Dispara con Mario Cuesta - Las raíces de la guerra civil siria

Viernes 12 de Febrero de 2016
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Foto de Pablo Albacete
Foto de Pablo Albacete

Mario Cuesta (Madrid, 1980) es periodista, escritor y guionista. Puntualmente ha colaborado con medios como El Diario, CTXT, Tinta Libre o La Voz de Galicia donde ha realizado artículos de análisis sobre la realidad del mundo árabe. Es un extraordinario conocedor de la vida, la cultura y el aroma de Siria, Líbano y el Kurdistán. De hecho, en 2015 publicó "Por encima de mi cadáver" (Ed. del Viento), donde relata experiencias y detalles de sus viajes y su vida en la región, hoy, por desgracia, tan presente para todos nosotros. Quizá porque ha vivido de primera mano los años inmediatamente anteriores a la guerra civil que asola un país, entonces de futuro prometedor, o quizá porque ha estado en contacto con el pueblo kurdo, su relato es profundamente claro y esclarecedor de una realidad que -como cualquiera envuelta en el conflicto- no resulta fácil de mantener dentro de los márgenes de lo objetivo y lo ecuánime.

¿Qué clase de estado era Siria antes de conflicto? ¿Cuáles eran los temas que afectaban a la población en la vida política del país?

Como otros países árabes era una dictadura presidencialista. El tema político más importante era si habría una apertura del Régimen, como había prometido Bashar. Nunca escuché que se estuviese gestando una revolución o un golpe de estado. Creo que se pensaba que el Régimen era tan fuerte que solo él podría disolverse y los esfuerzos de los activistas iban en esa dirección.

¿Existían derechos políticos y sociales? ¿Se respetaban los derechos húmanos? ¿Se puede considerar la dictadura de Bashar al Assad como brutal?

No había derechos políticos, ni se respetaban los derechos humanos. No sé lo que signifca “brutal” en terminos políticos, pero no permitía la disidencia. Por otro lado, si no te metías en política y no tenías problemas con el ejército, los altos funcionarios, o la mujabarat –la policía política-, es decir, con los círculos de poder, tu vida se desarrollaba con normalidad: tus hijos podían estudiar gratuitamente, podías trabajar, moverte por el país, disfrutar de ocio... Lo cierto es que en Siria había mucha gente (muchísima) que quería un cambio, pero que era feliz en su vida diaria. Lo malo era la fragilidad de esa felicidad. Todo podía venirse abajo si caías en desgracia ante esos círculos de poder por un simple comentario malinterpretado, o porque sus intereses particulares –no políticos, sino suyos, de su familia, o de un amigo- se enfrentaban a los tuyos. Eso era angustioso y había generado una estructura política clientelista, arbitraria y corrupta. Los contactos y el dinero abrían las puertas de cualquier iniciativa. Esos abusos cotidianos habían extendido el miedo y el resentimiento entre la población.

¿Era Siria un régimen laico? ¿Cuál era la relación entre los diferentes grupos religiosos y cuánto pesaba el islamismo sunní?

Sí y no. No había religión de Estado, no se perseguía a nadie por su fe ni por su ateísmo, pero la religión era fundamental en el esqueleto del país. Para empezar, los puestos de poder político, militar y económico estaban copados por alawitas, la comunidad a la que pertenecen los Al Asad. Por otro lado, los asuntos civiles de índole familiar, como el matrimonio, el divorcio, etc, se resolvían en tribunales particulares para cada una de las comunidades religiosas (musulmanes, cristianos, drusos...). Eso reforzaba el papel de la religión como factor de identidad individual. Al no existir el matrimonio civil las comunidades no se mezclaban, reforzando el papel de la comunidad frente al del Estado, el de la pertenencia frente al de la ciudadanía. En Líbano ocurre lo mismo; el país es una democracia, pero los partidos políticos, en su mayoría, responden a criterios de confesión religiosa y no ideológica. Para que haya democracia tiene que haber ciudadanos autónomos, independientes, algo que solo el matrimonio civil puede conseguir. Los kurdos lo han implantado en el territorio que controlan en el norte. Se ha hablado poco de ello, pero para mí es la transformación social y política de mayor calado que se producirá en Oriente Próximo... si se logra.

¿Existía el yihadismo? ¿Cuánto preocupaba este tema a la sociedad civil?

