golpear fuera de Oriente Medio. Las Naciones Unidas, además de los intentos de acuerdos, no parecen en condiciones de implementar un plan de paz efectivo, frente a la multitud de intereses en juego y a las posiciones enfrentadas de muchos actores.

Y es que no nos encontramos solo delante de una guerra civil entre el gobierno de Bashar al-Assad y los grupos insurgentes – sean “moderados” o terroristas – sino delante de una guerra de Cuarta Generación, en la cual convergen los intereses regionales y globales de diferentes actores que no actúan siempre de manera explícita, sino utilizando también servicios de inteligencia, medios de comunicación y agentes no estatales. Lo que empezó como una revuelta por parte de la población en contra de un régimen autoritario, en el marco de las mal llamadas primaveras árabes, se ha convertido en el epicentro de un conflicto que involucra a toda la región y que se extiende a otros Estados también, como Yemen o Iraq.

Otra vez, Oriente Próximo vuelve a ser escenario de guerra y enfrentamientos estratégicos, un escenario siempre más inestable y que ha cambiado mucho en los recientes años. La última escalada de tensión entre Irán y Arabia Saudí no es más que otra pieza en un mosaico hecho por élites enfrentadas, extremismos y luchas por el control de los recursos. No se trata solo de los conflictos internos a la Umma entre suníes y chiíes, sino también de la acción de política exterior de Estados como Turquía o Israel, de la intervención militar y política de potencias mundiales o de los tráficos - legales o no - de recursos, riquezas y personas, en los que participan terroristas, criminales y funcionarios estatales. En medio de estas luchas de poder, se mueven poblaciones diferentes, divididas y maltratadas, en la mayoría de los casos rehenes de esas mismas élites políticas, religiosas o criminales en constante disputa.

En fin, más que de “conflicto sirio”, parece correcto hablar de intersección de varios conflictos en un determinado territorio, que ha generado este avispero sin solución aparente. De hecho, podemos hablar de un conflicto civil entre las fuerzas “lealistas” y los “rebeldes” - entendiendo como una etiqueta que identifica una enorme cantidad de grupos armados, muy diferentes entre ellos y que se han ido radicalizando cada vez más acorde a la duración de la guerra. En segundo lugar, un conflicto religioso interno a la comunidad musulmana entre élites chiíes y sunníes, reflejo de una crisis geopolítica regional que ve principalmente enfrentados a Irán y las petromonarquías, pero en el que participan también Estados como Turquía, Israel o milicias como Hezbollá, y, por último, un enfrentamiento geopolítico global, puesto que están involucradas superpotencias rivales, empeñadas en defender sus intereses en la región. El resultado es una gran cantidad de actores interviniendo y bombardeando un territorio, sin ningun acuerdo, lógica u objetivos comunes. El peligro de una escalada militar de amplias proporciones es evidente.

Pero no podemos dejar pasar otro elemento más : el nunca resuelto conflicto kurdo. Las fuerzas kurdas sirias no solo han luchado en el terreno en contra del Estado Islámico, sino que también representan un actor político lejano del autoritarismo y del extremismo religioso. Sin embargo, sus antiguas ambiciones orientadas aconstruir un Estado kurdo o, por lo menos, un “libre territorio democrático”, se ven frustradas ante la negación firme del gobierno turco, la fragmentación política y territorial de la sociedad kurda y la indiferencia de la comunidad internacional.

La cuestión kurda solo es una de las muchas fracturas étnicas y territoriales que esta intersección de conflictos ha vuelto a despertar. En general, dentro de este caldero han explotado una serie de tensiones que incluso se remontan a antes de la Primera Guerra Mundial. En concreto, no podemos entender la conformación socio-política de este territorio si no consideramos la dominación colonial y el orden construido por Francia y Reino Unido, un orden que dejó sin resolver las tensiones que ahora vuelven a aflorar. La historia moderna de Oriente Próximo está marcada por la intervención constante de potencias extranjeras, empeñadas en remodelar las fronteras sin ningún otro criterio que no fuera garantizar sus propios intereses y apoyándose en unas élites oligárquicas y autoritarias.

