Die Hard Fillon. Crónica de la elección presidencial francesa

Lunes 20 de Marzo de 2017
Comparte y dispara Facebook Twitter
Fillon
Francois Mori/AP/SIPA

El “Penelopegate” de François Fillon

François Fillon, de 63 años, candidato de derechas a la elección presidencial, es un profesional de la política. Empezó con 22 años como colaborador de un diputado, al que sucedió; ha sido alcalde, presidente de diputación, ministro en gobiernos de derechas, y primer ministro durante los cinco años de presidencia Sarkozy (récord absoluto de duración de un primer ministro). Única originalidad: nativo de Le Mans, es piloto automóvil y ha competido en la legendaria carrera de las 24 horas.

La primaria de las derechas, en noviembre, estaba prometida a Alain Juppé, antiguo delfín de Jacques Chirac, mimado por los medios. Juppé se enfrentaba a Sarkozy, pero resulta que Fillon les ha surgido por la derecha sin que ningún medio ni encuesta lo haya visto.

Fillon empezó como representante de la tendencia social progresista del partido Gaullista, y se opuso al tratado europeo de Maastricht en el referéndum de 1992. Hoy, para ganar la primaria de las derechas, se ha presentado como discípulo de Margaret Thatcher. No se opone a la orientación económica de la Unión europea, pero si a la política atlantista de enfrentamiento con Rusia. También se ha valido de ser católico – una reivindicación hasta hace poco impensable en la política francesa. Así ha conseguido atraer el voto de los que se movilizaron contra el matrimonio homosexual - ley que generó manifestaciones muy importantes en su contra durante el año 2014.

Después de la primaria, Fillon empezó a mover fichas para parecer menos reaccionario. Tenía planeado empezar campaña en enero para ganar; pero lo que se la ha caído encima no se lo esperaba.

El 25 de enero, tres días después de la primaria socialista, el semanal “Le Canard Enchaîné” publicó que la esposa de Fillon, la británica Penelope, había cobrado como colaboradora parlamentaria unos 500.000 euros en menos de cinco años, sin haber trabajado.

El mismísimo día de esa publicación, la fiscalía anti-fraude abría una causa para investigar el “Penelopegate” - no tuvo esa fiscalía tal celeridad, todo lo contrario, cuando se trató de investigar al ministro socialista de Hacienda, condenado hace unos meses a tres años de cárcel.

Cinco días más tarde, ya estaba la policía interrogando a Fillon y su esposa, y al día siguiente el presidente socialista de la cámara de diputados autorizaba la policía a entrar en el parlamento para investigar. La policía también ha registrado el domicilio de los Fillon en París y el castillo que poseen en la región de Le Mans, permitiendo a los medios hacerle mucha publicidad.

¿De donde salen las “revelaciones” en contra de Fillon? Desde luego, no de una encuesta periodística. Lo que publica “Le Canard” cada semana viene de manos anónimas que lo tienen todo preparado.

El 24 de febrero, la fiscalía nombraba un juez para investigar la causa, y el primero de marzo se anunciaba que Fillon está convocado el día 15 de marzo para ser imputado.

Fillon no se rinde

Y ¿por qué el juez hace saber tan pronto que va a imputar a Fillon?

Resulta que, para ser oficialmente candidato a la elección presidencial, hay que obtener 500 apadrinamientos de cargos electos – alcaldes, diputados, senadores, presidentes de colectividades públicas, etc. El periodo durante el que los cargos electos deben mandar su apadrinamiento al Consejo constitucional se ha abierto el día 24 de febrero y se cierra el día 17 de marzo. El consejo constitucional publica dos veces a la semana la lista de apadrinamientos recibidos.

Al anunciar tan pronto que convoca a Fillon el día 15, el juez ha desencadenado una impresionante ola mediática y política exigiendo a Fillon que renuncie, y deje paso a… Juppé, el perdedor de la primaria.

Mientras Fillon obtuvo casi inmediatamente más de 2.000 apadrinamientos, resulta que a principios de marzo, Alain Juppé sin ser candidato, ya se beneficiaba de 288 apadrinamientos.

Claro, si el juez hubiese esperado el día 15 para imputar a Fillon, solo dos días antes de que cierre el plazo de los apadrinamientos, no habría quedado tiempo para intentar tumbar su candidatura y sacar adelante la alternativa Juppé.

