Teen Wolf, la era de las chicas lobo

Martes 13 de Diciembre de 2016
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Nunca me he considerado una persona demasiado ambiciosa, más bien todo lo contrario, pero empezar a escribir sobre tebeos con Teen Wolf es entrar por la puerta grande. En esto de la banda diseñada creo que lo mejor es guiarse, literalmente, por el olfato. Pues yo no sé qué sustancias prohibidas habrán mezclado con la tinta de esta pequeña antología pero huele a cena de navidad, de esas en las que tienes que desabrocharte el pantalón por buena educación.
Estamos viviendo un momento muy dulce en esto de los tebeos y derivados. De unos años a esta parte el volumen de publicaciones se ha ido multiplicando en cantidad y, sobre todo, en calidad. El espíritu del háztelo tu mismo ha calado en muchos jóvenes que buscan nuevas-antiguas formas de conseguir vivir de su arte. Y digo nuevas-antiguas porque, aunque no se ha inventado nada, se están mejorando con creces las fórmulas existentes. No tengo muy claro si esto responde a la desafección de los jóvenes o a la simple necesidad de nuevos soportes de comunicación que puedan recoger mejor el testigo de una generación que se ha construido con las Mamachicho como hilo conductor. Pensándolo mejor, probablemente sean las dos caras de la misma moneda. Porque sí, colegas, este universo no deja de ser un nuevo escaparate cultural que no se ajusta a la academia y que, precisamente por eso, ha ido ganando popularidad de una manera muy natural.

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Teen Wolf es un todo dividido en pequeñas cápsulas de ristretto que liga perfectamente la vanguardia de las artes gráficas, con una reinterpretación en clave de género (sin ninguna pretensión académica), de la figura del hombre-lobo, pero todo aderezado con un puntito naíf muy fanzinero. Surge de la fusión de TikTok Cómics, un espacio virtual que sirve como escaparate a jóvenes artistas gráficos, y Fosfatina, una editorial pequeñita e independiente que apuesta por hacer magia en cada una de sus publicaciones. Dos iniciativas con un sentido del buen gusto superlativo, que están haciendo cosas muy bonitas.

Son muchos los licántropos que se han convertido en referencias populares. Desde la mítica “Lobo-Hombre en París (su nombre es Denisse)” de La Unión (¡eh! estás tarareando, ¿verdad? Sorry, not sorry), hasta el señor de Crepúsculo que se pasa toda la saga reproduciendo falsos mitos del amor romántico a pecho descubierto, pasando por Lobezno y la pereza que produce esa masculinidad tan de superhéroes mutantes atormentados. Pero el punto de partida este experimento es tan fistro como brillante. La idea es desmitificar “De pelo en pecho” (en inglés Teen Wolf, finísima ranciedad española), la polvorienta película ochentera protagonizada por Michael J. Fox, buscando una reasignación simbólica de los roles sexistas de los ritos iniciáticos adolescentes.

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A partir de ahí lo más curioso es ver como las todas las autoras desarrollan sus historietas desde distintas perspectivas, estilos y sensibilidades, generando una espiral creativa que refleja el ambiguo imaginario de una feminidad en constante construcción. Porque la feminidad no es una, somos todas y ahí se encuentra lo verdaderamente interesante.

Creo que no me equivoco al afirmar que muchos de los nacidos en el periodo que comprende desde finales de los setenta hasta principios de los noventa, hemos fantaseado alguna vez con tener un anuario y un baile de primavera, con mucho ponche edulcorado, brazaletes de flores naturales, la banda de Brian tocando clásicos en versión hardcore melódico y los adornos loquísimos hechos con papel higiénico. Admitámoslo, por mucho que luchemos contra ello, el sueño americano siempre está ahí, acechante. Pues, al más puro estilo yanqui, las participantes en el proyecto se presentan con una orla maravillosa. La era de las chicas lobo ha llegado, un sueño.

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Fotografías a cargo de sandra m.g. (url: http://www.sandra-mg.com/)

Beatriz Romero

Loca de los perros, feminista, amante de los tebeos y politóloga, por ese orden. También estoy enganchada a las redes sociales pero eso es otra historia... Leer Persepolis me cambió la vida y desde entonces vivo fascinada con el país persa. La Bettycracia va a llegar... (y no habrá pase de puerta).

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