Golpe de Estado del 18 de julio de 1936

Lunes 18 de Julio de 2016
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Burgos - Franco y Mola - Octubre de 1936
Burgos - Franco y Mola - Octubre de 1936

Para entender el golpe de Estado contra la II República en su contexto, hay que remontarse a las elecciones legislativas que ganó el Frente Popular el 16 de febrero de 1936.

El Frente Popular no se presentó con un programa revolucionario, sino con un programa reformista, hecho que choca con las afirmaciones de muchos historiadores y periodistas de la derecha, que siempre habían sostenido que tras la victoria electoral del Frente Popular se había iniciado en España una «revolución soviética».

El Frente Popular aplicó la amnistía total a todos los presos de la Revolución de Asturias de 1934, tal como rezaba en su programa. También aplicaron medidas de corte popular: restitución de jurados mixtos en las empresas, profundización en la Reforma Agraria, etc. Estas medidas fueron mermando y poniendo en cuestión poco a poco los privilegios de las oligarquías.

Contrariamente a lo que afirma la versión «oficial», lo que sucedió en julio de 1936 no fue un golpe de Estado contra la República en sí, sino contra el gobierno del Frente Popular. De hecho, algunos militares sublevados, como Queipo de Llano, Mola o Cabanellas, eran republicanos convencidos.

La misma semana después de las elecciones hubo presiones para que Niceto Alcalá-Zamora declarara nulos los comicios, a pesar de que el proceso había destacado por su total limpieza. Tras esta fallida maniobra, en torno a abril, se formaron dos tramas golpistas: una era de corte monárquico y otra de corte republicano-oligárquica (esta última encabezada por Mola). En mayo estas dos tramas se unificaron en una sola que para colmo ya estaba negociando el soporte económico y logístico con Hitler y Mussolini para la causa; por tanto, eso desmonta la teoría que señala que el asesinato del político derechista José Calvo-Sotelo días antes del golpe desencadenara la sublevación; estaba planeado desde hacía mucho antes. Así mismo, tampoco es cierto que la República estuviera sumida en un «caos violento», pues, por ejemplo, hubo más muertes por vandalismo en 1933 (gobierno de la CEDA) que en la primavera de 1936, siendo la mayoría muertes ocasionadas por pistoleros de la derecha. Según el historiador Ángel Viñas, la firma de los contratos para la compra de armamento con dos de las futuras potencias del Eje de la II Guerra Mundial demostraba, en sus propias palabras, que «la Guerra Civil no era una emanación natural del funcionamiento político del sistema republicano, sino consecuencia de la histeria de una parte del Ejército y de la derecha española, que cuando ven que la estrategia de Gil Robles, presidente de la CEDA, ha fracasado, optan por la sublevación sin escrúpulo, en combinación con una potencia extranjera». Por tanto, las derechas y los elementos más reaccionarios del Ejército prepararon a conciencia el terreno para una sublevación militar cuando vieron que las medidas populares de la República chocaban frontalmente con los intereses de las oligarquías.

Los golpistas cerraron la ayuda militar externa (alemana e italiana) y la neutralidad británica el 1 de julio. Por otro lado, en las instrucciones previas al golpe, Emilio Mola ya hablaba de «exterminación» y «represión», pilar básico de la España de posguerra. La represión de los golpistas durante la guerra y después no fue «un asunto que se volvió incontrolable» (como en ocasiones sí ocurrió en el bando republicano), sino que seguía unas pautas y tenía unos objetivos definidos: desmoralizar, reducir y exterminar a los contrarios; así, el mito franquista de que su represión era una reacción a la «violencia roja desatada» no se sostiene por ningún lado. Los republicanos siempre intentaron controlar la «represión roja» dentro de sus filas. De este modo, después de verano de 1936 ésta comenzó a remitir, mientras que la represión de los sublevados se cuadruplicaba. En referencia al papel de la URSS en la Guerra Civil, es totalmente falso que los soviéticos estuvieran detrás de la República, pues no la reconocieron hasta que los golpistas se alzaron contra ella. La ayuda soviética, escasa, llegó para principios de noviembre, y no lo hizo antes porque Stalin no quería asustar a Francia e Inglaterra, ya que buscaba una alianza con dichos países para frenar el avance del nazismo en Europa.

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