No es lo mismo yihadismo que salafismo. Llamamos yihadismo a la ideología que aspira a expandir el Islam fuera de las fronteras de los países musulmanes, además de instaurar la sharia literal en estos. El salafismo –como lo entendemos hoy- busca que las leyes del estado estén inspiradas por el Islam, incluso que se aplique la sharia en algunos casos. Al Qaeda es yihadista, los Hermanos Musulmanes son salafistas. Por tanto, yihadismo en Siria no había, salafismo, sí. Los Hermanos Musulmanes seguían activos, a pesar de que desde los años 80 habían sido duramente reprimidos. Sobre este asunto la preocupación era diversa. Las minorías religiosas (cristianos, chiítas, drusos, etc...) temían ser arrinconadas y sufrir una posible represalia por el apoyo directo o tácito de su comunidad al Régimen. Los grupos ilustrados de profesionales e intelectuales también lo temían, especialmente las mujeres, porque aspiraban a una democracia laica. Entre los sunitas pobres habría de todo. Si la pregunta es si había miedo a una revolución salafista inminente que fuese a tomar el poder, yo nunca lo escuché. Por otro lado, el auge del salafismo en el mundo musulmán preocupaba de forma natural a todos los no salafistas que viven en un país de mayoría musulmana, como era Siria, pero no como fenómeno local, sino global que puede acabar afectándote.

¿Qué es lo que marca el inicio de las protestas?

La Primavera Árabe en el Magreb. Una vez que caló en Egipto era imposible que no se extendiera a Siria. El detonante fue el encarcelamiento de unos chavales en Deraa por hacer unos grafitis contra el gobierno. Pero el motivo fue la sensación de que era un momento histórico para el mundo árabe. Que la hora de la libertad y el progreso había llegado. Se dice que la sequía de los años anteriores también jugó un papel esencial, pues el gobierno no la había atajado y miles de campesinos se habían visto obligados a trasladarse a las ciudades, quedando desamparados, frustrados y empobrecidos.

¿Cómo vive la población la llamada "Primavera Siria"? ¿Coincidían las reivindicaciones con los intereses reales de la sociedad siria?

No existe una “población” que vivió las protestas de una manera. De ser así no habría habido una guerra civil. Como decía antes, para los manifestantes era un momento histórico del que se sentían parte. Era la llegada de la democracia al mundo árabe. Las reivindicaciones coincidían con los intereses de esa parte de la sociedad siria, en la medida en que no fue una revolución sustentada por líderes. De hecho, uno de los problemas fue que no tuvo líderes que pudieran negociar con Asad o con las potencias extranjeras. Cuando se formó una mesa de la oposición en el exilio fue un completo fracaso. Cada uno iba a lo suyo, nadie reconocía la potestad de nadie para hablar en su nombre, o para sentarse a su lado. Sin ninguna duda esto agravó la situación, pues el caos fue total y la guerra civil se llenó de grupúsculos armados.

Foto de Mario Cuesta
Foto de Mario Cuesta

¿Qué grupos protagonizan la protesta? ¿Es un movimiento homogéneo o heterogéneo?

Al principio fue una revuelta popular. Sin líderes personales ni de partido. Por desgracia, la intervención internacional tomó el protagonismo rápidamente. Las potencias internacionales y regionales sabían que quien dominase Siria ganaría Oriente Medio, con lo que eso implica. Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí querían romper el arco de poder chiíta que se extendía desde Líbano (en la figura de Hezbolá) hasta Irán, pasando por Siria e Irak. Irán y Hezbola, por ese motivo querían garantizar la permanencia de Asad en el poder. Turquía quería asegurarse de que los kurdos no salían reforzados, para evitar un resurgimiento del nacionalismo kurdo dentro de sus fronteras. Rusia no iba a dejar que Estados Unidos y la OTAN ganasen predominancia en la zona. En las negociaciones de paz que se están intentando poner en marcha estos días, vemos de nuevo que la voz de los sirios tiene el mismo peso que el de, por ejemplo, Turquía, que veta a los kurdos para que estén en la mesa de negociaciones, o la de Arabia Saudí, que trata de imponer una lista de partidos legítimos para representar al pueblo sirio. Volviendo al periodo de las protestas, cada uno de estos países subvencionó a los grupos que mejor defendían sus propios intereses, así que la revuelta homogénea, espontánea y popular, acabó fracturada.

¿Cómo reacciona el gobierno? ¿Es muy dura la represión?

Muy dura. En mi opinión ese fue un grave error de cálculo del gobierno. Las protestas comenzaron en marzo y hasta octubre la oposición no creó el Ejército Sirio Libre. Son siete meses de protestas pacíficas, en los que se les reprimió con munición real. El Régimen se equivocó al pensar que los manifestantes se asustarían. Como decía antes, la Primavera Árabe había triunfado en todo el Magreb, incluso habían derrocado a Mubarak, lo que parecía imposible; la hora de la socidad árabe había llegado, estaban exultantes, no concebían dar marcha atrás. Ese ímpetu, unido al inmovilismo del gobierno, al uso excesivo de la fuerza, y a la ausencia de líderes políticos en la oposición, llevó a la revolución armada.

¿Cuándo se produce un “salto cualitativo” y de la protesta/represión se pasa a una guerra civil y a la violencia como la que emplea Daesh?

