Hay un señor en España que vende motos

Viernes 30 de Diciembre de 2016
Comparte y dispara Facebook Twitter
Rey Felipe

Hay un señor en la tele que lo sabe todo. Nos dice cómo nos sentimos y cómo son creados esos sentimientos. Lo sabe todo todo. Sale en todos los canales. Como unos terroristas en El equipo A. Es un puto jefe. El jefe más puto de todos los putos jefes. Viste elegante y ha querido sacar mazo de libros por detrás descolocados. Rollo “estoy consultando todo el día mis libros para tomar decisiones trascendentales”. Y dice que quiere compartir con nosotras unas reflexiones sobre nuestro presente y nuestro futuro. FIU FIU. Y que va a extraer las conclusiones que mejor nos ayuden –a ti y a mí– a seguir adelante. “Siempre se ha dicho que los momentos más difíciles de la vida son las mejores oportunidades para descubrir nuestra fuerza interior, (…) para comprobar nuestra verdadera dimensión”. Hubiese molado un corte de emisión aquí para dejar a la gente pensando un poco está frase. Yo igual es que soy una desconfiada y tengo el corazón negro, pero no llevo ni dos minutos y ya creo que me están queriendo vender la moto.

Esto, o es un video adjunto a la edición deluxe de un best-seller de autodestrucción, mal llamada “””””autoayuda”””””, o es directamente una campaña masiva de una secta destructiva a instancias del Estado para captar a la gente. Una especie de secta laica de este desastroso Estado y este Régimen traidor a su gente, que glorifica un cierto sadomasoquismo en el que, literalmente, los momentos más dificiles de la vida son los mejores para algo, y no es cosa pequeña: comprobar nuestra verdadera dimensión. Lo podía haber dicho al revés y sin circunloquios: “¿quieres comprobar tu verdadera dimensión? No lo dudes: sufre”. No es de extrañar que este señor nos intente revelar el “Nuevo Mundo”. No sabemos si ha estado allí o se lo han contado, pero se nos pinta un mundo incierto, una nueva realidad que es “imparable” y a la que nos tenemos que adaptar porque el señor de la tele lo dice. La otra opción es que esa realidad “se nos imponga”. Es esta mierda. Una y otra vez. “Si no te lo tragas no me quieres”. “O consientes o te violo”. La misma mierda. El mismo chantaje pasivo-agresivo. Por todo ello, el telepredicador recalca la necesidad de un adoctrinamiento adecuado que “prepare a nuestros jóvenes” para este Nuevo Mundo. El señor lo llama “educación”. Un Nuevo Mundo en el que el “espítiru emprendedor” es –literalmente– una “exigencia”.

Rey Felipe

Y no podían faltar loas a la Familia, esa institución que en España lo es todo. La Familia es normalmente la instancia que intenta amortiguar los desaguisados del Estado o el Mercado. El señor de la tele se enorgullece de ello mientras en todas y cada una de esas familias alguien piensa “España no es un anuncio de Campofrío, pipa”. Supuramos vergüenza. Hay quien dice que si no juegas a la lotería no te toca sin reparar en que nacer es ya un primer escrutinio. Digamos que hay familias “premium”, familias “estándar”, familias “low cost” y familias “basura”. Y que no es todo azar, pues las familias “premium” van perdiendo posibilidades de convertirse en “estándar” con cada generación, mientras las “low cost” ganan posibilidades de convertirse en “basura”. Si la función de la Familia en España es ayudar a sobrellevar los peores momentos, ser una medicina contra la ansiedad de fondo indeleble de este Nuevo Mundo que tan dura se la pone al señor que lo dice, ¿no es una alta traición, una desfachatez y una barbarie dejar que las tendencias sociológicas hagan que una familia “premium” engendre individuos que formarán más familias “premium”, mientras las familias “low cost” tienen que mutilarse a sí mismas para no engendrar individuos que acaben constituyendo familias “basura”? ¿no ha dicho este señor algo de “no dejar atrás a los menos favorecidos”? ¿no tiene unas cuantas collejas? ¿ Puede el señor de la tele que dice cosas y vende enciclopedias que no existen, por un segundo, imaginar el temblor que produce esa ansiedad?

Una cree que no, entre otras cosas porque de ser así, ese señor no nos habría obligado a presenciar esa especie de “mira qué largo lo tengo (el palacio)” en el que un plano en movimiento nos hace entrar por la puerta, atravesar vastas estancias, en las que sus brillantes ornamentos parecen rayarnos las córneas, hasta que llegamos al despacho del vendedor de teletienda con sus libros descolocados. Nuestro ejército –desarmado, difuso y semiconsciente– llena su cabeza de imágenes indescriptibles e irreproducibles mientras presencia el espectáculo e imagina, en milésimas de segundo y sin darse cuenta, que la velocidad a la que desciende el cava de marca random de la cesta de tu cuñado se corresponde con la del descenso de una gran cuchilla triangular por un armazón de madera en algún universo paralelo. Y entonces todas bebemos con rabia; con una rabia alegre e inocente ante la imagen que acabamos de crear. Cuando el traidor es traicionado, cuando el asesino es asesinado, cuando el estafador es engañado: ahí nuestros corazones descansan plácidamente. Demos la paz a las nuestras, con bellas escenas como esas en nuestras mentes, para atraer la buena fortuna en el nuevo año.

P.D.: Señor vendemotos, búsquese un trabajo –emprenda– y demuestre su fuerza interior.

Añadir nuevo comentario