En Navidad, roba

PorR.H.
Martes 20 de Diciembre de 2016
Comparte y dispara Facebook Twitter
robar

(A continuación reproducimos, de manera ficcional, los argumentos que algunas personas podrían usar para convencerles de algo terriblemente malo: robar. Condenamos todo lo dicho más abajo, y queremos que todos los policías que lean estas líneas sepan que estamos de su lado. Robar está mal, siempre, de una vez por todas, y no importan las circunstancias. Esperamos que los ciudadanos de bien que lean este artículo sepan lo que no hay que hacer y aprendan claves sobre cómo detener a estos vagos y maleantes.)

Cuando dejas atrás la infancia, Papá Noel ya no te trae regalos. Es tu madre en paro la que se rasca el bolsillo para convertir vuestro hogar, un pequeño piso de ladrillo visto, en un lugar habitable. Se compra algún árbol de plástico, se decora con luces del chino, y se intentan cuadrar los días libres (cada vez menos y peor pagados) con los días señalados. En todas las casas que rondan o no llegan al mileurismo, donde las pensiones escasean y el desempleo no quiere irse, se hacen malabares con el sueldo para poder dejar algún regalo debajo del árbol.

El invierno siempre llega frío, y después de todo un año currando (o buscando trabajo), todos queremos un pequeño descanso, algo de calor y juntarnos con los nuestros a pasar tiempo en común. A falta de una vida en común, nos quedan las vacaciones. A falta de una vida tranquila, de ocio, alrededor de la cocina y la conversación, tenemos la cena de Nochevieja. Su importancia es innegable.

A la vez, la Navidad ha sido usada por el marketing estacional como su fecha favorita: en nuestro país, con una mitología a caballo entre el San Nicolás nórdico, el Antiguo Testamento y la posguerra española, tenemos servido un incansable martilleo de anuncios, un eterno catálogo de los productos que debemos tener bajo el árbol para estar tan sonrientes como la familia del spot publicitario. Regálale nuestro producto a tus seres queridos para que sean felices, decora tu casa con nosotros para que tu navidad parezca una verdadera Navidad.

Un ejemplo perfecto de esta navidad prefabricada es el anuncio de las muñecas Famosa de hace unos años. Viviendo aún de la historia franquista de su producto, y mezclando el presente con el pasado idílico de los años 70, una familia de clase alta disfruta de la Navidad en un salón repleto de juguetes y con un árbol de navidad rebosante de regalos.

En tiempos de austeridad impuesta, la publicidad marca la abundancia como estándar. En algunas casas, y en algunos barrios más que en otros, los niños preguntan por qué no hay regalos debajo del árbol. Si lees esto como veinteañero, siempre puedes hacer un meme con unos nuggets haciendo la forma del árbol de navidad, sublimando tu sueldo de mierda en algo de humor para pasar el rato. Si lees esto como madre o padre, sabrás lo difícil que es explicarle a tus hijos qué diferencia hay entre ellos y los niños rubios del anuncio.

Lo cierto es que en 2005, el fondo de capital riesgo del Banco Santander compró la empresa juguetera Famosa, tras lo cual se trasladó a China y México el 70% de la producción, con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo en su región de origen, Alicante. Desde entonces la empresa ha ido rebotando de un fondo de riesgo a otro, siendo el último en comprarla el banco de inversión William Blair. Esta entidad financiera se dedica a especular comprando empresas en quiebra e intentando que recuperen facturación para hacer negocio con la venta. En el camino, se pierden puestos de trabajo en España y se crean en países con menos regulación laboral. En esa diferencia, se amplía el beneficio de las empresas inversoras.

Los grandes beneficios de la navidad acaban en las manos de estos bancos de inversión, en su mayoría internacionales y fundados por los hijos de grandes industriales del siglo veinte. El gasto navideño está en la espalda de las mismas familias que despidieron en las fábricas de Alicante, familias que por una vez al año quieren comer algo que no sea pasta o filete empanado. Sobra decir que los bancos de inversión fueron unos de los factores clave en la crisis de 2008, crisis que nos ha tocado sufrir, de nuevo, a los de abajo, crisis que ha dejado a muchos sin árbol porque les ha dejado sin casa donde poner el árbol. Los demás, compramos nuestra navidad a los culpables.

A largo plazo, defender el árbol de navidad lleno significa defender, primero, sueldos dignos, en último término, empresas que repartan su riqueza (es decir, empresas cooperativas y empresas públicas). Sin embargo, para estas navidades, el tiempo difícilmente llega. Por eso proponemos una medida a corto plazo: roba.