Pero Fillon no se ha retirado. Ha organizado una manifestación de apoyo popular el domingo 5 de marzo en París, y esa manifestación ha resultado ser un éxito. Los barones del partido de derechas no se han atrevido más, y Juppé ha renunciado públicamente (¡por enésima vez!) a su candidatura.

El desmoronamiento del bipartidismo

En Francia como en España, llevamos 36 años de bipartidismo. A partir de 1981, el presidente de la República y el presidente del gobierno fueron o del partido de derechas (RPR, luego UMP, ahora LR) o del partido socialista, esos dos partidos dominando ampliamente la vida política y las instituciones. El socialista Mitterrand fue presidente durante 14 años (los mandatos eran de siete años), el derechista Chirac fue presidente 12 años (un mandato de siete y el segundo de cinco), le sucedió Sarkozy cinco años, y el socialista Hollande habrá sido presidente estos cinco últimos años.

Para contrarrestar a la derecha, Mitterrand utilizó los medios para darle una visibilidad inaudita al líder de la extrema derecha Jean-Marie Le Pen. En 1984 Le Pen consiguió un 10% en las elecciones europeas, resultado que no habría alcanzado sin la exposición mediática que Mitterrand le organizó. Ya instalado el partido de Le Pen a tal nivel, la derecha lo tuvo más difícil conseguir mayorías electorales, al no poder aliarse con la extrema derecha sin perder el voto “moderado” y la herencia política de su fundador Charles De Gaulle (quien siendo presidente de la República de 1958 a 1969, aplastó política y físicamente a la extrema derecha golpista y terrorista).

La idea de Mitterrand era cínica y brillante, correspondiéndose con su personalidad: mientras la extrema derecha nunca podría ganar suficientes votos para alzarse con el poder, la división del voto de derechas mantendría al partido socialista en condiciones de ganar, a pesar de que el voto de izquierda sea históricamente minoritario en el país.

Esa configuración bipartidista hoy está tumbada: el campeón del PS sale sin posibilidad de ganar, y el campeón del partido de derechas lo tiene difícil. ¿Cómo puede ser?

El partido de Le Pen, hoy liderado por su hija Marine, amenaza con superar al partido histórico de derechas, responsable de haber ejecutado políticas de recortes en nombre de la integración europea.

Y el socialista Hollande ha llevado una política totalmente contraria a lo que prometió para vencer a Sarkozy – la política dictada por Merkel y las fuerzas que dominan la “construcción europea”, de recortes y de incentivos a las ganancias de los más ricos. Hoy, las perspectivas de voto socialista están por los suelos, será el peor resultado de su historia y el candidato socialista Hamon podría ser superado por el de la izquierda radical, Jean-Luc Mélenchon.

Cargarse a Fillon, condición para que triunfe la “operación Macron”

Los poderes económicos que mandan en este país, y gran parte de la clase política de los viejos partidos, han decidido adelantarse al desmoronamiento del bipartidismo, montando una candidatura “antisistema” (para salvar al sistema, claro está): la candidatura de Emmanuel Macron.

Este hombre se ha salido del gobierno el verano pasado y, desde entonces - como se hizo en España con Albert Rivera en el 2015 - copa las portadas de las revistas y periódicos controlados por la pequeña oligarquía capitalista francesa, tiene una exposición en radios y televisiones privadas como en medios de Estado equivalente a la suma de todos los demás contrincantes, hace campaña con un presupuesto tan descomunal como desconocido y sin que se sepa quién paga (ni tampoco se busca, que el periodismo en Francia no anda mucho mejor que en España).

Para que Macron gane, debe alzarse entre los dos primeros del voto el 23 de abril y pasar así a la segunda vuelta el 7 de mayo. Aquel día, probablemente frente a Le Pen, deberá poder contar con una reserva de votos a su favor.

Ese es el papel que se espera de los candidatos de los dos otrora partidos dominantes:
* para el candidato de derechas François Fillon, quitarle votos a Marine Le Pen para dárselos luego a Macron;
* y para el candidato socialista Benoit Hamon, restarle votos al candidato de izquierda radical Mélenchon y luego volcarlos hacia Macron.

Pero Fillon no acepta.