Esta artificialidad explica en parte la extrema fragilidad de muchos regímenes y el marcado autoritarismo que presentan. Así mismo, nos proporciona un enfoque clave para leer la situación regional: lo que vemos en toda la región es una redefinición de las estructuras de poder y de dominio, cuyos resultados son contradictorios y de todas formas difíciles de preveer en el corto plazo. Por ahora, los resultados más evidentes son inestabilidad, radicalización religiosa y política, nacimiento de actores criminales y terroristas, junto con migraciones masivas. Esta crisis de personas refugiadas es solo un producto más de las decisiones criminales de los gobiernos involucrados y, aunque está dirigida solo en mínima parte hacia los paises europeos, plantea problemas humanitarios y de integración, además de sacar a la luz la hipocresía, el racismo y el victimismo de nuestras sociedades.

Es difícil preveer qué pasará en Siria. Aunque el Estado Islámico desapareciese, el asunto seguiría igualmente complicado de solucionar, puesto que este último es un producto del descontrol y de la guerra, pero no es el problema de fondo. Estos conflictos tienen muy poco que ver con la religión, que es más bien un factor de legitimación en un lucha por el poder, el control de los recursos o el mantenimiento de un status quo cada vez menos aceptado por la población. En este sentido, estos conflictos nos tocan desde cerca, porque plantearse seriamente una resolución a largo plazo no significa poner en marcha otra “guerra contra el terror” o intervenir para derrocar al dictador de turno que ha dejado de ser funcional a nuestros intereses, sino tocar muchos temas que afectan nuestra política exterior y nuestra misma forma de vivir. Significa replantear nuestros conceptos de seguridad y defensa, a partir de la presencia en la OTAN. Significa cuestionar la política energética global, una de las principales causa del impulso a la guerra y, en definitiva, significa tener claro que la guerra y el terrorismo no nacen de manera natural, sino que tienen una profunda “razón de ser”, radicada en la decisiones políticas de los gobiernos y de las élites económico-financieras. Y que, por lo tanto, ellos son las verdaderas “amenazas” a nuestra seguridad.

Es a la luz de este enfoque que nace este dossier. Nuestra finalidad es ofrecer una investigación profunda y completa sobre el conflicto sirio, a través de un trabajo multidisciplinar y, sobre todo, proporcionando claves de lectura que permitan definir el contexto y las diferentes facetas que emergen de este asunto tan complejo y descontrolado. No podemos parar el conflicto, nisiquiera proporcionar una solución al mismo, pero sí podemos facilitar su comprensión y dar nuestra contribución en una guerra en la que los medios de comunicación han tenido y tienen muchas responsabilidades.

“La guerra no restaura derechos, redefine poderes.” Hannah Arendt

Giacomo Pevarello

Politólogo, licenciado en Estudios Internacionales en la Alma Mater de Bolonia y Máster en Política Internacional en la Universidad Complutense de Madrid. Especializado en Relaciones Internacionales, Geopolítica, Espacio post-soviético (en particular Cáucaso Norte). También escribo sobre Europa, Oriente Medio y Magreb, terrorismo y crimen organizado. Soy un aficionado del Hip-Hop, de las novelas y del cine negro, género pulp y de las culturas undergound. Coordinador de Extramuros y redactor.

Comentarios

Me parece un análisis certero y que hace reflexionar sobre el papel del mundo occidental en dicho conflicto. Partiendo de que somos parte de las causas y no se está sabiendo dar respuesta política a los refugiados cuando la sociedad si que está dispuesta a hacerlo. Y las conclusión de la corresponsabilidad de la prensa es la guinda del pastel.

Muchas gracias Miguel Ángel, espero te gusten también las otras entregas del dossier, que este artículo introduce. Un saludo!

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