Robar está bien. Cualquiera que haya entendido el argumento de Robin Hood entiende que robar a William McCormick Blair, rico desde nacimiento y culpable de trabajar en poco más que poner su dinero a circular en las manos de brokers, está lejos de ser algo moralmente condenable. Robar a las grandes empresas sigue la misma lógica que los impuestos progresivos: distribuir la riqueza.

robar

Mientras El Corte Inglés factura 15.220 millones de euros en 2016, la mayoría de sus empleados no cobra más de 800. ¿La diferencia entre los accionistas de El Corte Inglés y los trabajadores? Ramón Areces, consagrado presidente de El Corte Inglés, tenía un tío que se había hecho rico en Cuba y que navegó con astucia financiera el crack del 29 mientras se codeaba con la oligarquía de la isla. Los empleados de El Corte Inglés, sin embargo, vienen de familias pobres, y se enfrentan a festivos que no se pagan como tales, sueldos de menos de 8 euros la hora o a la persecución de los sindicatos. La fortuna de las grandes empresas se fabrica a base de recortar derechos a sus empleados, por eso su máximo vocero, Juan Rosell, aboga por “relajar” los derechos de los trabajadores.

Ni visión empresarial, ni trabajo duro en un garaje. El emprendimiento es un mito para tapar una verdad mucho más fea: salvo contadas excepciones, los que tienen dinero, hacen más dinero a base de comprar el trabajo de los que nacen sin dinero, y únicamente poseen la capacidad de trabajar. Y los que nacemos en posesión de un pequeño piso, algunos cacharros para cocinar y nuestra fuerza de trabajo, morimos así mismo, asalariados. Que me expliquen, si no, cómo Donald Trump, tras declarar cuatro veces bancarrota en sus negocios, sigue en pie como empresario. La respuesta es que nació bañado en dinero y tiene un respaldo millonario para sus fracasos. Mientras tanto, los autónomos de tu barrio están cerrando porque Carrefour se lleva su clientela debido a los precios más competitivos que consigue pagando sueldos de miseria. El principal accionista de Carrefour es la familia Moulin, dueña del Grupo Galerías Lafayette y listada en el ránking Forbes de multimillonarios con una fortuna estimada de tres mil millones de euros. Cuando robas a Carrefour, estás robando a la familia Moulin. No entrará en quiebra por tu culpa, es evidente, y precisamente por eso está bien: a su fortuna multimillonaria no le supone nada, y a ti te supone llegar mejor a fin de mes. Mientras tanto, Carrefour acumula denuncias por pagar a 221 trabajadores sueldos inferiores a sueldo mínimo.

Pero Carrefour crea puestos de trabajo”. Lo cierto es que, como ejemplifica el caso de Famosa mencionado más arriba, las empresas suelen tender a mover su producción a los países con peores condiciones laborales, para pagar menos y ganar más. La que no lo hace, se queda atrás en el juego de la competencia, no puede competir en precios y se hunde. No se trata, por lo tanto, de que algunas empresas sean malas: la dinámica del sistema es esa, y si no la sigues, estás fuera. Carrefour llega a tu barrio, y lo que antes era un beneficio que se llevaba el autónomo que tenía una tiendita en la esquina, o esa cooperativa de chavales que te quiere vender un tomate que sabe a tomate y reparte su beneficio entre los trabajadores, ahora desaparece, y en su lugar tienes reponedores y cajeras que rozan el sueldo mínimo. Se trata, desde luego, de una manera muy extraña de crear trabajo. Uno diría, más bien, que destruyen trabajo digno para crear trabajo precario. Estamos hablando de empresas como Coca-Cola, que aun con beneficios anuales de 191 millones de euros echa a 220 trabajadores a golpe de ERE. ¿Quién crea empleo? Por último, una población en paro y desesperada por un trabajo es presa fácil de puestos mal remunerados con condiciones abusivas, y en nuestro país, ocho años después de la llegada de la crisis, el paro sigue siendo del 22,7%. Es curioso oír que las empresas crean puestos de trabajo, cuando el capitalismo hace tan buen uso del desempleo permanente.

