We should all be feminists. Pero ¿quiénes?

Lunes 10 de Abril de 2017
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mercantilización del feminismo

Hace unas semanas asistimos a un aluvión de actos reivindicativos y divulgativos a raíz de la celebración del Día de la Mujer. Charlas, talleres, exposiciones, concentraciones... unos más politizados que otros pero, la mayoría, con fines positivos. Después de la Marcha de las Mujeres contra Dolnald Trump, estaba el panorama calentito. Muchas ganas de salir a la calle, bien de pancartas bonitas y creativas (a ver si hay suerte y alguna se viraliza, cosas de millenials y derivados), para luchar por unos derechos arrebatados a conciencia y por la emancipación femenina.
Hay quien dice que estamos viviendo “El Siglo de las Mujeres”, un cambio de paradigma que, a la larga, alcanzará todas las esferas de nuestras vidas. Una visión muy optimista, casi virtuosa en mi opinión, mientras se siguen asesinando mujeres en un mundo que aprovecha un día de lucha para lanzar ofertas de todos los tipos y regalar flores. ¿Os imagináis un 1º de mayo con suculentas rebajas en productos obreros? “Para celebrar el Día del Trabajador consigue un 10% de descuento en todos nuestros productos introduciendo el código Trotsky17”. Como que no, ¿no? Pues es exactamente lo que está pasando con el 8 de marzo: descuentos en artículos de belleza, ropa y tratamientos de peluquería, manipedi gratuitas y muchas felicitaciones para todas.

Este año saltaron las alarmas en las, a veces benditas, redes sociales con una campaña de marketing de lo más inquietante y, sobre todo, machista/sexista/vergonzosa/todojunto. La clientela de Groupon recibía un email con el asunto "Se acerca el día de la mujer... ¡Encuentra el regalo ideal para la mujer de tu vida!", (ojo, “la mujer de tu vida” casi como un reclamo de divinidad maternal) en el que se ofertaban objetos rebajados “propios del género femenino” para celebrar en condiciones el Día de la Mujer: ¿centros de fregado? y aspiradoras que, claramente, es lo que necesitamos las mujeres para sentirnos plenas y llenas de gracia.

Pero esto no es más que la punta visible del iceberg del vórtice capitalista que lo absorbe todo y que, de un tiempo a esta parte, está capitalizando el movimiento feminista. La sociedad de consumo está convirtiendo en producto los ideales y la filosofía, aprovechando un momento de empoderamiento de las mujeres para sacar beneficio; el sentido de la ética se trabaja entre poco y nada.

Podríamos hablar de la subida al carro feminista de Dior, con una camiseta que llevan con orgullo las famosas más “revoltosas”. Un guiño a ese hipotético cambio de paradigma que suena más a premio de consolación que a grito de guerra. Y las revistas de moda dando palmas, mientras te muestran la mejor dieta para lucir vientre plano este verano. We should all be feminists (que es en realidad el título de una charla de la conocida escritora feminista nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, ni si quiera es cosecha propia). ¿Pero qué feminismo? Fondo blanco, letras negras. Menos es más. Voy a omitir el precio, no me parece relevante en este caso (aunque habría mucho que decir ahí también).

¿Le falta razón al mensaje? NO. ¿Lavado de cara? Probablemente. ¿Es pertinente que una empresa como Dior, cosificadora de la imagen de la mujer, lance una camiseta como esta? Pues es discutible y casi irónico. Todo esto sin meternos en cuestiones de producción y explotación, que podríamos.

