Macron, una celebración entre escombros

Martes 30 de Mayo de 2017
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Macron

Lo resumía perfectamente Joan Subirats en un tweet: «Dicen "Hemos salvado los muebles" pero la "salvación" no vendrá de arriba. La victoria de Macron es más bien "política de reducción de daños"». Y es que ojalá la política fuese tan fácil y en medio de esa obstinada fijación por el momento electoral, la victoria de Macron verdaderamente pudiera llegar a significar, así sin más, la victoria de la democracia, del bien o de cualquiera otra adscripción positiva que se le pudiera adjudicar.

Que no se malentienda: dadas las circunstancias, estoy convencido que el resultado es positivo y llegado el momento, el nuevo presidente francés tendrá la oportunidad de mostrar su valía, pero me parece que las cosas no están para «echar cohetes al cielo» o siquiera como para hacer celebración de lo sucedido. El generalizado optimismo con el que ha recibido la noticia quizá se deba a que el enfrentamiento entre Macron y Le Pen fue la escenificación de la clásica lucha entre el bien y el mal de acuerdo a como se encuentra inscrita en la cultura popular de los últimos tiempos, y esta vez, con una disposición de los roles bastante clara (mucho más que en la elección de Estados Unidos, por más que Trump siga empeñado en demonizarse a sí mismo).

En medio de la febril celebración me parece que es absolutamente necesario alertar sobre los riesgos que conllevaría abstraernos de la realidad y no preguntarnos qué hay detrás de la cara bonita y la buena imagen de Macron, o si cuenta con un programa pensado para atender la enorme insatisfacción de los franceses. La trascendencia de Le Pen no es obra de los poderes malignos, radica en un malestar social que, tras la victoria de Macron, habrá de convertirse en expectativa de cambio.

A nuestro héroe del momento, el distanciamiento con el partido socialista francés le habrá servido para ganar la elección, pero a la hora de gestionar al país tendrá que distanciarse de los desgastados socialistas a través de acciones concretas; ahí radica el reto. Si Le Pen es (todavía) la alternativa al clásico juego de izquierda-derecha que había gobernado siempre, Macron es la alternativa alternativa a esa alternativa, ¿se entiende? Creo que el escenario sería muy diferente si éste último hubiera sido candidato por el partido socialista, es decir: si hubiera sido la alternativa convencional a Le Pen.

Macron, hasta hoy, ha explotado una alternatividad que existe sólo como expectativa, pues ni siquiera es posible afirmar que se haya concretado en una promesa. Basta con ver su programa electoral para percibir que sus propuestas podrían resumirse en un "todo igual, pero mejor". Tampoco es algo raro, es lo mismo que sucede con todos quienes se escudan en esta supuesta ideología centro-liberal muy en boga: que carece de verdadero contenido, es una caja vacía (tendríamos que preguntarnos incluso si a estas alturas la izquierda y la derecha no lo son ya también). No hay pues una alternativa real. Y esta altenatividad, mucho me temo, es algo sumamente necesario ahora.

Tal y como están las cosas, el éxito o el terrible fracaso del próximo gobierno francés dependerá en grandísima medida de los indicadores económicos, de si se hace posible o no volver a dotar de vigor al estado de bienestar en Francia. El incremento en las prebendas sociales ofrecidas a los ciudadanos parece una condición sine qua non para que éstos vuelvan a confiar en sus instituciones, en los valores democráticos, en esa liberté, égalité, fraternité que parece cada vez más deslavada.

Este escenario presente, que además es compartido por varios países, es catastrófico. La democracia no puede estar condicionada a que suba el índice del PIB o a que aumenten los derechos sociales; el día que el rédito privado termine de convertirse en el único elemento de legitimación democrática, ese día se habrá firmado la sentencia definitiva y el mundo estará listo para desmoronarse en la próxima temporada de vacas flacas. Más que una estrategia de reducción de daños, lo que se necesita es una estrategia que esté encaminada a subvertir este esquema extremadamente economicista y egoísta que cada vez se encuentra más arraigado en la sociedad. Por esa razón lo que se necesita es que se plantee realmente la búsqueda por forjar de una vez por todas, los grandes valores democráticos como los únicos cimientos posibles de una república, de una democracia constitucional. Es eso lo que urge ahora, no otro liberal papanatas más.Principio del formulario

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