Larga vida a Guillotina

Lunes 12 de Diciembre de 2016
Comparte y dispara Facebook Twitter
gui1
GIF: Bill Domonkos, 2015 (Photo: Tyne & Wear Archives & Museums)

La deriva general de los últimos tiempos hace que el nacimiento de Guillotina no pueda llegar en mejor momento. Necesitamos un espacio en el que mostrar nuestras miserias con orgullo y hacer patria de lo inútil. Un lugar en el que guillotinar todas las imposiciones, un estado de excepción para almas atormentadas por el devenir de los tiempos y la deconstrucción ficticia de la humanidad, que no deja de ser otra vuelta de tuerca de lo mismo. Un especial de los mejores momentos de Eurovisión en bucle, bien de caspa cósmica.

Imaginemos por un momento un escenario post apocalíptico. Solo tenemos que pensar en el olor a toalla mojada de la pana socialista o en el statu quo general, no es muy difícil. Diría que algo tipo Mad Max, pero creo que Waterworld está tan infravalorada que cualquier ocasión es buena para reivindicarla. Centrémonos pues, en una gran masa de agua y en las branquias de Kevin Costner... todo es tan desolador que no hay lugar para la esperanza y eso es lo mejor. ¿Qué es lo que permanecería después de que los polos se derritieran? ¿Qué sobreviviría a casi toda la humanidad? Es posible que, además de alguna cucaracha despistada, reinaran los cientos de toneladas de plástico con las que los seres humanos consiguieron cargarse el planeta, ahora cubierto de agua. Pequeñas venganzas del destino.

gui2

¿Hay algo más pop que el plástico? Sí, las realizaciones audiovisuales de Valerio Lazarov son mucho más pop, tanto que quedarán grabadas a fuego en el espíritu de Gaia, que dirían los cursis. Pero toda esa magia televisiva también está llena de derivados del petróleo, así que al final todo se reduce a montañas de basura (ningún rastro de cordura). Aunque diste mucho de ser un material noble, hemos convertido toda esa marea plástica en una especie de jerarquía de la posmodernidad en la que el plexiglás con purpurina se sitúa en una cúspide de objetos creados para serenar deseos de falsa felicidad. Un mapa del falso inconformismo imperante.

Los humanos somos así de cutres y, paradójicamente, eso es lo que nos hace interesantes. Es para lo que hemos quedado, para lamernos las heridas de una (pseudo) intelectualidad tan rodeada de mugre que apenas reluce. Quizás sea el momento de dar rienda suelta a nuestras bajas (y altas) pasiones, de empezar a hablar claro de lo que nos define, no como individuos, si no como polvo del universo. Pequeñas partículas de podredumbre y confeti suspendidas en el caos.

Guillotina es la justicia popular de la creatividad más ingenua. La búsqueda del plástico liberador que transforme en belleza la incorrección de lo cotidiano. La ruina de la megalomanía. La broma infinita del siglo XXI, un códice digital en el que desarrollar un existencialismo vago y autocomplaciente. Una iconoclasia de salón que se combate con verborrea y cerveza. Esto va de glorificar la comida basura, los centros de mesa de frutas falsas y las figuritas de Lladró. No hay que buscarle sentido.

Hay quien dice que ya está todo inventado. Serán los mismos señores que intentan capar la creatividad con deslumbrantes teorías sobre el deber ser, en las que se escudan para intentar mantener el orden. Pero, por más que se esfuercen, en las sombras siempre hay movimiento y las montañas de plástico siguen mutando y dando vida a nuevas necesidades.

Guillotina es la conciencia colectiva de esas sobras de celofán que somos todos. Somos les enfants terribles de DisparaMag y no nos importan las collejas...

Añadir nuevo comentario