Pulso regional en Ecuador: ¿empate político en ciernes?

Viernes 28 de Abril de 2017
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Lenin Moreno

A principios de abril se produjo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Ecuador. El escenario que se pintaba era el de un contexto electoral partido en dos por un polo binario antagonista entre el Movimiento Alianza País y el bloque del “cambio” liderado por un banquero. La victoria de Lenín Moreno, aunque ajustada, pone en duda la hipótesis del fin de ciclo que se maneja desde el 2015 con la victoria de Macri en Argentina, el golpe de Estado contra Dilma en 2016 y la crisis política en Venezuela. Además, los nuevos gobiernos neoliberales se han visto ampliamente contestados por el tejido social a la hora de implementar sus políticas, por ejemplo con la huelga de docentes en Argentina.

En todo caso, la hipótesis de fin de ciclo que plantea un desgaste inevitable de los gobiernos postneoliberales y el turno del “cambio”, se ha encontrado en Ecuador con una consolidación del bloque institucional popular.

Si bien en una situación que se podría evaluar como lo que García Linera llamaría “empate catastrófico” no es descartable dado la rearticulación de la derecha en un bloque oligárquico pero con la capacidad de disputar la hegemonía.

Lenín Moreno, el candidato de Alianza País, ganó las elecciones el pasado 2 abril con el 51% frente al 48% de la coalición CREO-SUMA al frente de la cual se presentó como candidato Guillermo Lasso. Podría decirse que ni bien se dieron a conocer los resultados oficiales, el candidato de la oposición manifestó su desacuerdo con el resultado final afirmando que había habido fraude electoral, no obstante, no sería del todo cierto ya que Lasso venía augurando el fraude desde antes de que se sucedieran los comicios…

Hubo ya una finta, a modo de preludio, de este croquis de estrategia en una entrevista que la periodista Ana Pastor hizo al presidente Rafael Correa en 2013. En esa entrevista Pastor le preguntaba al presidente su opinión sobre las elecciones que acababan de tener lugar en Venezuela, las cuales habían dado una victoria con poco margen a Maduro y en las que la oposición de Capriles había argumentado que se había sucedido un fraude electoral y que debía haber recuento de papeletas, todo ello en un país en el que el voto es electrónico y, por tanto, con un alto grado de fiabilidad. En ese momento de la entrevista Correa le comenta a la periodista que, efectivamente, si en Ecuador hubiera ganado con un resultado ajustado, la derecha ecuatoriana habría traído también a colación el tema del fraude electoral, lo cual entra dentro de la dinámica enfangada que parece estar dominando el argumentario de la derecha latinoamericana, que trata de desestabilizar los gobiernos progresistas de la región.

Ecuador

También Macri vaticinó un probable fraude electoral en Argentina, pero una vez ganó las elecciones, quedó mágicamente demostrado que el fraude no se había producido, parece una especie de juego infantil en el que la derecha juega el rol de “sólo acepto el resultado cuando soy yo la que gana”.

No obstante esto no es más que el reflejo de una derecha que vio en la victoria de Macri el fin de un ciclo y si bien es cierto que no se ha producido, no se puede ignorar la estrecha ventaja entre Lasso y Moreno y el hecho de que se haya tenido que dar una segunda vuelta que no se llevaba a cabo desde el 2006, lo cual requiere un análisis más amplio.

En un artículo reciente de la politóloga Lorena Freitez reflexionaba acerca de que el mayor triunfo de la derecha latinoamericana había sido el hecho de que nunca había abandonado la estrategia de polarización disfrazada de conciliación con elementos como el “cambio” en todas las campañas electorales, mostrando una izquierda corrupta e ineficaz con argumentos, muchas veces, infundados y nunca denunciados ante la justicia dentro de esa dinámica enfangada.

Ante esta cuestión es fundamental el papel de Correa durante la segunda vuelta intentando recuperar la estrategia antagonista para ganar la hegemonía, apelando a elementos que construyen beligerancia como es la memoria. De hecho en parte la victoria de Moreno se podría explicar porque “Ecuador ha demostrado que tiene memoria”, pero en este caso cabe preguntarse qué ha ocurrido en otros países como Argentina o Brasil, ¿acaso el hecho de que ganara Macri tiene que ver con algún tipo de amnesia colectiva en Argentina no diagnosticado por ningún psicoanalista de todos los que habitan el país? ¿Han olvidado a De la Rúa saliendo de la Casa Rosada en helicóptero?

Quizás la respuesta está relacionada con la capacidad de Correa (especialmente) de construir un discurso antagonista mediante el uso de la memoria. Y quizás se puede entender la consolidación de Alianza País como proceso exitoso de institucionalización del proyecto antineoliberal de 2006. Aunque justamente este éxito, necesario, puede ser a la larga la causa, contingente, de la disociación entre gobierno popular y movimientos sociales, como ha ocurrido en otros contextos latinoamericanos (a modo de ejemplo la situación brasileña de 2013 y la gestión del Mundial).

Por lo que la conjunción entre crisis económica, como acontecimiento que perturba las coordenadas ideológicas postneoliberales asentadas, desbordando así el orden asentado institucionalmente, y junto con la disociación entre gobierno y sociedad civil abre una apertura populista para un momento laclauniano. Es importante recordar que en Argentina, Venezuela y ahora Ecuador los que han aprovechado esta fractura para construir “pueblo” apelando al “cambio” ha sido la oposición. Y en muchas ocasiones rearticulando elementos del discurso popular como las conquistas sociales.

En cualquier caso, y para concluir, lo cierto es que el momento político está completamente abierto lo que no está tan claro es si América Latina tomará el rumbo del “fin de ciclo” tan pregonado o por el contrario veremos una reconstitución del bloque popular institucional, como en Ecuador, si bien marcado por una mayor polarización dada la estrategia antagonista que parece adoptar la derecha latinoamericana.

Comentarios

Un buen análisis, pero parece que pasamos de puntillas por el nudo gordiano, que no es otro q Venezuela. Tampoco tengo tan claro que el voto digital sea más de fiar.

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