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Lo pienso y lo repienso. ¿Es el mensaje feminista el que está calando en la moda, o es la moda la que intenta absorber el feminismo? Una intenta ser positiva, pero se lo ponen muy difícil. La despenalización de la palabra feminismo desde el baluarte público (y poderoso) de la moda no es un mal comienzo y al mismo tiempo ofende por lo vacío tanto de su contenido como de su continente. Esto guarda cierta lógica si tenemos en cuenta el desarrollo discursivo femenino bajo el amparo de la supuesta progresía hollywoodiense que sigue necesitando de cierta pomposidad blanca y bien brillante. Vamos a luchar por los derechos de las mujeres (de nuestras mujeres, tampoco nos pasemos) pero desde el glamour de Dior, no vaya a ser que se nos vea demasiado el plumero y perdamos privilegios o nos manden al ostracismo más absoluto. Vamos a molestar un poquito, lo justo para lucir la camiseta de moda con la cabeza bien alta. “Todo para las mujeres pero sin las mujeres”.

Pero no es solo cosa de la alta costura. H&M, la empresa que se propuso democratizar el mundo de la moda ofreciendo colecciones de diseñadores famosos a precios “reducidos”, también ha decidido democratizar el feminismo. Lleva un tiempo apropiándose de eslóganes e imprimiéndolos en sus prendas, baratas pero de calidad y producción cuestionable. Se trata de un bucle de popularización del activismo curioso: por una parte acerca el mensaje al público más mainstream y por la otra lo convierte en una especie de icono pop frívolo, nivel el logo de Starbucks. Encima en inglés, claro... que es mucho más cool. Y yo con los sentimientos encontrados muy a flor de piel.

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Lo mismo pasa con la tienda de las colas de la Gran Vía madrileña que vive, en parte, del merchandising de todos los tipos. Evidentemente el tema que nos atañe no iba a ser menos. Primark aprovechando la más mínima oportunidad de hacer negocio con muy poco pudor y anunciando sus productos “feministas” en sus stories de IG el mismo Día de la Mujer.

Y luego está Inditex, esa gran ladrona de tendencias, que lleva meses asumiendo los reclamos de la juventud y también ha convertido en moda las demandas de igualdad. Parches, pines, chapas... con cactus, unicornios, purpurina y feminismo, precio lowcost ideal para casi todos los bolsillos. Esa empresa que se pasa por el forro la ética a la hora de copiar sin miramientos a jóvenes ilustradoras y artistas; la lucha de David contra Goliat. La que deslocaliza su producción a países del segundo y tercer mundo para abaratar costes, multiplicar sus beneficios hasta el infinito y poder ofrecer caridad cristiana al país que vio nacer el imperio. La empresa que se apropió de la kufiyya (aka pañuelo palestino) hasta despojarla de todo sentido. Esa que decide qué mujeres son válidas (las de no más de una talla 44 -muy pequeña-) para enfundarse en sus prendas y qué mujeres es mejor dejar fuera porque no cumplen con determinados cánones estéticos y no son merecedoras de llevar su ropa. Sí, esa empresa es la misma que ahora nos ofrece camisetas para demostrar al mundo lo feministas que somos.

La banalización es tan brutal que me parece casi una obligación ofenderse hasta el punto de querer quemar cosas (con la marca Inditex en la etiqueta a poder ser).

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No seré yo la que reparta los carnets de la buena feminista pero, si queremos hacer las cosas un poco mejor, no deberíamos hacerle el juego a este capitalismo asfixiante y misógino. No debemos olvidar que, para que podamos lucir un “Todos deberíamos ser feministas”, mujeres del tercer mundo viven en condiciones de pseudo esclavitud. Por eso, lo ideal sería ser lo suficientemente coherentes como para buscar nuestra prenda reivindicativa en asociaciones feministas que producen sus propias camisetas casi de forma autogestionada para financiarse o para invertir en temas relacionados con su lucha, con la lucha de todas. Existen, además, multitud de mujeres que se han posicionado públicamente, con el desgaste laboral y social que ello supone, y han decidido vender sus creaciones y diseños (camisetas, bolsos, chapas... ¡de todo!).

Beatriz Romero

Loca de los perros, feminista, amante de los tebeos y politóloga, por ese orden. También estoy enganchada a las redes sociales pero eso es otra historia... Leer Persepolis me cambió la vida y desde entonces vivo fascinada con el país persa. La Bettycracia va a llegar... (y no habrá pase de puerta).

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