Guía para la resaca electoral estadounidense

Miércoles 09 de Noviembre de 2016
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Giacomo Pevarello y Carlos Girona
Fuente: The New York Times

A primera hora de la madrugada del miércoles, hora peninsular, empezaban a cerrar los primeros colegios electorales en Estados Unidos y salían los resultados de la que será recordada como una de las peores campañas presidenciales de la historia. Cualquier elección presidencial parece resultarnos clave, más aún si hablamos de Estados Unidos. Todas están teñidas de una coyuntura vital: “Es ahora o nunca”, “hay que elegir entre el miedo y la esperanza”. Esta dinámica ha quedado plasmada en esta ocasión durante las primarias, en el primer trimestre del año, cuando Donald Trump y Hillary Clinton ya se postulaban como los candidatos más probables a ocupar la Casa Blanca. Ambos candidatos arrastraban una valoración negativa histórica nunca vista desde 1984 cuando comenzaron a realizarse estas encuestas.

Pasadas las 5:00AM, hora peninsular, Trump confirmaba su victoria en el estado de Florida; minutos después le sigue Ohio. La carrera presidencial puede darse por concluida aunque los medios más puristas se negaban a verlo. Donald Trump será el próximo Presidente de los Estados Unidos. Los republicanos pierden un senador pero continuarán controlando ambas Cámaras.

Guía para la resaca electoral estadounidense
Estimación del New York Times

Durante la campaña electoral ha tocado sufrir y aguantar a partes iguales. Ahora toca esperar hasta que se formalice el traspaso de poder en enero de 2017. Mientras tanto conviene hacer un breve repaso de diversos factores si queremos empezar a esbozar las líneas generales de lo sucedido y lo que aún está por venir.

Hillary Clinton: el “status quo”

Ha sido Secretaria de Estado del gobierno de Barack Obama durante su primer mandato, del 2009 al 2013, después de que perdiera contra Obama por un estrecho margen las primarias del Partido Demócrata en 2008. Es la primera mujer nominada por uno de los dos grandes partidos a optar por la presidencia de los Estados Unidos.

Esencialmente la Secretaría de Estado actúa como un Ministerio de Asuntos Exteriores y como tal, el historial del duo Obama-Clinton no es precisamente favorable. Bajo el mandato de Obama se ha normalizado el uso de drones como arma y táctica preferida en la presunta “guerra contra el terror”, todo ello después de que Obama fuera laureado con el Nóbel de la Paz a escasos meses de asumir el cargo. Países como Yemen, Somalia o Pakistán continúan sufriendo a día de hoy el yugo de estas armas remotas. La actuación internacional de los Estados Unidos ha supuesto uno de los grandes escollos para Clinton entre los sectores progresistas e internacionalistas (especialmente en la escena internacional), pues Clinton también estuvo al frente de la respuesta estadounidense de la llamada “Primavera Árabe”.

Es bien conocida la jocosa reacción de Hillary, posiblemente pensando que no estaba siendo grabada, al comentar el asesinato de Muammar Gaddafi: “Vinimos, vimos y murió”. Pero hace apenas dos meses, un informe del Parlamento británico reconocía que la intervención internacional en Libia contra Gaddafi fue nefasta desde su concepción, repitiendo en algunos casos los errores (deliberados o no) de Irak en el 2003. Hillary también tuvo que asumir públicamente la responsabilidad de la muerte del embajador estadounidense y otros tres conciudadanos en Libia, después de que el consulado norteamericano fuera atacado en Bengasi el 11 de septiembre de 2012. La misión diplomática había solicitado un refuerzo de la seguridad que fue denegada por la Secretaría que entonces lideraba Hillary Clinton.

Clinton es la expresión del sistema de poderes políticos y económicos que tradicionalmente han dirigido Estados Unidos, lo que se define como establishment. Su campaña ha recibido enormes apoyos de los medios y de diferentes lobbies y gobiernos (como Arabia Saudí, histórico aliado en Oriente Medio), pero su mensaje no ha conseguido convencer. La falta de perspectivas de cambio, el papel casi dinástico de su candidatura y la imagen de radical chic y de corrupta han pesado más que todo el apoyo que ha tenido “desde arriba”.

