Desviadxs llega a Dispara

Jueves 03 de Noviembre de 2016
Comparte y dispara Facebook Twitter
Desviadxs

En lo que llevamos de año se han registrado más de 180 agresiones homófobas sólo en la Comunidad de Madrid. La última tuvo lugar hace poco más de una semana, mientras dos chicos caminaban abrazados por la Puerta del Sol, mientras volvían hacia casa. Más de diez personas participaron en una agresión que consistió en risas, insultos y golpes.

Por su lado, a principios de octubre, en menos de dos semanas, tres mujeres transexuales fueron brutalmente asesinadas en México. Todas ellas eran trabajadoras sexuales. En el año 2014 se registraron 1.612 asesinatos violentos hacia personas trans en todo el mundo. El 79% de estas agresiones ocurrieron en América Latina.

Hace poco más de un año se recogieron diferentes testimonios de mujeres lesbianas en Perú a las que se les aplicaban “violaciones correctivas” con el fin de curar su sexualidad entendida como antinatural. Violaciones que habitualmente eran realizadas o fomentadas por miembros de la propia familia de la víctima. Un año antes, nos llegaban testimonios de la misma situación en Sudáfrica.

Se trata de una pequeña representación de las diferentes formas en que la realidad de las personas LGTBI se traduce en una violencia devastadora y cotidiana, que atenta contra el derecho a Ser y a Sentir de formas diferentes. Pero no seamos inocentes y señalemos esta violencia como casos aislados dentro del clima de aceptación progresista que se han inventado los Estados Occidentales, en el que nos dejan ser diversas según lo que ellos definen como diversidad.

Debemos entender que la violencia hacia las personas LGTBI es más que una violación de los Derechos Humanos, sino que se trata de crímenes de odio perpetuados por un sistema de dominación basado en el miedo: el heteropatriarcado.

Es por ello que no podemos negar que, a pesar de los derechos conseguidos en las últimas décadas a nivel mundial, seguimos sufriendo diferentes formas de discriminación legítimas y cotidianas. Tenemos la responsabilidad de reconocer esta violencia como la forma en que el sistema heteropatriarcal trata de reclamar su legitimidad, retorciéndose por no perder sus privilegios normativos, recordándonos que las calles, el sexo, los deseos y los cuerpos le pertenecen.

Pero cuidado, no entendamos este sistema de opresión como un ente místico, que vive en las nubes y está representado como un ojo brillante dentro de un triángulo, que obliga a los agresores a dar latigazos a las maricas para expiar sus vicios nocturnos. Es mucho más terrenal y cotidiano, y va desde los chistes sobre personas trans de los que te ríes en la televisión hasta las miradas de desprecio que una pareja de chicas sufre en el metro por haberse dado un beso.

La discriminación y la violencia se viven día a día precisamente porque todas nos encontramos atravesadas por estas prácticas de la opresión heteronormativa, que se encargan de señalar todo aquello que se escapa de lo concebido como normal socialmente. Lo normal es una pareja del sexo y género opuesto, con la que poder procrear para seguir satisfaciendo las necesidades productivas de la sociedad. Lo normal es ser un hombre masculino, heterosexual, occidentalmente blanco, poderoso en lo económico y capaz en lo funcional.

Todo lo que no se encuentra dentro de este marco normativo, se entiende como una desviación, una patología alejada de lo que se ha construido históricamente como la naturaleza del ser humano. Nos niega la capacidad de moldear nuestros cuerpos y géneros más allá del binarismo, así como de explorar nuestros deseos más allá de los fines reproductivos.

Esas identidades alejadas de la norma son las que van a alzar la voz en esta nueva sección que trae Dispara Mag: Desviadxs, que se presenta como un espacio de visibilización y resistencia de unas realidades que se declaran en rebeldía ante la violencia de la cultura patriarcal.

Venimos a contar nuestra historia, la que muchos se niegan a escuchar. Es la historia de las que incomodan, de las que son señaladas, las que cargan con las miradas todos los días. Las mismas que son insultadas, perseguidas, apaleadas y asesinadas por querer nuestros cuerpos y sexualidades libres.

Añadir nuevo comentario