Me parece que no podemos unir las protestas con la guerra civil y el Daesh. El Daesh no es una consecuencia de la revolución, ni de la represión del Régimen. El Daesh nace de una escisión de Al Qaeda, manteniendo sus objetivos y estrategias, pero multiplicando su crueldad y espectacularidad. Daesh se explica analizando la historia del yihadismo internacional (de hecho cuenta con una enorme proporción de combatientes extranjeros, no sirios). Por supuesto, si logra medrar en Siria es por el vacío de poder y la afluencia de armas, combatientes, y dinero sin control que provoca la guerra civil. El Estado Islámico es producto directo de la guerra y por eso será la paz, y no los bombardeos de Rusia o de Estados Unidos, la que acabe con él. En cuanto a la génesis de la violencia, tras la reacción armada del gobierno a las manifestaciones y ante el convencimiento de que Asad no cedería, la oposición se fue armando paulatinamente. Muchos se abstuvieron desde el principio porque temían que eso desencadenara una guerra civil, como así ha sido. Después, la guerra genera más guerra, la escalada de crueldad es inevitable. Cuando naturalizas la muerte y aumentan las cuentas pendientes mutuas la violencia solo crece.

¿Se han utilizado armas químicas? En caso afirmativo, ¿quién las ha utilizado?

Se han utilizado en tres ocasiones. La primera, en 2013, bien documentada, en Ghoutta, un suburbio de Damasco en manos rebeldes. La segunda, en una zona en manos del gobierno en Alepo, en 2015, presuntamente por el ISIS. Y el tercero, a pequeña escala en la región de Idlib, en 2015, sobre un pueblo rebelde, presuntamente desde fuerzas leales al gobierno. En el primer caso se acusa al gobierno de Asad, pero este lo niega. En el segundo y tercer caso ha sido complicado certificar la naturaleza de los ataques y su procedencia.

¿Cómo consideras que han actuado los medios de comunicación occidentales? ¿Y los demás (Al Jazeera, RT)?

Como siempre, alabando el valor y el sacrificio unos u otros combatientes. Es la retórica emotiva de la muerte y el heroismo, que solo incita a que más jóvenes sacrifiquen su vida. Cada medio siguió la tendencia general de la opinión pública de su país, que coincidía con la de su gobierno. La revolución y la guerra sirias son asuntos complejos que no se pueden explicar ni con fotografías ni con videos conmovedores, se necesitan textos largos, análisis llenos de palabras, lo que está en retroceso. Cuando las cosas se enrevesaron estábamos perdidos, de pronto ya no sabíamos quienes eran los buenos ni los malos. De pronto la foto de un combatiente haciendo el símbolo de la victoria, o una niña llorando sobre las ruinas de su casa, ya no permitían comprender nada. Tampoco es culpa de los periodistas; si el público no quiere leer, ¿qué van a hacer ellos? A los medios de comunicación la guerra les permite seducir al público con imágenes impactantes, en un momento en que el están perdiendo compradores.

¿Cuál era la situación de la población kurda en Siria antes del conflicto? ¿Cómo se inserta el conflicto kurdo dentro del enfrentamiento sirio?

Carecían del reconocimiento pleno de su identidad y, en general, eran discriminados de las esferas de poder. Se les veía como posibles secesionistas y por eso desde los años 60 se trató de reducir su peso político y aislarlos de sus primos de Turquía e Irak, mediante varias medidas expeditivas. Desde el estallido de la guerra, los kurdos se han atrincherado en el norte, renunciando a tomar partido abierto por el gobierno o la oposición. Desde su nueva situación, de absoluto poder local, su discurso se centra en reclamar que en el futuro el gobierno sirio, sea el que sea, reconozca su identidad, sus derechos, y un territorio autónomo, aunque no independiente.

¿Qué papel crees que jugará Bashar al Assad en el desenlace del conflicto? ¿Es un obstáculo al fin de la guerra o una solución necesaria para la estabilidad de la región?

La oposición siempre ha pedido que no forme parte del futuro del país, pero él se ha negado a aceptarlo como condición previa. Me cuesta enteder el porqué de esa negativa. Lo cierto es que lo deseable es que el cambio llegue paulatinamente, manteniendo en un principio la estructura actual del estado, pero abriéndolo al resto de la sociedad, para que cualquiera pueda participar en todas las esferas de poder. Irak ha sido la prueba de que desmantelar un estado solo trae caos. Por tanto, pienso que si él hubiese renunciado la estructura del país se podría haber mantenido; no creo que el Régimen sea tan personalista, sino que descansa en el entramado político, militar, policial y económico que hay detrás. Por supuesto, a corto plazo solo la estabilidad de Siria traerá paz a la región. Pero a largo plazo no veremos estabilidad en Oriente Próximo mientras no se instaure el matrimonio civil y no se una Líbano, Siria, Palestina, Israel y Jordania en un único Estado, es decir, se reviertan las fronteras que diseñó el Tratado Sikes-Pickot de 1916, que firmaron Inglaterra y Francia, con fines colonialistas.

Homs Syria

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