El revolucionario Thomas Sankara

Jueves 15 de Octubre de 2015
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Thomas Sankara
Thomas Sankara

Tal día como hoy hace 28 años era asesinado el revolucionario africano Thomas Sankara, también conocido como el «Che Guevara africano» o el «Che negro».

Thomas Sankara, militar de carrera, tuvo contacto con el marxismo-leninismo en Madagascar durante los años 70, donde presenció un levantamiento revolucionario contra la dominación neocolonial francesa. Sankara estuvo influido principalmente por las ideas del Che Guevara, Fidel Castro y Nelson Mandela, cuyas experiencias le guiarían en sus acciones posteriores.

En el contexto de una África que estaba en pleno proceso de descolonización durante la Guerra Fría, la ex-colonia francesa de Alto Volta decidió que ya no aguantaba más las relaciones de explotación neocolonialistas a las que estaba sometida por su antigua metrópoli y las multinacionales. En 1983, estalló la conocida como Revolución Democrática y Popular de Alto Volta, que estaba encabezada por Thomas Sankara y un grupo de militares.

Durante el liderazgo de Thomas Sankara, Alto Volta cambió su nombre por el actual de Burkina Faso, que significa literalmente «la tierra de los hombres íntegros».

Sankara asumió la presidencia de Burkina Faso el 4 de agosto de 1983. En sus primeros meses como presidente del país, impulsó una reforma agraria mediante la que se colectivizaron las tierras para entregárselas a los campesinos. Posteriormente, rompió amarras con el FMI y el Banco Mundial, pues rechazó cualquier tipo de ayuda externa y declaró como odiosa gran parte de la deuda pública. Gracias a la reforma agraria, Burkina Faso consiguió la autosuficiencia alimentaria. El siguiente paso fue nacionalizar los recursos del país, lo que le hizo ganar no pocos enemigos entre las multinacionales de las potencias occidentales. La educación se potenció, elevándose hacia el 80% la alfabetización cuatro años después de la revolución, en 1987.

Sin duda, una de las contribuciones más destacables de Thomas Sankara fue su incansable lucha por la igualdad de género en un escenario tan particular como África. Se prohibió la ablación, la poligamia y se lanzaron varias campañas para fomentar la participación del hombre en las labores del hogar. Del mismo modo, se lanzaron programas para la inserción de la mujer en el mundo laboral y educativo. Por primera vez en un país africano, las mujeres pisaron el cuerpo de funcionarios, así como cargos civiles y militares; se endurecieron al mismo tiempo las políticas contra la violencia de género.

Sobre el papel de las mujeres en la revolución dijo:

«La revolución y la liberación de la mujer van unidas. No hablamos de la emancipación de la mujer como un acto de caridad o por una oleada de compasión humana, es una necesidad básica para el triunfo de la revolución. Las mujeres ocupan la otra mitad del cielo.»

Otra labor importante de la revolución popular de Sankara fue la lucha contra el SIDA y las enfermedades comunes. Se lanzaron campañas de vacunación que llegaron a unos dos millones y medio de niños. Todo esto vino acompañado de un drástico descenso de la mortalidad.

Entre algunas medidas simbólicas de Sankara, aparte del combate contra la corrupción, destacan la reducción de sueldos de los cargos públicos, las ventas de coches oficiales (él usaba un Renault 5) y la prohibición a los funcionarios de viajar en primera clase.

Sankara destacó por ser un gran teórico panafricanista y fue el primer líder africano en plantear un frente común de todo el continente contra la deuda externa y el FMI.

Cuatro años después del triunfo de la revolución popular en Burkina Faso, en 1987, Sankara fue asesinado. El detonante fue un golpe de Estado liderado por Blaise Compaoré (antiguo aliado) que contó con la ayuda de Francia y Costa de Marfil (títere de los franceses). Con el ascenso de Compaoré, Burkina Faso volvió a su antiguo status neocolonial y perecieron los logros conseguidos por la revolución, quedando sumido el país en un atraso que hoy sigue vigente.

Una semana antes de morir, Sankara dijo lo siguiente:

«Aunque los revolucionarios, como individuos, puedan ser asesinados, nunca se podrán matar sus ideas.»

Y aún hoy sigue siendo venerado y recordado por millones de africanos, que lo denominan cariñosamente como «Tom», y lloran cuando oyen pronunciar su nombre.

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