Donald Trump: el magnate sexista

Ante todo, Donald Trump es un personaje público en los Estados Unidos. Heredó la empresa familiar de construcción en 1971 y desde entonces la ha usado como plataforma para sus aventuras capitalistas. Ha fluctuado durante muchos años en la lista Forbes de las 400 personas más ricas del mundo. Ya en el año 2000 tanteo la posibilidad de presentarse a las elecciones presidenciales pero se retiró de forma prematura al ver que el partido con el que se presentaba, el Partido Reformista, estaba viciado por luchas de poder.

Un egocéntrico de proporciones épicas, amasó su fortuna a través de la especulación inmobiliaria, o como diría él, “haciendo las cosas bien”. Compraba propiedades o proyectos a precios irrisorios para reformar y en ocasiones vender de nuevo. En algunos casos, Trump añadía estas propiedades a su portfolio con resultados negativos. A principios de los 90 se embarcó en una serie de inversiones que acabaron en la bancarrota: el casino Trump Taj Mahal, la aerolínea Trump o el famoso Plaza Hotel neoyorkino pasaron por sus manos y posteriormente tuvo que ceder parte o la totalidad de las propiedades para reestructurar las deudas.

En el ámbito político no consta de experiencia alguna y esa ha sido su gran baza. Con su retórica simple y repetitiva ha criticado clara y duramente a sus rivales políticos por su pasado. Al mismo tiempo se arropa en su figura mediática y de empresario multimillonario como credencial para acabar con la corrupción, él no pertenece al establishment y por lo tanto se propone como el indicado para sanear la situación en Washington. Esta retórica, grandilocuente pero minimalista, le ha ganado un sinfín de titulares; y es que Trump ha venido a demostrar que para él no existe la mala publicidad. Un muro frente a México o prohibir la entrada de gente musulmana al país han sido dos de sus propuestas clave aunque, fiel a su línea, veremos cuantos quiebros y correcciones caben si finalmente intenta plasmar estas políticas regresivas.

Es importante considerar que Trump no ha creado su retórica y sus discursos de la nada. La retórica islamófoba, xenófoba y fuertemente identitaria lleva tiempo cocinándose en los debates políticos y en las franjas más extrema del Partido Republicano. La frontera entre Estados Unidos y México ya es un muro hiper-militarizado y la inmigración clandestina es ilegal y reprimida. Es de esperar que, aunque corregidas, estas políticas van a golpear, como siempre, a los sectores más desfavorecidos de la población.

La campaña electoral por el fango

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Siguiendo con la retórica populista de Trump, aquí conviene concederle una victoria táctica al candidato republicano. Con sus formas y lenguaje ha conseguido arrastrar la campaña presidencial hasta niveles insospechados de inconcreción, un escenario donde él se desenvuelve mucho mejor que ella. Pero en esta maniobra ha contado tanto con aliados internos como externos.

En primer lugar, ya es sabido que en Estados Unidos el sensacionalismo y la política van de la mano para que las cadenas informativas, en sus muy diversos formatos, hagan caja. Es aquí donde conviene reflexionar sobre qué modelo informativo se está consumiendo y hasta qué punto han sido cómplices los medios internacionales de comunicación de centrarse en polémicas para rehuir de un muy necesitado debate programático entre los candidatos. La refrescante excepción se dió durante las primarias demócratas, cuando Bernie Sanders aún estaba en la carrera por convertirse en candidato a la presidencia.

En segundo lugar se encuentran los factores externos, es decir, las polémicas protagonizadas por ambos candidatos pero aireadas por terceros. De un lado están los e-mails de Hillary Clinton y de otro la grabación de Trump alardeando de ser un acosador sexual.

Clinton, poco antes de comenzar su mandato como Secretaria de Estado, montó un servidor privado en su domicilio para controlar toda su correspondencia electrónica. Lo uso durante todo su mandato y al hacerlo, no solo dejó vulnerable información clasificada en un servidor privado, sino que pudo haber violado leyes federales sobre el registro de información. Es por este motivo por el cual el FBI abrió diligencias sobre el caso hasta en dos ocasiones, la última investigación se cerró dos días antes de las elecciones, pero el servicio federal concluyó que no era factible presentar una demanda.

