Han matado a Allende

Domingo 11 de Octubre de 2015
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Salvador Allende

Hoy hace exactamente 42 años el proyecto socialista de Salvador Allende en Chile fue arrasado de golpe y plumazo con bombas y balas, llevándose por delante su vida. Con la muerte de Allende se esfumaba por completo el sueño de la transformación política, social y económica en Chile, entrando este país en una de las más sanguinarias dictaduras de finales del siglo XX, encabezada por el general Augusto Pinochet.

Todo estaba perfectamente dispuesto desde el 9 de septiembre, incluso el propio Salvador Allende se esperaba el golpe.

Ya el día 11 de septiembre, a las 6:30 horas de la mañana, se produce la sublevación de la Marina. Entretanto, una escuadra norteamericana espera instrucciones en las costas de Chile. Desde la Presidencia se intenta establecer comunicación con Pinochet para informarle de la situación y que dispusiera el ejército para proteger el orden constitucional. Pinochet no está en su casa y la comunicación no se produce. Se producen varios intentos de comunicación con otros generales destacados y la respuesta vuelve a ser que los teléfonos no comunican o que se encuentran ausentes. Ante la alarma de posible presencia de tropas en Santiago, el almirante Carvajal niega este hecho. Mientras, seis camiones cargados de soldados salen de Valparaíso en dirección a Santiago.

El cuerpo de Carabineros, leal al Gobierno, comienza a coordinarse para defender el Palacio de La Moneda y la ciudad de Santiago.

A las 7:15 de la mañana, la aviación había dispuesto un plan para bombardear las industrias, un plan que sólo requería ya la orden de ser iniciado.

La Presidencia comienza a tomar conciencia de la situación y ordena silenciar a todos aquellos medios antigubernamentales con el fin de evitar que agiten a las masas y al Ejército.

Allende se traslada de su residencia particular hacia el Palacio de La Moneda escoltado y armado. Nada más llegar allí, exige que se le proporcione un micrófono y conexión a todas las radios para lanzar un mensaje a la población. Allende informa a las 7:55 del levantamiento.

La Presidencia se entera de que el Ministerio de Defensa ha sido tomado por el Ejército. A Allende se le ofrece un avión para salir del país inmediatamente, cosa que rechaza.

A las 8:30 por la mañana, para sorpresa de Allende, Pinochet asume el mando del golpe y el Ejército de Santiago se rebela contra su Gobierno. Comienzan a sonar por las radios antigubernamentales los nombres de los responsables del golpe. Los únicos apoyos que le quedan a Allende son los del Alto Mando de los Carabineros.
A las 9:00 el Gobierno ya ha sido derrocado. De un momento a otro los Carabineros rompían filas. Tiempo después se sabría que fue porque el Ejército tomó su central y emitió órdenes falsas de disolver los regimientos. Allende, desbordado por la situación, dio a los oficiales de Carabineros la venia para abandonar sus funciones.

En un último intento de mantener el orden constitucional, se insta al director de Carabineros a repartir armas entre la población, cosa que es tomada como una locura, pues se alude a la inexistencia de unidad sindical y de partidarios de la Unidad Popular dispuestos a contestar a un golpe militar de esas características.

Un poco pasadas las 9:00, Allende habla por última vez a la ciudadanía a través de la radio, y dice que defenderá con su vida el orden constitucional.

A las 9:00, el Palacio de la Moneda es asediado y Allende y su séquito, armados, son abatidos.

La derrota de Allende y todo su proyecto supuso un duro golpe para aquellos que veían un halo de esperanza en el orden constitucional burgués para lograr el sueño socialista. El experimento no salió por aquél entonces, pues la Guerra Fría estaba más caliente que nunca, no existían grandes lazos de cohesión entre los países latinoamericanos y el vecino del Norte dormía siempre con un ojo abierto. Decía Castro que «ningún minuto de la historia es igual a otro; ninguna idea o acontecimiento humano puede ser juzgado fuera de su propia época». Aun así, debemos llevar con nosotros la historia si queremos que el cambio del presente sea efectivo. No olvidamos.

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