Es por todo esto que el séptimo mandamiento, “No robarás”, es demasiado general como para tener sentido. No robes a tu vecino, no robes a quien necesita, o ha ganado con el sudor de su frente, la comida que tiene en su mesa. Roba a quien ha dejado a tu vecino sin trabajo, roba a quien se enriquece del trabajo de tu madre mientras le paga un sueldo que no os da para vivir, roba a quienes le cortaron la luz a la anciana de Reus. Roba a los que acumulan la riqueza que falta en tu barrio, a los que mandan sus empresas a Bangladesh para mantener sus beneficios millonarios. La vida no es blanca o negra, es gris: el gris de sus trajes de Armani y el gris de tu futuro.

robar

Pero tú solo has robado toallas del hotel, lo demás te parece peligroso, ¿qué pasará si me pillan?. Lo primero que necesitas saber es que la mayoría de las medidas de seguridad no funcionan. Mira las cámaras de unos grandes almacenes o de un centro comercial: tres plantas, cientos de tiendas por planta, en cada tienda varias cámaras. ¿Hay alguien permanentemente mirando todas las cámaras con completa atención? Lo cierto es que no. Mientras se trate de una gran superficie, lo más posible es que no haya nadie. Aun así, intenta encontrar los puntos ciegos. En las tiendas medianas (propiedad de las mismas grandes empresas, solo que copiando la cercanía que tenían las viejas tiendas de barrio), si ves que hay cámaras, fíjate bien en las paredes. Si hay alguna puerta sin letrero, o bien es un almacén, o bien hay un segurata mirando las cámaras. En ese caso, busca los puntos ciegos, o mete las cosas en tu abrigo de espaldas a la cámara. Truco: en los ascensores no suele haber cámaras y en los baños tampoco.

Lo primero que uno piensa es: ¿pitará? En primer lugar, el código de barras no pita. La típica etiqueta blanca con código de barras, tanto en libros, comida o discos, suele ser inofensiva. Es recomendable quitarlo, cosa que se puede hacer fácilmente con la uña: a veces, debajo suya, está lo que pita (por ejemplo, en un 1% de los casos, en los libros de La Casa del Libro). En tema libros, depende un poco de la empresa. En La Casa del Libro casi ningún libro pita. En los que sí, es un pequeño hilo metálico detrás del código de barras: lo podéis ver, fijándoos en si la etiqueta tiene un pequeño relieve rectangular debajo. Si es así, arrancadlo con la uña, y ya está. En FNAC, los libros no pitan, y la mayoría de los discos tampoco. Las películas, videojuegos, y electrónica, son un tema más difícil, que nosotros no recomendamos. Si queréis algo de electrónica, es más fácil en El Corte Inglés, que lo tiene mucho más desprotegido. Los libros de La Central tienen una etiqueta-chip de plástico, quitadla siempre porque esa sí pita. Ayuda tener las uñas largas.

En lo que a comida se refiere, pocas cosas pitan. Algunos jamones, algunas conservas pequeñas. Si vais a por productos como salmón, botes pequeños de algún tipo de delicatessen, buscad alguna etiqueta que parezca metálica. En el jamón caro, la etiqueta está dentro del envase, así que no podréis quitarla: id a por el jamón de precio medio. Nunca vayáis a por el producto más caro, que suele estar plagado de etiquetas, ir a por el segundo o tercero en precio. El resto de cosas: aceite de oliva, arroz, fuet, chocolate… nunca va a pitar, y casi todo cabe debajo del abrigo.

Luego piensas, ¿dónde lo meto? Normalmente depender de la mochila es muy aparatoso, a no ser que vayas con un amigo y estéis bien coordinados. Nosotros somos más partidarios de aprovechar los huecos entre tu cuerpo y la ropa, así como los bolsillos. Para libros, si son delgados, mete una parte en tu bragueta y cubre el resto con la camiseta (más fácil de hacer en invierno). Siempre es útil llevar una mochila: no para meter nada dentro, sino para cubrir lo que te hayas metido en la espalda. Si robas un libro muy gordo, te lo metes entre el pantalón y la espalda, y al cubrirlo con la mochila, no parece que lleves 1000 páginas ahí metidas. Lo mismo sirve para las típicas bandejas de carne: te caben 600 gramos de pollo en la espalda, y la mochila lo cubre.

Si robas, y además compras algo, quedarás menos sospechoso, especialmente en supermercados donde la gente no suele ir a mirar simplemente. En librerías, FNAC, El Corte Inglés, no hay problema, y en navidad menos: el tránsito te hará invisible. Intenta que, cuando robas, ningún cliente te vea: a algunos les dará igual, otros no dirán nada y se quedarán sorprendidos, algunos alertarán a los empleados. Más allá de estos pequeños trucos, te remitimos a los especialistas: El Libro Rojo y El Libro Morao de YoMango.

En navidad, roba. Cena mejor a costa de esos multimillonarios que amplían su inversión cada día gracias a tu trabajo de mierda. Hazles pagar por tus libros antes de que llegue el momento en que tengan que pagar por sus crímenes. Roba y comparte sin preocuparte nunca más porque no llegas a fin de mes.

robar

Añadir nuevo comentario