Gran coalición à la française

Jueves 02 de Marzo de 2017
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Marine Le Pen
Franck PENNANT / AFP

Crónica de la elección presidencial en Francia

El próximo presidente de la república francesa se conocerá el próximo 7 de mayo a las 20:00, cuando cierren las mesas de voto de la segunda vuelta de la elección. La primera vuelta, prevista dos semanas antes, permitirá a los electores franceses seleccionar a dos finalistas entre los candidatos declarados, y el que obtenga en segunda vuelta la mitad de los votos más uno será presidente hasta 2022. Luego, en junio próximo, se harán las elecciones generales, renovando el parlamento francés y determinando la mayoría de gobierno. Ese orden ha sido impuesto en 2002 por el partido socialista, para garantizar que el parlamento, elegido en la racha victoriosa del presidente recién electo, no tenga una mayoría contraria al presidente.

Marine Le Pen, líder del partido de extrema derecha Frente Nacional (FN), sale como candidata en su mejor momento, y frente a ella el panorama político va conociendo profundas transformaciones. Los dos partidos que dominan la vida política desde hace 35 años, el Partido Socialista PS y el partido de derecha actualmente llamado Los Republicanos (antes era UMP, antes RPR) están quedando marginados por el empuje de candidatos que no salen de sus filas.

Eso ocurre a pesar de que esos dos partidos han montado primarias abiertas al voto de todos, pretendiendo así legitimar a sus candidatos ante cualquier otro. Hace cinco años, el PS fue el único partido que organizó primarias, y ganó entonces el outsider Hollande frente a la secretaria general Martine Aubry; eso le dio el impulso para vencer al presidente de la República saliente Nicolás Sarkozy.

Ahora, todo ha cambiado: François Hollande ha renunciado a presentarse esta vez, y su primer ministro Valls, que ha competido reemplazándole en las primarias del partido socialista, ha sido derrotado por Benoit Hamon.

El anterior presidente de la república Nicolás Sarkozy, líder del partido de derechas, también ha caído en las primarias de su partido (organizadas por primera vez). Los votantes de esa primaria han derrotado tanto a él como al candidato elegido por el establishment, antiguo delfín de Chirac, Alain Juppé. El ganador de las primarias de derecha ha sido François Fillon, antiguo primer ministro.

A semejanza de Josep Oliu (Banco Sabadell) que pidió “un Podemos de derechas”, antes de que se iniciara la operación de promoción masiva de Albert Rivera por parte de los medios, los propietarios de los grandes medios y líderes de la patronal francesa se han empeñado en promover a bombo y platillo la candidatura presidencial de Emmanuel Macron. Hasta hace poco Macron era ministro de finanzas del gobierno socialista, previamente fue secretario general adjunto de la presidencia, viniendo de la banca financiera en donde se ha hecho rico. Cuenta con una campaña financiada ampliamente por donantes desconocidos, lleva varios meses copando las portadas de periódicos y las teles en manos del “gran patrón” Lagardère así como del otro gran financiero Pigasse; y también en los medios públicos que obedecen a Hollande.

Es algo muy parecido a la “operación Rivera”: portadas multiplicadas, entrevistas complacientes y encuestas prediciéndole un resultado holgado. Macron, con mucho ego y también mucha cara, ha publicado un libro-manifiesto titulado “Revolución”, y no duda en auto-denominarse “candidato antisistema”. En francés se dice “plus c’est gros plus ça passe”: cuanto más gorda la mentira más gente puede creérsela.

Macron defiende una línea política ultra liberal ya bastante conocida, y su campaña importa los métodos de las campañas americanas: oportunismo, discursos adaptados a clientelas segmentadas sin dudar en decir algo un día y su contrario al día siguiente dependiendo a quien se dirija – contando con el apoyo complaciente de los medios para que no se le vea el plumero.

La instalación del escenario para llevar a Macron al Eliseo, el palacio presidencial francés, tiene la marca de la habilidad táctica y del cinismo de Hollande.

Viendo la eliminación de Sarkozy en la primaria de derechas, Hollande entendió que él también iba a ser rechazado por culpa de su política: entonces renunció (algo totalmente inédito) a defender su puesto y dejó Valls estrellarse en la primaria socialista, los votantes sancionando la política del gobierno como totalmente contraria a las orientaciones de izquierdas y a lo que prometió Hollande para ser elegido en 2012.

