El Golpe de Estado de Luis Napoleón Bonaparte

Miércoles 02 de Diciembre de 2015
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Napoleón III
Napoleón III, premier président de la République française

Bien es cierto que el siglo XIX es el siglo de la burguesía. En este compendio de años de la historia, y completando el camino iniciado en 1789, dicha clase social se asentó definitivamente como el comandante supremo de la sociedad en una época en la que el Antiguo Régimen aún no acababa de morir y el proletariado revolucionario no acababa de gestarse. En medio de todo esto, ocurrían hechos singulares que dejaban entrever que lo que Marx había diagnosticado como «lucha de clases» era ya una realidad palpable.

El 2 de diciembre de 1851, Luis Napoleón Bonaparte se convirtió en emperador de los franceses mediante un golpe de Estado que, a priori, podría ser considerado como un mecanismo de la burguesía para asentar su dominio en la Francia de después de la Revolución de 1848. Sin embargo, ésto fue, como vaticinó Marx, una pequeña señal de lo que algún día sería el principio del declive histórico de la burguesía.

En 1848, Francia era una monarquía parlamentaria encabezada por Luis Felipe de Orleáns. Este rey había ascendido al trono gracias a la Revolución de Julio de 1830, tras la que se depuso al rey Carlos X. En una Francia salpicada por gobiernos corruptos durante todo el reinado de Luis Felipe, los republicanos comenzaron a ganar fuerza, sobre todo entre numerosos sectores de la clase obrera. El pueblo comenzó a organizarse en movimientos populares que clamaban por nuevos derechos y libertades y cuyo objetivo era la proclamación de una república.

El día 22 de febrero de 1848 se convocó en París una manifestación que fue prohibida por las autoridades gubernamentales. La reacción ante esta prohibición provocó protestas y disturbios en las zonas obreras de la ciudad. La Guardia Nacional no quiso intervenir en lo que hubiese sido un baño de sangre. Luis Felipe apostó por aprobar una reforma electoral para calmar los ánimos entre la población. Sin embargo, los republicanos aprovecharon el momento para convocar nuevas manifestaciones y movilizaciones en pro de sus objetivos. Durante una concentración en la residencia del Primer Ministro, Guizot, los guardias cargaron contra la manifestación y fallecieron veinte personas. Ante este hecho, París se levantó en armas. Dos días más tarde, el 24 de febrero, agotado por la presión y los disturbios en la capital, Luis Felipe de Orleáns dejó el trono y se exilió a Gran Bretaña. Los republicanos aprovecharon el vacío de poder y ocuparon la Cámara de los Diputados: la Segunda República Francesa ya era un hecho.

Se estableció de facto un gobierno provisional de carácter burgués que realizó algunas reformas para tener contento al proletariado, pero a la vez para dejarle sin espacios de poder en la nueva y fomentar su división para enfrentarlo internamente. Karl Marx sostiente en su libro "Las luchas de clases en Francia" la tesis de que esta revolución fue un completo fracaso para los obreros porque su unión con la burguesía para arrasar con la monarquía ocultó los entresijos de la lucha de clases y, por tanto, impidió su desarrollo.

La eterna reivindicación del pueblo francés, el sufragio universal (masculino), sí que fue establecido en esta Segunda República. Mediante este nuevo derecho, el 10 de diciembre de 1848, sería elegido presidente de la República Carlos Luis Napoleón Bonaparte, pariente del histórico Napoleón.

Luis Napoleón Bonaparte era el heredero histórico del bonapartismo. Vivió en el exilio prácticamente toda su infancia y adolescencia. Intentó en varias ocasiones regresar a Francia para alcanzar el poder mediante un golpe de Estado, siendo muy sonados los intentos de 1836 y 1840. En este último fue apresado y encarcelado, aunque luego logró escapar y volver a Inglaterra. Así las cosas, Luis Napoleón Bonaparte estuvo viviendo en Inglaterra hasta que estalló la Revolución de 1848. Como tras la proclamación de la República ya era libre para regresar a su patria, nada más pisar Francia, en junio de 1848, presentó su candidatura a las Cortes en varios distritos y fue elegido diputado el 4 de noviembre en la Asamblea Constituyente, encargada de elaborar y proclamar la Constitución de la Segunda República. Una vez realizada la tarea, la Constituyente quedó clausurada en mayo de 1849. Según las nuevas leyes, el poder lo detentaba una Asamblea Legislativa elegida por sufragio universal masculino. De las urnas salió una asamblea con un gran número de diputados monárquicos y, por otro lado, una fuerte presencia de diputados socialistas, quedando los diputados burgueses y conservadores en minoría.

Con la Constitución en ciernes y Luis Napoleón Bonaparte dispuesto para alcanzar la presidencia, logró ser elegido máximo mandatario de los franceses el 10 de diciembre de de 1848 con 5,5 millones de votos. Lo que el nuevo Bonaparte tenía claro es que iba a formar comandita con los diputados burgueses para atajar de raíz el republicanismo socialista, pues él era conservador. La primera medida que toma es expulsar a los treinta diputados socialistas presentes en la Asamblea Legislativa. Después se suprimió el derecho de asamblea y se restringió la libertad de prensa. El culmen de estas medidas fue la supresión del sufragio universal masculino el 31 de mayo de 1850, instaurándose de nuevo el sufragio masculino censitario: las rentas más bajas, los obreros, se quedaron sin su derecho a voto.

Los mandatos presidenciales en esta nueva República eran de cuatro años. Luis Napoleón Bonaparte, en su afán por conservar el poder, hace presión para aumentar sus años de mandato. Para ello, maquinó un plan para hacerse con el control de las instituciones estatales. En primer lugar, puso a su gabinete de confianza en los puestos ministeriales más importantes y en cargos de la policía y el ejército. De un día para otro, Luis Napoleón Bonaparte tenía bajo su control a la policía, al ejército y a los burócratas. Así, el 2 de diciembre de 1851, el nuevo Napoleón da un golpe de Estado y se presenta ante sus ciudadanos como «el gran defensor de las libertades y la democracia». Lo primero que hará será disolver la Asamblea Legislativa, y después restituirá el sufragio universal masculino. Para legitimarse en el poder, convoca un referéndum a modo de plebiscito el día 20 de diciembre en el que sale ganador lo que implicaba que su mandato se ampliaba a diez años con posibilidad de reelección.

Un año más tarde de este suceso, Luis Napoleón Bonaparte se proclamaría emperador de Francia bajo el nombre de Napoleón III, quedando así inaugurado el período de la historia francesa conocido como II Imperio Francés.

Karl Marx, como historiador de las luchas de clases y los procesos revolucionarios de la segunda mitad del siglo XIX, en su obra "El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte", apuntó que el auge del II Imperio Francés era el preludio del futuro ocaso de la burguesía en pos del proletariado. Llegó a esta conclusión debido a que el gobierno de Luis Napoleón Bonaparte no contó con el beneplácito de la burguesía, sino que más bien lo llevó a cabo gracias al control de los instrumentos represivos del Estado, quedando el propio Estado únicamente como un intermediario entre las dos clases sociales. Por eso es importante recordar episodios de este tipo, aun por muy lejanos que puedan parecer, pues las enseñanzas históricas que se pueden extraer son infinitas. Ya lo decía Mark Twain: «La historia no se repite, pero a veces rima».

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