Valiente samba

Viernes 16 de Diciembre de 2016
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ASSIS VALENTE

El 13 de mayo de 1941, Assis Valente se dirigió al Corcovado, subió los ochocientos metros de pendiente hasta llegar al Cristo Redentor y, desde allí, con la cidade maravilhosa a sus pies, se lanzó de espaldas cerro abajo con claras intenciones suicidas. No sé si habrán visitado Rio de Janeiro y si, de haberlo hecho, subieron hasta allí. Si lo hicieron, coincidirán conmigo: si te tiras, te matas fijo. ¡Que se lo cuenten a Assis! El pobre se quedó enganchado en la rama de un árbol que, muy inconvenientemente, se interpuso entre él y una muerte 100% asegurada.

Pero, ¿quién es este señor?

Assis fue uno de los más prolíficos compositores brasileiros. Sus obras fueron, son y seguirán siendo éxitos que todo habitante del Brasil conoce y canta toda su vida. Su carrera estuvo muy unida a la de la cantante Carmen Miranda, eterna musa del autor.

Nació en Bahia, noreste de Brasil. ¿Dónde y cuándo exactamente? Nadie sabe. Su infancia siempre fue un misterio que declaraciones, documentos falsificados y comentarios contradictorios a prensa y amigos nunca ayudaron a esclarecer. La versión más aceptada dice que vino al mundo en 1908 en Santo Amaro, ciudad que años más tarde vería nacer a Maria Bethânia y Caetano Veloso. Su origen era humilde y su madre, soltera. No existe ni registro ni certeza alguna sobre esta etapa de su vida, sólo sabemos que la adolescencia la pasó en la efervescente Salvador, ciudad que adoró y en la que vivió con la familia paterna. Se matriculó en el Liceu de Artes e Ofícios, donde aprendió dibujo y, cosa inusitada, se graduó como protésico dental. Al acabar los estudios, intentó ganarse la vida ilustrando para revistas y periódicos, pero sus ambiciones eran grandes y Salvador se le quedó pequeña. Así, en 1927, con su sonrisa deslumbrante y un carisma que no le cabía en el cuerpo, fue para el sur. Destino: Rio de Janeiro.

Empezando en la "cidade maravilhosa"

En Rio, comenzó a trabajar en el consultorio de un dentista amigo de la familia. Fabricaba unas dentaduras a las que lo único que les faltaba era masticar solas del arte que tenían. Ilustraba también, gratis casi siempre, para varias publicaciones, revista erótica incluida. Nunca dejó de fabricar prótesis dentales y poco tiempo después de su llegada, estableció su propia consulta con un colega. Aunque era un pésimo gestor, esta siempre fue su profesión formal y la que le permitió costear sus idas y venidas por los bares de la capital carioca, sus trajes, porque Assis era un dandy y siempre iba hecho un pincel, y su vida bohemia en general.
Amaba la juerga y las bebidas espirituosas. En una de esas noches interminables por la Lapa, el barrio más animado de la capital, Heitor dos Prazeres, un sambista y compositor de renombre con el que había trabado amistad, lo invitó a subir al morro con él. Los morros son las montañitas diseminadas por todo Rio, donde se asientan las favelas y donde nació el samba moderno urbano a comienzos del siglo XX. Todos los fines de semana, los músicos y vecinos se reunían para tocar, cantar y bailar en rodas de samba interminables y democráticas: todos eran bienvenidos y todos participaban. Allí se plantó nuestro futuro compositor un buen día y fue así, entre cervezas y cachaças, que Assis comenzó a empaparse de la musicalidad de sus colegas. Como sus pretensiones artísticas eran grandes, empezar a componer fue sólo cuestión de tiempo.

ASSIS VALENTE

La música tenía una gran importancia en la sociedad carioca en general y en el medio bohemio en el que el baiano se movía en particular. Se estaba produciendo una auténtica revolución que tenía a la música popular como protagonista. Hasta poco antes, sólo las composiciones clásicas consideradas cultas tenían un espacio en los programas radiofónicos, pero el ambiente musical intenso de la ciudad y la popularización y democratización del samba hicieron que radios y productoras se interesasen por estos ritmos y comenzasen a ceder espacio y recursos para satisfacer las demandas musicales de un público cada vez más amplio y exigente.
Ese era el medio en el que Assis se movía y que poco a poco fue haciendo suyo. Quería componer, el dibujo pasó a un segundo plano y comenzó a escribir y declamar mientras pulía sus dentaduras. Como le encantaba exhibirse, con frecuencia se animaba y recitaba sus poemas en plena consulta, mientras trasteaba con una guitarra que estaba aprendiendo a mal tocar. En 1932, ya suenan sus primeras composiciones. “Tem francesa no morro”, interpretada por Aracy Cortés y "Good-bye, boy" y "Etc.", grabadas por Carmen Miranda, de la que, dicen, estuvo profundamente enamorado toda su vida. Estos primeros éxitos fueron los que le dieron el gas que necesitaba para lanzarse de lleno al mundo de la música.

