Los sucesos de Casas Viejas (1933)

Lunes 11 de Enero de 2016
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Sucesos Casas Viejas

Con una Segunda República Española apenas naciendo y en el contexto del bienio social-azañista, cuyos primeros méritos fueron el ordenamiento jurídico del Estado plasmado en la Constitución de 1931. No obstante, aunque se intentó llevar a cabo un ambicioso proyecto de sucesivas reformas en los campos cultural, religioso, militar y agrario, dichos esfuerzos fueron en vano debido a la falta de iniciativa gubernamental para lograr su consecución. En el campo militar, el escaso ímpetu del gobierno de Azaña por enfrentarse a los mandos militares para reformar el ámbito castrense repercutiría a la postre en una de las primeras y más graves crisis políticas de la Segunda República, los Sucesos de Casas Viejas, entre el 10 y el 12 de enero de 1933.

Todo comenzó en unas plenarias de regionales de la CNT en diciembre de 1932. En dichas plenarias la sección sindical de los trabajadores ferroviarios solicitó apoyo a los cenetistas para ir a la huelga general en pos del aumento de salarios en dicho oficio. En un primer momento se pensó que la huelga fracasaría y la CNT se echó para atrás, pero el anarcosindicalista Joan García Oliver, desde la Federación Anarquista Ibérica, ideó junto al Comité de Defensa Regional de Cataluña una acción insurreccional contra la «República Burguesa» para el 8 de enero de 1933.

La insurrección estaba pensada para ser secundada en todo el Estado. Así las cosas, en la fecha señalada, se produjeron levantamientos en Aragón, Valencia, Barcelona, Madrid, Andalucía y la zona norte de Asturias, que fueron sofocados rápidamente por el Ejército, Guardia Civil y Guardia de Asalto. Algunos sindicalistas fueron detenidos. La CNT renegó de los insurrectos, pero no llegaron a condenar los disturbios.

Más hacia el sur de la Península Ibérica, en la localidad de Casas Viejas (Cádiz), tuvieron lugar los más cruentos disturbios derivados de la insurrección anarquista planeada por Joan García Oliver para todo el Estado.

En la madrugada del 11 de enero de 1933, un grupo de anarcosindicalistas de la CNT rodearon armados el cuartel de la Guardia Civil de Casas Viejas y declaran la insurrección a las autoridades gubernamentales suponiendo que existe una insurrección total en el resto del Estado. Tras varios tiroteos, murieron dos guardias civiles. Ya al mediodía, llegaron más efectivos de la Guardia Civil para liberar a sus compañeros de los insurrectos.

Sobre las cinco de la tarde se desplazó un grupo de efectivos de la Guardia de Asalto para proceder a la busca y captura de los cenetistas. Algunos vecinos de Casas Viejas huyeron y otros se encerraron en sus casas. Los dos primeros detenidos, tras ser torturados, acusaron a dos hijos de un vecino conocido como el «Seisdedos», un carbonero, que aunque afiliado a la CNT, no tenía cargos de relevancia ni llevaba de ningún modo el mando de los disturbios en Casas Viejas. La Guardia de Asalto se presentó en su casa y, al intentar forzar la puerta para entrar, se produjo un tiroteo que se saldó con la muerte de un guardia. Se pospuso el asalto a la casa de «Seisdedos» hasta las diez de la noche. El nuevo asalto resultó ser un fracaso.

A las doce de la noche, un grupo de cuarenta guardias de asalto con órdenes de «abrir fuego sin piedad contra aquellos que dispararan contra las tropas», comenzó a disparar indiscriminadamente contra la casa de «Seisdedos» y después la incendiaron. Dos ocupantes de la casa, un hombre y una mujer, fueron baleados al salir huyendo del fuego y otras seis personas (entre ellas «Seisdedos») que se encontraban en el interior de la vivienda murieron calcinadas por el fuego. Las únicas personas que lograron sobrevivir fueron María Silva Cruz, nieta de «Seisdedos», y un niño que portaba en brazos.

Sobre las cuatro de la madrugada del ya 12 de enero se oían ecos de represalias por los guardias muertos. Hubo una orden directa del gobernador civil de Cádiz que daba la venia a los guardias para razziar a todo el pueblo y abrir fuego ante cualquier intento de resistencia a la autoridad. Mataron a un anciano y detuvieron a doce personas. Los detenidos fueron llevados a la casa de «Seisdedos» y, tras mostrarles los cadáveres de los guardias de asalto, allí fueron fusilados.

El capitán Rojas se refirió a estos crímenes en la comisión de investigación que se abrió para aclarar los hechos de Casas Viejas de la siguiente manera:

«Como la situación era muy grave, yo estaba completamente nervioso y las órdenes que tenía eran muy severas, advertí que uno de los prisioneros miró al guardia que estaba en la puerta y le dijo a otro una cosa, y me miró de una forma..., que, en total no me pude contener de la insolencia, le disparé e inmediatamente dispararon todos y cayeron los que estaban allí mirando al guardia que estaba quemado. Y luego hicimos lo mismo con los otros que no habían bajado a ver el guardia muerto que me parece que eran otros dos. Así cumplía lo que me habían mandado y defendía a España de la anarquía que se estaba levantando en todos lados de la República.»

En total, los Sucesos de Casas Viejas se saldaron con 26 personas muertas, entre hombres, mujeres, niños y guardias.

Este episodio de la Segunda República se convirtió en un gran escándalo que puso en cuestión el gobierno de Manuel Azaña, que se desligó de los hechos con rapidez. La CNT se movilizó convocando huelgas generales y llamando a la insumisión hacia un gobierno que «rivaliza en despotismo con las dictaduras fascistas». Así, este suceso, junto con los de Castilblando y Arnedo, precipitaron la destitución de Manuel Azaña del Gobierno por parte del Presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora.

Los Sucesos de Casas Viejas no hicieron sino venir a confirmar las dificultades con las que aterrizaba la Segunda República en la sociedad española, pues a pesar de que parecía que había acabado de golpe y plumazo con la monarquía y sus vicios caciquiles, perjudiciales para los sectores obreros y campesinos, evidenciaba también que aún le quedaba mucho camino por recorrer en su objetivo de convertirse en «una República democrática de trabajadores de toda clase», tal como rezaba el artículo primero de la Constitución de 1931. Hechos como los de Casas Viejas probaban que el poder aún era detentado por las oligarquías y las viejas estructuras aristocráticas heredadas de la monarquía.

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