«Todo el poder para los sóviets»

Lunes 23 de Noviembre de 2015
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revolución rusa

La Revolución Rusa supuso un antes y un después en la historia reciente de Occidente. Por vez primera, las teorías de Marx tendrían una aplicación práctica sólida. La teoría y la praxis confluirían en un todo del que resultaría el primer Estado socialista de la historia: la Unión Soviética.

Rusia antes de la Revolución era una economía estanca, capitaneada por la caduca aristocracia zarista. El país estaba sumido en una especie de régimen económico semifeudal. La servidumbre fue abolida muy tarde, en 1861, durante el reinado del zar Alejandro II. Igualmente, la industrialización llegó bastante más tarde que al resto de países europeos. En la década de los 90 del siglo XIX ya se empiezan a ver los primeros signos de industria. La burguesía industrial de entonces era muy reducida y casi todas las manufactureras dependían del capital extranjero.

En medio de esta tímida industrialización, en 1897, se funda el POSDR (Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia). Empiezan a sobresalir las figuras de Lenin, Mártov y Plejánov.

En 1905 se produjo un primer intento de revolución en Rusia. Los obreros industriales y campesinos se levantan tras los sucesos del 5 de enero, en lo que se conoce como Domingo Sangriento; en Petrogrado, la Guardia Imperial reaccionó con violencia ante una protesta pacífica y las cargas se saldaron con 200 muertes. La burguesía reaccionó ante este intento de revolución tomando el mando, pues el poder estaba en disputa entre la emergente burguesía y la aristocracia zarista. Esta revolución fue espontánea y no produjo apenas impacto en la sociedad rusa. Sin embargo, se contuvo a los insurrectos con algunas concesiones y reformas. Al mismo tiempo, se crea el Primer Sóviet de Diputados Obreros de Petrogrado.

Tiempo después, ya en febrero de 1917, se produjo una nueva insurrección de características parecidas a la de 1905, excepto por la particularidad de que esta vez el Estado ruso estaba bastante debilitado a raíz de su participación en la Gran Guerra de 1914-1918. Nicolás II vio considerablemente reducidos sus apoyos por culpa de su mala gestión del conflicto. La presión popular provocó que abdicara y, en seguida, el revolucionario Kerenski tomó el control tras el vacío de poder dejado por el zar. Se instauró de este modo un gobierno provisional de transición. Al mismo tiempo, el Sóviet de Petrogrado se recompuso tras volver del exilio los militantes del POSDR y del Partido Social-Revolucionario, que luego serían protagonistas de los sucesos de octubre.

Rusia, tras la insurrección de febrero, era guiada por un doble gobierno. Por un lado estaba la Duma (parlamento) y por otro estaba el Sóviet de Petrogrado. Ambos tenían sus propias áreas de influencia. Por ello, Rusia estaba sufriendo al mismo tiempo dos tipos de revoluciones: una encabezada por la burguesía y otra encabezada por el proletariado. En un principio, el Sóviet de Petrogrado toleró el desarrollo de la revolución burguesa con el objetivo de que se estableciera un gobierno democrático de corte burgués que facilitara la realización de la revolución socialista más tarde.

La legitimidad del Gobierno Provisional de Kerenski entró en decadencia. El proletariado urbano y rural comenzó a organizarse en un movimiento de masas que terminó por expandir la creación de sóviets por toda Rusia. En algunas ciudades, los campesinos y obreros industriales se hicieron con el control de las tierras y las fábricas y proclamaron territorios independientes. Las ideas revolucionarias fueron penetrando en el ejército, donde también se formaron comités de soldados organizados opuestos al Gobierno de Kerenski.

Mientras, la situación en la Gran Guerra era desastrosa y Rusia se veía obligada a retroceder de sus posiciones; los alemanes estaban ganando terreno.