Componer, salir, divertirse, ir a recitales y conciertos, pasar por el consultorio cuando daba… Parecía que la vida sonreía a Assis, que disfrutaba de la recién ganada fama. De cara a la galería, era un tipo risueño, sociable y extremadamente generoso, siempre dispuesto a invitar a las rondas que hicieran falta para que el jolgorio continuase hasta bien entrada la noche. Pero existía en él una faceta que aún era desconocida por su entorno. Su infancia difícil y solitaria había hecho de él una persona introspectiva y con tendencia a la depresión. En la Navidad de 1932, solo en una habitación de hostal, en uno de esos momentos en los que le invadía la más profunda melancolía, compuso la que sería su primera canción triste, "Boas festas" que, irónicamente, se convirtió en la música navideña por excelencia de Brasil. Vemos en la letra de esta canción una referencia explícita a esa infancia en la que la Navidad ni era feliz, ni sinónimo de regalos. Assis iba dando pistas de lo que sucedía en su interior conturbado, mas tudo bem, después de esos pocos días oscuros vinieron 1933 y su consagración como compositor de éxito.

Carmen, fama y automárketing

Veintiuna composiciones de Assis fueran lanzadas en ese año. Veintiuna marchas y sambas, que se dice pronto. El baiano reveló ser un prolífico genio de la composición y perfeccionó el arte de crear canciones de melodía alegre que trataban temas tristes con letras cada vez más sofisticadas. Pero Valente no le cantaba sólo a la tristeza. El Carnaval, el amor o las fiestas y tradiciones del gigante latinoamericano son protagonistas frecuentes en su obra. Dotado como estaba de una sensibilidad y creatividad poco comunes, se tornó un gran cronista del Brasil de la época, con sus composiciones leves y un lenguaje popular y espontáneo. Melancólico unas veces, mordaz y osado otras, Assis hacía gala de un sentido del humor bien afilado y podía llegar a ser realmente malicioso cuando, por ejemplo, le cantaba al efímero amor del carnaval o al curvilíneo cuerpo femenino.
En esta época, Carmen Miranda ya era una estrella y adoraba la obra de Assis que, en poco tiempo, se convirtió en su compositor favorito y amigo de confianza, de esos pocos que podían llegar a su casa sin avisar fuese la hora que fuese. El autor siempre le ofrecía esas canciones maliciosas y picantes, llenas de dobles sentidos que la artista adoraba y que se convertían en éxitos inmediatos. "É por causa de você, ioiô" , en el que Assis habla por primera vez en la historia del samba sobre el suicidio por amor de forma explícita, o "Minha embaixada chegou" y "Camisa listrada" son algunos de ellos. Los dos últimos son una exaltación al Carnaval brasileño, esa semana de fiesta en la que la vida para, todo brilla y lo único que importa es ser feliz.

ASSIS VALENTE

Assis disfrutaba de los placeres de la fama. Le gustaba ser admirado y reverenciado, aparecer en la prensa. Cuando salía, llevaba un taco de fotos, que daba con una sonrisa y un autógrafo a todo aquel que se lo pidiera, protagonizaba reportajes en los que mostraba su intimidad y, en definitiva, adoraba gozar del reconocimiento del público. Sus colegas artistas consideraban esto una auténtica extravagancia y sus excentricidades autopromocionales eran tema de conversación frecuente en los maliciosos corrillos del Café Nice, lugar de reunión de la bohemia carioca, del que Valente acabó alejándose. También comenzó a distanciarse de Carmen, que ya era la cantante más famosa, más querida y mejor pagada de Brasil. Muchos compositores de renombre le ofrecían sus canciones y esto, lógicamente, acabó afectando a Assis, que veía a Miranda cada vez más lejos de él y con más compromisos. Resignado a que su relación nunca fuese a pasar de una bella y fructífera amistad, nuestro amigo continuó componiendo. Muchas de sus letras vieron la luz en la voz de otros grandes cantantes, pero la frustración que le ocasionaba el alejamiento forzado de su musa acabó haciendo mella en su estado de ánimo, cada vez más deteriorado.

En 1939, Carmen dejó el país rumbo a los Estados Unidos. Llevaba con ella a su Bando da Lua, los músicos que siempre la acompañaban en sus presentaciones, y un flamante contrato firmado con la Select Operating Corporation, productora que administraba la mitad de los teatros de Broadway. Fue un éxito absoluto. La calurosa acogida con la que fue recibida en los palcos le granjeó, poco tiempo después, una entrada por la puerta grande en Hollywood, donde las películas que grabó en los grandes estudios le dieron fama mundial.

Pese a la distancia que los separaba, Assis continuaba alimentando una relación medio obsesiva con la artista de amplia sonrisa, a la que idolatraba y amaba. Componía pensando en ella y cuando la estrella no grababa una de sus músicas, se ahogaba en la más profunda melancolía. Así sucedió en 1940 con "Brasil Pandeiro", himno de la música popular brasileña y de cuya composición Assis se enorgullecía especialmente. El autor ofreció esta canción a la intérprete en su primera visita a Brasil después de la mudanza. En ella, un Valente despechado y sutil deja de sosos a los estadounidenses, que tan bien habían acogido a Carmen en su aventura norteamericana. Como es de buen nacido ser agradecido, y por temor a incomodar al público del país que tanto le había dado, la cantante se negó a grabar esta pequeña venganza del compositor. Este episodio marcó un antes y un después en la vida personal y profesional de un desilusionado Assis que, dolido y frustrado, decidió alejarse de la cantante definitivamente.

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