Operación Cóndor: radiografía de la desestabilización

Lunes 20 de Febrero de 2017
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Op. Cóndor

El nombre de Operación Cóndor alude al plan estratégico diseñado y aplicado por Estados Unidos durante las décadas de los 70 y los 80 en estrecha colaboración con los regímenes dictatoriales del Cono Sur de Latinoamérica cuyo objetivo principal es la preservación de los intereses económicos y geoestratégicos de los norteamericanos en lo que han considerado desde la Doctrina Monroe como su “patio trasero”.

La Operación Cóndor ‒o Plan Cóndor‒ y todos sus agentes fueron partícipes de asesinatos, secuestros, desapariciones, maniobras mediáticas de desestabilización y boicots económicos dirigidos a combatir cualquier tipo de manifestación o movimiento subversivo contrario a las actuaciones y relaciones de los Estados Unidos en la región.

El Plan Cóndor fue ejecutado tanto por los servicios de inteligencia norteamericanos como por los distintos cuerpos de seguridad de los regímenes dictatoriales colaboradores: Brasil, Chile, Bolivia, Argentina, Paraguay y Uruguay, representados por Joao Figueredo, Augusto Pinochet, Hugo Banzer, Rafael Videla, Alfredo Stroessner y Juan María Bodaberry, respectivamente.

Las maniobras estadounidenses en Latinoamérica durante la década de los 70 tuvieron como primer objetivo el gobierno socialista de Salvador Allende en Chile. Desde que el mandatario chileno alcanzara la presidencia de su país en 1970 no dejó de ser objeto de grandes operaciones mediáticas y boicots económicos que contribuyeron a desestabilizar su figura y sus labores gubernamentales en pos de un levantamiento militar que sepultara todos los cambios sociales que se estaban produciendo en Chile en ese momento. El derrocamiento de Allende y la entrada en escena de Augusto Pinochet podría ser considerado el punto de partida de la Operación Cóndor.

El Plan Cóndor operaba de la siguiente manera. Los servicios de inteligencia norteamericanos (CIA) junto con los de los países del Cono Sur anteriormente citados lanzaban operaciones secretas destinadas a reprimir y perseguir a todos los movimientos político-sociales de izquierda especialmente subversivos que pusieran en peligro las políticas neoliberales promovidas por la Escuela de Chicago que estaban siendo implantadas por los dictadores latinoamericanos. El laboratorio de éstas políticas y primer país en ser implantadas fue el Chile de Pinochet.

Documentos recientemente desclasificados situaron el inicio del Plan Cóndor en una reunión secreta llevada a cabo en Santiago de Chile en la que participaron Manuel Contreras, líder de los cuerpos represivos institucionales de Pinochet, y los responsables de los servicios de inteligencia de Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay. Al parecer Henry Kissinger, por medio de la CIA, instó a Manuel Contreras a llevar a cabo esos contactos y a utilizar para las distintas operaciones encuadradas en el Plan Cóndor los recursos de la Escuela de las Américas (también llamada Instituto del Hemisferio Norte para la Cooperación en Seguridad), academia militar tutelada por Estados Unidos donde se formaban militares y agentes de seguridad procedentes de toda Latinoamérica dentro de la política norteamericana de “colaboración militar entre naciones americanas”. En la Operación Cóndor también participaron cuerpos paramilitares ultraderechistas peruanos y colombianos (como Alianza Americana Anticomunista); también se conoce la estrecha colaboración del terrorista cubano Luis Posada Carriles en algunas operaciones del Plan Cóndor.

Según los denominados Archivos del Terror, la Operación Cóndor dejó tras de sí unos 50.000 muertos, 30.000 desaparecidos y el encarcelamiento de casi medio millón de personas. A esto hay que sumar las decenas de miles de torturas a opositores por parte de los servicios de inteligencia y fuerzas de seguridad de todos los países implicados.

Como se ha dicho antes, los principales países del Cono Sur participantes fueron Chile, Bolivia, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, todos ellos comandados por regímenes militares de diverso calado que fueron aupados al poder gracias, en parte, a la intervención de Estados Unidos.

Augusto Pinochet ascendió al poder en Chile en 1973 gracias a un golpe de Estado auspiciado por la burguesía chilena que contó con la colaboración externa del Departamento de Estado norteamericano, dirigido entonces por Henry Kissinger. En el caso brasileño, Joao Figueiredo subió al poder en 1979 gracias a la derrota del candidato opositor en un sistema bipartidista que estaba tutelado por una junta militar. Hugo Banzer instauró su dictadura en Bolivia tras derrocar al gobierno progresista de Juan José Torres con ayuda norteamericana. En el caso de Uruguay el establecimiento de la dictadura fue algo distinto. Juan María Bodaberry fue elegido presidente del país por sufragio, tras lo que disolvió las cámaras, prohibió el pluralismo político y se declaró dictador de facto. En Paraguay, Alfredo Stroessner dio un golpe de estado militar a la vieja usanza y obligó al presidente Federico Chaves a renunciar, dejando el país en manos de una junta militar. La dictadura paraguaya fue una de las más represivas de toda la región junto con la de Jorge Rafael Videla en Argentina, que llegó al poder tras ser nombrado presidente por una junta militar que había protagonizado un golpe de estado contra Isabel Martínez de Perón. A la dictadura militar argentina se le dio el nombre de Proceso de Reorganización Nacional.

Operación Cóndor

Entre las notables maniobras de la Operación Cóndor cabe destacar los asesinatos de Carlos Prats (ex-general chileno), Orlando Letelier (ex-ministro de Salvador Allende) o Bernardo Leighton, disidente del régimen de Pinochet, asesinado mediante atentado por el fascista italiano Stefano delle Chiaie. El italiano es también conocido por su participación en la Operación Gladio, la homóloga europea del Plan Cóndor. El presidente brasileño que precedió al establecimiento de la dictadura militar en Brasil, Joao Goulart, murió de un supuesto ataque al corazón que años más tarde se demostró falso, pues había sido envenenado como parte de las actuaciones de Cóndor en el país carioca.
La Operación Cóndor fue ejecutada en su mayor parte por agentes secretos latinoamericanos formados en Estados Unidos y con estrechos vínculos con la CIA. El papel de los norteamericanos fue determinante en el éxito de los operativos en tanto en cuanto facilitaron todo tipo de comunicaciones, apoyo logístico y tecnológico y asesoramiento por parte del Ejército y los servicios de inteligencia.

No fue hasta la caída del Muro de Berlín, el colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría cuando se comenzó a investigar caso por caso todo el legado de crímenes y torturas que había dejado la Operación Cóndor. Aún hoy existen extensísimos procedimientos judiciales que buscan esclarecer todo lo ocurrido en Latinoamérica durante las décadas de los 70 y 80. Las investigaciones no las tienen todas consigo, pues existe un complejo entramado de intereses que entorpecen el proceso para que los nombres de los culpables nunca salgan a la luz. Ejemplo de ello es la denominada Operación Silencio, dada en Chile, consistente en el soborno a magistrados o la desaparición de testigos y agentes secretos implicados. La Operación Cóndor es, por tanto, uno de los capítulos de la Guerra Fría aún por cerrar.

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