Las guerras de Cuarta Generación y la tendencia al conflicto, ¿nuevos tanques y mismas víctimas?

Martes 24 de Noviembre de 2015
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Las guerras de Cuarta Generación

Hace poco más de un año, diferentes analistas políticos y financieros coincidían en la posibilidad de que se desencadenase un conflicto de gran magnitud entre las potencias mundiales. Las razones eran diferentes, en concreto: la crisis internacional en Ucrania, las tensiones entre China y Japón, la inestabilidad en Oriente Medio y también la saturación de los mercados, que iba a tener su salida natural en un conflicto global.

Todavía no se ha verificado un escenario de enfrentamiento directo entre potencias, pero es evidente que las relaciones internacionales se están conformando de manera cada vez más conflictiva y descontrolada y este caos se debe principalmente al choque de intereses estratégicos y geopolíticos entre actores estatales y no estatales. De hecho, en diferentes territorios, los equilibrios tradicionales regionales han caído o han cambiado drásticamente, dejando una realidad inestable y caótica. Conflictos, golpes de estado, mediocridad de la clase política, inseguridad económica y social, violencia arbitraria, “estados fallidos” y aumento del poder de los grupos armados no estatales (agencias de mercenarios, grupos terroristas y organizaciones criminales) caracterizan el actual escenario mundial. Y luego, espionaje desregulado, flujos de datos, interceptaciones masivas y reducción de las libertades políticas y civiles. El escándalo del DataGate, desvelado por Edward Snowden, probablemente no sea más que la punta del iceberg, en un mundo altamente informatizado y cuyo ciber-espacio está completamente descontrolado, así como la invasión de la privacidad y los ciber-ataques entre gobiernos o empresas.

Este caos no es el “caos justo” del Joker del Caballero Oscuro, sino un caos particularmente “vertical”, provocado y buscado por los gobiernos, las empresas multinacionales y los servicios de inteligencia (incluyendo también los servicios de seguridad “contratistas”, entidades de dudosa o nula legitimidad). El vídeo de la charla de George Friedman, director del influente think tank Stratfor al Chicago Global Council of International Affairs, es clave para entender la estrategia de las élites políticas, militares y económicas, ligadas a los círculos atlantistas y anglosajones. Friedman, aparte de recordar a los europeos que la creación de un espacio sin guerras ha sido un sueño que no durará mucho, dice claramente que a día de hoy, invadir un territorio para conquistarlo o debilitarlo no tiene sentido, sino cómo ultima ratio. Mucho mejor mantenerlo debilitado, fragmentado y sobre todo desestabilizado. En 2013, Henry Kissinger decía que una Siria “balcanizada” era funcional a los intereses occidentales en Oriente Medio y, por su parte, Victoria Nuland (la Secretaria del Departamento de estado de EEUU para Asuntos Europeos) declaraba que Estados Unidos había invertido más de 5 mil millones de dólares en “soporte a las fuerzas democráticas ucranianas” (lee los oligarcas y golpistas de Kiev).

Dentro de esta estrategia, basada en el divide et impera y en la construcción de influencia a través de la desinformación, se desarrollan las denominadas por la inteligencia norteamericana “Guerras de Cuarta Generación”. Se trata de guerras en todos los campos, en las cuales en muchos casos los actores implicados no se enfrentan directamente, sino que utilizan otros agentes irregulares y otros canales, como la propaganda, la economía, la cibernética y el terrorismo. Acuerdos comerciales y financieros, ataques informáticos, fuerzas de intervención rápida, apoyo a grupos armados irregulares y campañas mediáticas. Podríamos decir que estos son los modernos “tanques” del poder, la nueva manera a través de la cual las potencias regionales y globales se enfrentan entre ellas por sus intereses estratégicos.

Ahora bien, algunos analistas dirán que estos elementos siempre han sido la normalidad en las relaciones internacionales (con las debidas adaptaciones tecnológicas) y que no se puede hablar de una escalada conflictiva global, sino de normales ejercicios de real politik en un mundo que se inserta en la multipolaridad. Efectivamente, a lo largo de la historia los intereses estratégicos de las potencias se han desarrollado en todas las direcciones posibles, no solo en sentido militar. Además la interrelación económica y financiera no facilita el enfrentamiento directo entre cúpulas de poder, cuyos intereses pueden ser convergentes en determinadas conyunturas. Pero, cuando la conyuntura favorece intereses divergentes en un territorio, este último se encuentra sumido al caos y al conflicto, como en el caso de Siria y Ucrania.

Y que quede claro: las principales víctimas del caos son las mismas de todas las guerras. La primera de todas es la humanidad. Y no nos referimos solamente a las vidas sesgadas, sino al fin de la normalidad, cuando lo cotidiano se convierte en violencia y terror constante. Mientras los Señores de la Guerra elaboran estrategias, los analistas y las entidades financieras hacen sus cálculos y los periodistas buscan nuevos titulares, el destino de millones de personas está marcado por la violencia arbitraria, por la pérdida de sus seres queridos, por la falta de servicios básicos o por la miseria económica y social. Las actuales migraciones masivas son fruto de esta desestabilización y, de hecho, la mayoría de prófugos escapan de los conflictos y de la violencia en Siria, Iraq, Afganistán, Ucrania y África Central.

La segunda víctima es la verdad. El poder no admite objeciones a su versión de la realidad, sobre todo cuando el impulso belicista aumenta su autoritarismo. Todo tiene que estar sumido, adaptado y manipulado, para unificar el frente interior y fortalecer la proyección exterior. No es nada nuevo: Otto von Bismarck, en relación al expansionismo colonial, pedía a sus colaboradores que se buscasen detalles macabros sobre episodios de crueldad en los territorios a conquistar. El Canciller consideraba que, creando indignación moral entre la población, hubiese sido más fácil empezar una cruzada en contra de la barbarie africana o asiática. Bismarck indicaba como la indignación podía ser producida de manera artificial y utilizada como un arma en política internacional, como un elemento de cohesión de la opinión pública, que dejase “carta blanca” en la actuación del gobierno. Así mismo, hoy, la propaganda de los medios mayoritarios llama revoluciones a los golpes de estado, operaciones humanitarias a los ataques militares y regulaciones económicas al expolio de recursos y capitales.

Evidentemente, no todos los territorios viven este conflicto con la misma intensidad. Depende de los intereses estratégicos de los actores en cuestión, pero el radio de acción de este mecanismo bélico es global, así como el sistema económico que lo define y lo vehiculiza. Por estas razones, es importante investigar los acontecimientos internacionales con ojo multidisciplinar y aprender a relacionar eventos y temas aparentemente desligados, pero que responden a la misma lógica de dominación, sea discursiva, económica, militar o tecnológica.

Desde la prensa hasta el ciber-espacio hay conflictos en curso y nosostros formamos parte de ellos. Vamos a intentar poner un poco en orden las piezas del caos.

Giacomo Pevarello

Politólogo, licenciado en Estudios Internacionales en la Alma Mater de Bolonia y Máster en Política Internacional en la Universidad Complutense de Madrid. Especializado en Relaciones Internacionales, Geopolítica, Espacio post-soviético (en particular Cáucaso Norte). También escribo sobre Europa, Oriente Medio y Magreb, terrorismo y crimen organizado. Soy un aficionado del Hip-Hop, de las novelas y del cine negro, género pulp y de las culturas undergound. Coordinador de Extramuros y redactor.

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