Quizás mirando a Rajoy, el nuevo campeón de la derecha no se da por vencido: sabe que tiene la capacidad de mantener un nivel muy alto de votos, y alzarse a la segunda vuelta. Si cae el bipartidismo, pues que caiga solo por la izquierda.

Entonces, para que Macron pueda subirse a la segunda vuelta y tener opciones de ganar, es necesario debilitar como sea al candidato Fillon. Ahí reside la explicación de la ofensiva masiva a la que Fillon tiene que enfrentarse.

La movilización de las instituciones estatales en contra de Fillon

Cada semana, sale algún elemento nuevo en contra de Fillon. Los detalles de la encuesta y de los informes judiciales se publican de inmediato en “Le Monde” (equivalente de “El País”) y en la prensa del grupo Hachette-Lagardère (es decir, en los medios que van promoviendo desde meses la candidatura Macron). Tal publicación, que supone un grave delito cometido por jueces o policías, no provoca ninguna investigación.

Cuando ha empezado a salir el “Penelopegate”, Sarkozy (que podría haber sido candidato) recibió una convocación a juicio, sobre un asunto de cuentas de campaña ya juzgado y cerrado. La decisión venía firmada de un solo juez cuando deberían haberla firmado dos – pero uno de los dos se ha resistido a la maniobra.

El Consejo constitucional, presidido por el “barón” socialista Laurent Fabius, ha llegado a ser criticado públicamente por la federación de alcaldes de pueblos, por no publicar todos los apadrinamientos cuando llegan, en lo que se interpreta como un intento de influenciar los miles de cargos electos que todavía no han mandado su decisión.

Ahora Macron se enfrenta a una encuesta del fiscal de Paris por haber contratado, como ministro de Hacienda, al grupo de comunicación Havas para organizar un encuentro en Las Vegas. Tal investigación debería ir a cargo de la fiscalía anti-fraude, que no se ha movido.

El candidato Macron tiene tal exposición mediática, y desarrolla tal campaña sin publicar cuentas, que la autoridad pública encargada de la igualdad de tratamiento de candidatos, por un lado, y el Consejo de Estado encargado del control de las cuentas de campaña electoral, por otro lado, deberían haber ya reaccionado. Pero no se han movido.

La campaña furiosa de los medios para promover a Macron evidencia cómo la prensa ha perdido - salvo contadas excepciones - toda independencia con los poderes financieros, y cómo los medios públicos están a sus órdenes.

Que la fiscalía nacional anti-fraude y la policía se muevan de forma coordinada en una agenda política, con dos varas de medir y en lo que aparece como una operación preparada, eso nunca se había visto hasta tal extremo, y denota una crisis de las instituciones de suma gravedad.

Se puede observar nítidamente lo que Manolo Monereo y Hector Ilueca proponen que se llame “trama”.

Fillon, a la desesperada

Mientras un número creciente de barones socialistas, e incluso algunos comunistas, apoyan abiertamente a Macron, el candidato socialista Hamon no hace campaña para ganar. Acepta visiblemente el papel de outsider y hace campaña para dirigir el partido socialista y no ser superado por el candidato de izquierda radical Mélenchon.

Fillon, por lo contrario, aun cree en su capacidad de ganar. Ya tiene las naves quemadas, y nada que perder.

Pero, para hacer frente a la ofensiva, ha tenido que llamar a sus apoyos más derechistas, comprometiendo gravemente toda posibilidad de reinstalarse en una posición más centrista, indispensable para recuperar todo el voto de derechas en Francia.

Ha hecho campaña contra Sarkozy denunciando su falta de ética, y presentándose como candidato limpio y austero. Esa imagen queda duramente dañada por las “revelaciones” sobre su forma real de vivir, propia de la casta de la que forma parte y al contrario de lo que pretendía parecer.

Para Fillon, la campaña presidencial ya es un viacrucis doloroso: cada semana le sirven una estación, y la crucifixión (simbólica, claro) está al fin del camino.

Puede que, al cargarse Fillon, la trama que promueve Macron se esté cargando al mejor candidato en contra de Marine Le Pen.

Porque los que han fomentado la candidatura Macron piensan tener la elección cantada en cuanto su candidato llegue a la segunda vuelta, convencidos de que Marine Le Pen nunca alcanzará el 50% de los votos.

El axioma de Mitterrand. Pero los tiempos han cambiado.

À suivre… (continuará)

Añadir nuevo comentario