Esa primaria socialista se benefició de una enorme publicidad por los medios, y a pesar de eso no ha llegado a movilizar ni la mitad de los votantes de la anterior primaria socialista; llegando incluso la dirección del partido socialista a presentar cifras de participación descaradamente trucadas en un intento de tapar el desastre.

El ganador, Benoit Hamon, se presenta como alternativa de izquierda a la política de corte liberal, reeditando así la jugada de Hollande en las primarias anteriores. Cinco años antes, Hollande era un outsider en la primaria (que estaba prometida al director general del FMI, Dominique Strauss Khan, antes que ese caiga por un asunto de violación en un hotel de Nueva York). Con un programa progresista concebido para parecer de izquierdas frente al campeón del FMI, Hollande derrotó a la secretaria general Martine Aubry – cuyo principal teniente era…Hamon.

Hoy, Hamon pretende aparecer como un oponente al gobierno (del que formó parte hasta 2014). Pero, al mismo tiempo, renueva para las generales a las candidaturas de todos los que defendieron la política de Hollande – es decir, la mayoría “hollandista”, incluyendo al propio Valls y a los ministros emblemáticos como la ministra de trabajo.

Siguiendo inmediatamente la selección muy publicitada de Hamon como candidato socialista, los medios, dándole certificados de ser de izquierdas “de verdad”, han empezado a exigir al candidato progresista Jean-Luc Melenchon que se retire en nombre de la supuesta unidad de la izquierda frente al peligro de Le Pen – la prepotencia del PS pareciendo incuestionable frente a Melenchon.

También en los días siguiendo la primaria socialista, manos ocultas han empezado a alimentar los medios sobre la contratación por el candidato de derechas Fillon de su esposa mediante un empleo ficticio, desatando un gran escándalo inmediatamente amplificado. Cada semana aparece un episodio nuevo, y la fiscalía financiera – que no se movió cuando había que investigar el fraude a Hacienda del ministro socialista de… Hacienda – ha emprendido sigilosamente investigaciones. A Fillon, esa campaña electoral se le presenta como un viacrucis muy doloroso.

Mientras tanto, las encuestas van dando caña. La intención de voto para la primera vuelta pone a Le Pen a la cabeza con 26,5% de votos, seguida de Macron y Fillon con 19%. Hamon con 14% y Melenchon con 11% de votos, al igual que el resto de candidatos, no tendrían ninguna posibilidad.

Macron se beneficia del apoyo del aparato gubernamental manejado por el socialista Hollande, del apoyo de barones del PS pero también de las principales figuras de la patronal y de las finanzas.

Los candidatos de los dos partidos otrora dominantes, PS y partido de la derecha, se ven condenados a un papel secundario:

* para el candidato PS, se trata de salvar al aparato de su partido, comprar a los dirigentes del pequeño partido verde y a los que pueda del moribundo partido comunista (cuyos afiliados han votado el apoyo a Melenchon mientras sus dirigentes no querían). Su papel es bloquear la dinámica de Melenchon, como se bloqueó a Sanders o a Podemos;
* para el candidato de derechas, se trata de guardar su núcleo de votos impidiendo que se vayan a Marine Le Pen;
* a los dos, se les encomienda ponerse al servicio de Macron frente a Le Pen en la segunda vuelta de la presidencial, y después en las generales.

“Todo debe cambiar para que nada cambie”: ya tenemos la versión francesa del gatopardismo. La gran coalición à la française está servida.

El bipartidismo francés acaba de ser sacrificado de antemano en esa operación, y los poderes que mandan en Europa, los mandamases de la banca y de la patronal francesa tienen a esos partidos y al gobierno directamente intervenidos, con la intención de intervenirlos aún más directamente después de la elección de Macron.

Bueno, siempre hay un problema para la casta: la gente vota. A Rivera no les ha salido como les hubiera gustado, Renzi se ha estrellado en el referéndum constitucional, tampoco Clinton les ha salido como creían que debía salir… Ya se está notando cómo el camino se le está poniendo largo a Macron, quedando por delante dos meses de campaña en donde va a ser difícil que no se le vea el vacío y lo rancio de su propuesta “revolucionaria”.

Mientras tanto la violencia callejera en algunas barriadas se dispara y desborda a las autoridades como reacción a unos episodios de brutalidad policial, el miedo a nuevos atentados se mantiene en las mentes, el cansancio y la desesperación ante las políticas de recortes alimentan el rechazo al sistema político y el rencor de las clases populares.

Empieza la campaña electoral. Les iremos contando como transcurre, y presentando con más detalle las diferentes apuestas políticas.

À suivre… (continuará)

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