Por su parte Donald Trump fue grabado durante una conversación en la que presume de ser un acosador. “Cuando eres una estrella, ellas te dejan hacerles cualquier cosa” dijo Trump durante la conversación que mantuvo en 2005. La cinta se dió a conocer mundialmente en octubre de este año, coincidiendo con la recta final de la campaña electoral. Estas declaraciones le volvieron a costar duras críticas incluso desde las filas republicanas y Trump finalmente admitió que fueron sus palabras y pidió disculpas, algo insólito pues tiene todo un historial sexista a sus espaldas. No olvidemos que desde 1996 hasta el año pasado, Donald Trump era accionista o dueño de los concursos Miss Universo, Miss Estados Unidos y Miss Estados Unidos Jóven (14-19 años).

Mezclando por tanto dinámicas internas y externas, Trump ha sabido contener y reaccionar a los escándalos mucho mejor que Clinton. Al fin y al cabo es también una estrella mediática y como tal, sabe desenvolverse entre tabloides y platós. Pero el verdadero mérito reside en que, aún habiendo rebajado el nivel del debate, Trump ha ofrecido un discurso más cercano a la realidad que vive la clase popular blanca de Estados Unidos y ha conseguido arrancar votos demócratas entre los grupos de renta baja y sin titulación universitaria: los perdedores de la globalización. Mientras tanto Clinton ha intentado camuflar su trayectoria y conexiones con todo el establishment, incluido Wall Street, arrimándose a las estrellas del pop como Madonna y Beyoncé.

Futuro por definir

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La pérdida de confianza en Obama en los últimos años y el revulsivo que supuso Bernie Sanders suponen un importantísimo varapalo para el Partido Demócrata que con suerte les llevará a un necesario periodo de autocrítica y reflexión. Por su parte Trump también tiene que pensar ahora en cómo unificar de nuevo al Partido Republicano. Después de un año fratricida va a necesitar el apoyo de todo el aparato republicano para implementar sus medidas, aunque sean de forma diluida.

Pero sin embargo, la mayor fractura que deja esta elección es interior a la sociedad estadounidense: la proyección identitaria y cabreada de la clase media blanca (desde siempre la columna vertebral de la sociedad norteamericana) se enfrenta a los intereses que regulan una superpotencia capitalista, construida, siempre más, gracias la mano de obra barata de los migrantes. La tensión entre el modelo identitario y aislacionista y la sociedad capitalista multicultural (donde el racismo es un elemento catalizador del mercado del trabajo) va a ser el principal elemento para definir la esencia futura de Estados Unidos.

Una última consideración, más allá de las especulaciones geopolíticas (que ya hemos tratado): la victoria de Trump supone un enorme impulso mediático para la derecha populista en el mundo y sobre todo en Europa. El principal apoyo mediático a Trump ha venido de Breitbart.com, centro de información de extrema derecha, que lleva tiempo moviéndose en el magma populista, fomentado por las redes sociales y las teorías de la conspiración. Hemos visto como el voto del Brexit ha sido prácticamente hegemonizado por los tories, como la crisis de refugiados fomenta sentimientos xenófobos y en breves se van a tener unas elecciones en Francia, que podrían entregar el país a otro partido de extrema derecha, que también utiliza la retórica islamófoba y racista para avanzar en contra del establishment. Esta elección representa un paso más en un proceso de crecimiento de la extrema derecha populista que parece ir a convertirse en un actor siempre más influyente en el escenario internacional.

Giacomo Pevarello

Politólogo, licenciado en Estudios Internacionales en la Alma Mater de Bolonia y Máster en Política Internacional en la Universidad Complutense de Madrid. Especializado en Relaciones Internacionales, Geopolítica, Espacio post-soviético (en particular Cáucaso Norte). También escribo sobre Europa, Oriente Medio y Magreb, terrorismo y crimen organizado. Soy un aficionado del Hip-Hop, de las novelas y del cine negro, género pulp y de las culturas undergound. Coordinador de Extramuros y redactor.