Los bolcheviques eran la facción mayoritaria del POSDR y la que más fuerza tenía en el seno de las masas obreras, militares y campesinas. El Gobierno Provisional acabó por ilegalizar al POSDR y Lenin, entre otros muchos militantes, tuvieron que exiliarse porque eran perseguidos. Así, la lucha de los bolcheviques pasó a la clandestinidad. Lenin se refugiaría en Finlandia, donde escribiría una de sus obras cumbre, El Estado y la Revolución. Los bolcheviques sabían que instaurar el socialismo no iba a ser tarea fácil ni inmediata. Su plan para Rusia era el establecimiento de una república manejada por los sóviets de obreros y campesinos. Los sóviets asumirían al principio el control de la producción, la distribución de bienes, etc., funciones que luego serían traspasadas paulatinamente a los comités de las fábricas.

En septiembre de 1917, el general Kornilov intentó dar un golpe de Estado al Gobierno Provisional. El golpe fracasa y los bolcheviques obtienen mayoría en los sóviets de Petrogrado y Moscú. La consigna era: «Todo el poder para los sóviets». El Comité Central del Partido se reúne en Petrogrado y coordina una acción para hacerse con el poder. Se forma el Comité Militar Revolucionario, encargado de llevar a cabo esa acción. Así, el 25 de octubre (7 de noviembre) —en Rusia estaba vigente el calendario juliano, unos días retrasado respecto al gregoriano—, la Guardia Roja toma el Palacio de Invierno del zar en Petrogrado. La acción fue blanda, es decir, no hubo víctimas mortales. El Palacio se tomó sin mayores problemas. Como consecuencia de ello, el Gobierno Provisional decretó su disolución y Kerenski huyó de Rusia. Posteriormente a esta acción, se acordó reunir a todos los sóviets de Rusia en el II Congreso Panruso de Sóviets, que hizo oficial el cambio de gobierno.

Las primeras medidas de la Rusia soviética no se hicieron esperar. De inmediato se decretó que «el gobierno obrero y campesino presentará a todos los países beligerantes proposiciones a fin de lograr una paz democrática y justa», tal como relataba el periodista norteamericano John Reed en su obra Diez días que estremecieron al mundo. Es decir, la primera medida del nuevo Gobierno soviético fue canalizar sus esfuerzos en acabar con la Gran Guerra de 1914-1918. Después se decretó la expropiación de las tierras y los yacimientos mineros, que pasaban a ser estatales. De las funciones del anterior Gobierno Provisional de Kerenski las asumiría el recién creado Consejo de Comisarios del Pueblo.

El historiador Edward Hallet Carr señaló que la Revolución Rusa fue el primer revés que sufrió el capitalismo y puso en cuestión su legitimidad. Además, dado que apenas habían sido derribadas las antiguas instituciones del Estado zarista y el nuevo Estado estaba naciendo, las primeras medidas que aplicaron los bolcheviques aún no contemplaban el socialismo como fin, pues aún la revolución tenía un matiz burgués, aunque sí establecían las bases para su consecución. El camino definitivo hacia el establecimiento del socialismo llegó más tarde, a partir del 25 de noviembre. En esa fecha tuvieron lugar unos comicios para formar una Asamblea Constituyente, que contenía 520 diputados. El fuerte conservadurismo de las zonas rurales desvió el voto hacia los socialrevolucionarios, que eran contrarios al socialismo. Éstos obtuvieron 267 diputados, mientras que los bolcheviques apenas consiguieron 161; el resto se repartió entre grupos minoritarios. En enero de 1918 se reúnen los diputados y, al no haber alcanzado el acuerdo, Lenin, en un golpe de autoridad, decide disolver la Asamblea y no volver a reanudarla. Este fue el punto de inflexión que daría inicio a la formación de los dos bandos que se enfrentarían posteriormente en la Guerra Civil Rusa (1918-1922). Los bolcheviques habían dado la espalda a los postulados aún vigentes de la revolución burguesa y ésta adquirió el que sería su definitivo carácter, el socialista.

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